22-04-2026, 08:44 PM
[personajeinvalido=3367]
El moreno esperó a que Miyori se diese la vuelta y asintió para saludarla, se alegraba de verlo pero estaba claro por la preocupación en su rostro que estaba esperando más a Cill. Su energía se encontraba pletórica, pero su cuerpo dañado lo suficiente como para no poder responder como debería. - A dios no, me la he pasado comiendo. Gracias a mi - Contestó el espadachín sin dar contexto ninguno. Lo cierto es que estaba cansado del sabor de sus propias plumas, pero al menos tenía el estómago lleno y, gracias a eso, había podido salir caminando de allí.
Fue entonces que llegó el hombre por el que estaba allí y había pasado lo que había pasado dentro de aquel sitio. - ¿Mal? Sigo vivo, deberías ver como quedó la marine. La zarandeó como un muñeco de trapo. A mi me dejó como una maraca - De nuevo, ningún contexto y aquello le daba igual. - No sé que sucedió, simplemente me desperté en una habitación con dos gyojins y una mujer enorme, con collares - Comentó el espadachín ante la preocupación de su capitán. - Te pegaría un puñetazo para cerrarte la boca, pero no quiero matar a dos monos en el mismo día - Sonrió, pícaro.
Cill también se veía como si hubiese pasado por una guerra, al igual que Alek. El lunarian dejó salir sus alas de entre el abrigo marine y entonces observó rápidamente. Primero se miró a si mismo, luego, lentamente, a Cill y terminaría por mirar, con una ceja levantada, a Miyori. Estaba, prácticamente, impoluta. Se quedó mirándola, con la boca ligeramente abierta, como si se hubiese sumido en sus más profundos pensamientos y entonces un hilo de voz salió. - Pero tú si has ido a un parque de esos ¿o qué? - Se llevó la zurda hacia una de las tantas plumas de sus alas, esperando no quedarse calvo de plumas, y la arrancó de cuajo. Giró su cuerpo para simplemente darles la privacidad que una experiencia cercana a la muerte necesitaba. Encaró el mar, desenvainó parcialmente la base de su arma y pasó la pluma por ella cortándola, convirtiendo así la mitad de una pluma más, en una judía más que se llevaría a la boca. - Sírvete tu mismo - Alargó su brazo, con la media pluma entre sus dedos y se la puso a la altura de los ojos. - Queratina, mmm - Sarcasmo oculto en un tono plano y casi sin vida, lo que hacía que se acentuase más aun.
Aquel reencuentro había dado la tregua necesaria a su mente, después de estar cerca de morir, después de sentir terror, después de sentir miedo, después de sentirse esclavo otra vez, pero el potente sonido de las cuerdas, que aseguraban el navío, rompiéndose con violentos chasquidos lo retrajeron a la cruel realidad que los atormentaba, nunca mejor dicho.
El padre tormenta estaba enfurecido, solo la lluvia era medio suficiente como para transmitir aquella pletórica ira sobre sus cuerpos, pero no se quedó satisfecho con eso, soplaba con su boca lo suficiente como para que las corrientes de aire se arremolinaran alrededor de toda aquella extensión de mar. Levantando espuma, moviendo el mar, revolviendo las aguas. Expulsaba rayos y truenos, el cielo se iluminaba parcialmente, como luces encendiéndose en sectores de oscuridad, lejos y cerca al mismo tiempo. - Oh mierda. Aquí vamos de nuevo - Quiso susurrar el pirata.
El navío en el que estaba se movía, errático, hacia una dirección incierta y confusa, desde luego el alado no podría adivinarlo y aunque quisiera arrancar a volar no podría, aquellos vientos eran suficiente como derribarlo y arrastrarlo hasta el mismo fondo del mar.
Fue entonces cuando vio una masa de tierra frente a todos, con una extensión titánica. - No más parques - Dijo preocupado, no había terminado de salir de un problema y ya se estaba metiendo en otro. Allí fue cuando apareció una pseudo salvadora, la pelirrosa que había conocido un tiempo atrás, entregándole una cuerda que usaría para moverse hacia un lugar más refugiado del mar y alejarse de la barandilla temiendo por su condición. El ascenso, confundió por un instante al lunarian, pero enseguida se recompuso. ¿Un mar que subía? Eso si que era extraño.
Y tras eso, en su punto más álgido, notó la falta de gravedad. Estaban cayendo. Se aferró a la cuerda. Preparó sus alas cuyas plumas tenían mezcladas angre y salitre. - ... - Estaban llegando.
El moreno esperó a que Miyori se diese la vuelta y asintió para saludarla, se alegraba de verlo pero estaba claro por la preocupación en su rostro que estaba esperando más a Cill. Su energía se encontraba pletórica, pero su cuerpo dañado lo suficiente como para no poder responder como debería. - A dios no, me la he pasado comiendo. Gracias a mi - Contestó el espadachín sin dar contexto ninguno. Lo cierto es que estaba cansado del sabor de sus propias plumas, pero al menos tenía el estómago lleno y, gracias a eso, había podido salir caminando de allí.
Fue entonces que llegó el hombre por el que estaba allí y había pasado lo que había pasado dentro de aquel sitio. - ¿Mal? Sigo vivo, deberías ver como quedó la marine. La zarandeó como un muñeco de trapo. A mi me dejó como una maraca - De nuevo, ningún contexto y aquello le daba igual. - No sé que sucedió, simplemente me desperté en una habitación con dos gyojins y una mujer enorme, con collares - Comentó el espadachín ante la preocupación de su capitán. - Te pegaría un puñetazo para cerrarte la boca, pero no quiero matar a dos monos en el mismo día - Sonrió, pícaro.
Cill también se veía como si hubiese pasado por una guerra, al igual que Alek. El lunarian dejó salir sus alas de entre el abrigo marine y entonces observó rápidamente. Primero se miró a si mismo, luego, lentamente, a Cill y terminaría por mirar, con una ceja levantada, a Miyori. Estaba, prácticamente, impoluta. Se quedó mirándola, con la boca ligeramente abierta, como si se hubiese sumido en sus más profundos pensamientos y entonces un hilo de voz salió. - Pero tú si has ido a un parque de esos ¿o qué? - Se llevó la zurda hacia una de las tantas plumas de sus alas, esperando no quedarse calvo de plumas, y la arrancó de cuajo. Giró su cuerpo para simplemente darles la privacidad que una experiencia cercana a la muerte necesitaba. Encaró el mar, desenvainó parcialmente la base de su arma y pasó la pluma por ella cortándola, convirtiendo así la mitad de una pluma más, en una judía más que se llevaría a la boca. - Sírvete tu mismo - Alargó su brazo, con la media pluma entre sus dedos y se la puso a la altura de los ojos. - Queratina, mmm - Sarcasmo oculto en un tono plano y casi sin vida, lo que hacía que se acentuase más aun.
Aquel reencuentro había dado la tregua necesaria a su mente, después de estar cerca de morir, después de sentir terror, después de sentir miedo, después de sentirse esclavo otra vez, pero el potente sonido de las cuerdas, que aseguraban el navío, rompiéndose con violentos chasquidos lo retrajeron a la cruel realidad que los atormentaba, nunca mejor dicho.
El padre tormenta estaba enfurecido, solo la lluvia era medio suficiente como para transmitir aquella pletórica ira sobre sus cuerpos, pero no se quedó satisfecho con eso, soplaba con su boca lo suficiente como para que las corrientes de aire se arremolinaran alrededor de toda aquella extensión de mar. Levantando espuma, moviendo el mar, revolviendo las aguas. Expulsaba rayos y truenos, el cielo se iluminaba parcialmente, como luces encendiéndose en sectores de oscuridad, lejos y cerca al mismo tiempo. - Oh mierda. Aquí vamos de nuevo - Quiso susurrar el pirata.
El navío en el que estaba se movía, errático, hacia una dirección incierta y confusa, desde luego el alado no podría adivinarlo y aunque quisiera arrancar a volar no podría, aquellos vientos eran suficiente como derribarlo y arrastrarlo hasta el mismo fondo del mar.
Fue entonces cuando vio una masa de tierra frente a todos, con una extensión titánica. - No más parques - Dijo preocupado, no había terminado de salir de un problema y ya se estaba metiendo en otro. Allí fue cuando apareció una pseudo salvadora, la pelirrosa que había conocido un tiempo atrás, entregándole una cuerda que usaría para moverse hacia un lugar más refugiado del mar y alejarse de la barandilla temiendo por su condición. El ascenso, confundió por un instante al lunarian, pero enseguida se recompuso. ¿Un mar que subía? Eso si que era extraño.
Y tras eso, en su punto más álgido, notó la falta de gravedad. Estaban cayendo. Se aferró a la cuerda. Preparó sus alas cuyas plumas tenían mezcladas angre y salitre. - ... - Estaban llegando.
cositas
