23-04-2026, 10:20 PM
[personajeinvalido=3421]
El recibimiento de sus compañeros fue como esperaba, todos alegres de por fin volver a encontrarse, dándose abrazos y continuando con sus bromas. Y… ¿Un pingüino? Al final sus compañeros tenían razón y no era una foca… Así que se volvió a poner en pie y empezó a examinarlo de arriba abajo.
—¿Pero qué clase de pingüino es este?
Y con un suspiro tras entender que era del mismo grupito que Landon, se acercó a la médico de la división y dejó que Sigrid le echara un ojo a sus heridas. Debían darse prisa en organizarse de nuevo ya que la tormenta empezaba a intensificar su fuerza, ya no solo era lluvia, también era el viento, los truenos, los rayos… Y lo peor de todo… Las mareas.
Cuando por fin entendió que sus heridas no eran tan graves como para impedirle tomar las riendas del buque, siendo vendado con fuerza por Sigrid para que no se le volviera a abrir el tajo que tenía en el pecho, enseguida se hizo con el control de la situación al notar el balanceo del barco y lo que aquello significaba… Una corriente ascendente que los estaba succionando contra aquel par de montañas lejanas, y que, si no hacían algo, pronto naufragarían…
—Chicos, que todos sois usuarios de fruta… Madre mía…
Se dio una palmada en la frente, no podía permitir que el barco fuera a la deriva sin control, la vida de sus compañeros estaba en juego, y ellos no solo recibirían los golpes de las rocas, sino que también se ahogarían… Bueno, menos Juan, pero sacarlo del fondo marino iba a ser bastante complicado en un lugar tan peligroso… Era un suicidio.
La tormenta rugía con fuerza y el barco ya empezaba a balancearse sin apenas control. Y Akira era el navegante de la división, así que tenía que tomar las riendas de la situación, así que por partes organizó un rápido esquema mental de cómo podrían sobrevivir a aquella tormenta en función de las habilidades de cada uno de sus compañeros. Las corrientes ascendentes de la Reverse Mountain no admitían fallos, y esa corriente de agua que ascendía hacia el cielo, desafiando toda lógica, también era un reto para él al timón. Nunca antes se habían visto en la situación de tener que organizarse para navegar porque, hasta ahora, siempre los habían llevado como grumetes… Pero ahora era diferente, estaban solos, e iban directos hacia las nubes negras que no dejaban de lanzar rayos.
—¡¡ESTE BARCO NO SE MOVERÁ NI UN CENTÍMETRO DE LA RUTA QUE HE TRAZADO EN MI CABEZA, GLORIOSOS, OS TOCA CONFIAR EN MI!!
Y se aferró rápidamente al timón, con el cuerpo blanco por el esfuerzo y las venas del cuello hinchadas. No podía separarse del volante del barco, ahora ese timón estaba pegado a sus manos.
—¡JUAN, BAJA AHORA MISMO, LA QUILLA ESTÁ RECIBIENDO GOLPES POR CULPA DE LAS ROCAS, REPARA LAS AVERÍAS ANTES DE QUE NOS LLENEMOS DE AGUA! ¡TODOS TENÉIS FRUTA Y ERES EL ÚNICO CAPAZ DE RESPIRAR SI NOS HUNDIMOS, MEJOR QUE ESTÉS ABAJO! ¡LLÉVATE TAMBIÉN A ESTE! —gritó señalando la escotilla y señalando a Landon, que pateo escaleras abajo para que se quedara a resguardo con Juan y el pingüino por si salían volando. Acto seguido se ató una cuerda a la cintura y rodeó el timón pasándola por los agujeros de los mangos, mejor un nudo que le permitiera virar levemente que perder el control del timón por completo.
—¡MASAMI, AL MÁSTIL, NECESITO OJOS EN LO MÁS ALTO, AVÍSAME DE CUALQUIER SALIENTE, NO DEJES DE COMUNICARME LO QUE VES! —le hizo una señal hacia arriba. Si la cosa se complicaba, podía agarrarse fuerte al palo mayor del buque con su cola de serpiente, y si era capaz de animarlos con su música para que dejaran de tener miedo, era un valor añadido.
—¡SIGRID, HAZ CONTRAPESO POR CUBIERTA, TIENES QUE MANTENER EL EQUILIBRIO DEL BUQUE O NOS HUNDIREMOS AUNQUE NO PERDAMOS EL RUMBO! ¡DE NADA VALE LLEGAR BOCA ABAJO, QUE ME OS MORÍS! —ella conoce su fuerza y su tamaño y su posición era decisiva para que no se hundiera el barco por un lado y acabaran volcando.
—¡ENJI, TÚ A LAS VELAS Y LAS CUERDAS, QUIERO TENSIÓN MÁXIMA PARA APROVECHAR EL VIENTO SIN QUE LOS MÁSTILES PARTAN, CUANDO EL VIENTO CAMBIE, TIENES QUE SER RÁPIDO RECOGIENDO LAS VELAS O SE RAJARÁN E IREMOS A LA DERIBA! ¡SI ESO PASA, PERDEREMOS EL CONTROL! —le indicó mientras terminaba de hundir los pies en la madera con dos fuertes pisotones, quebrándola debajo suyo y haciendo un anclaje perfecto que mantendría a Akira en el sitio sin preocuparse de salir volando.
El buque se elevaba por momentos debido a la pendiente tan ilógica de la corriente de la montaña, las rocas afiladas les pasaban a centímetros esperando el más mínimo error, los rayos iluminaban el caos cada pocos segundos revelando la grandeza de la montaña y el abismo que iban dejando atrás… Y de pronto, la voz de Masami, desde lo alto del mástil, empezó a sonar.
Un canto, una melodía vocal que vibraba y llenaba de esperanza tanto a su barco como al Tempestad de sus compañeros a través del den den. Akira empezó a seguirle el ritmo y la preocupación de tener que estar pendiente de todos sus compañeros para que no naufragaran o se ahogaran en el fondo del mar iba desapareciendo y siendo invadida por la esperanza. Golpeaba con las manos el timón cuando podía y movía las caderas al compás de la voz de su compañera. Su corazón se había sincronizado con el pulso del barco y allí estaban, manteniendo su posición en el medio de la corriente, cumpliendo cada uno su función, motivados, alegres.
La lluvia les seguía golpeando con fuerza, pero ahora sus sonrisas eran más grandes que aquella montaña—. ¡VEO LAS CORRIENTES, LAS SIENTO! —la presión del agua bajo la quilla la sentía como si estuviera dentro de él, estaba siendo uno con las mareas—. ¡DALE MASAMI, SEGUIMOS DE PIE! —empezó a enganchar el estribillo de la canción.
—¡LA GLORIA Y LA MUERTEEEEE, GRAND LINEEEEE, ALLÁ VAMOOOOOS! —la sonrisa no le cabía en la cara, dientes era lo que mostraba, DIENTES.
—¡QUE GOLPEE LA MAREAAA, QUE RUJA EL VENDAVAAAL! —no podía dejar de seguirle el ritmo tan contagioso a Masami—. ¡AAAAYYYYY SÚBELEEEE, SEGUIMOOOOS DE PIEEEE! —y queriendo dar un salto para deshacerse de las cuerdas que le ataban al timón y salir del agujero en el que había encajado las piernas en la madera del suelo del barco, para extender todas sus extremidades como una estrella de mar, solo pudo hacerlo estirando sus brazos hacia el cielo. La lluvia se detuvo, el sonido de la fuerte corriente y el agobio del resto también desapareció, ahora eran él, sus compañeros y la canción de Masami. El cielo se abrió, claro, azul, sereno. ¡Estaban en la cima de la Reverse Mountain!
—¡EL GRAAAAND LINEEEEE! ¡AHORA SÍ, SUJETAOOOOOOS! —y lo siguiente que se escuchó fue a Enji cantando, también con su toque de artista. Y entonces el descenso en caída casi libre empezó, el descenso hacia un mar mucho más peligroso que el South Blue, el descenso al Grand Line, que ahí estaba, frente a sus narices, esperando a la Gloriosa División 80.
—¡¡¡TCHAKIKIKIKIYAH!!!
—¿Pero qué clase de pingüino es este?
Y con un suspiro tras entender que era del mismo grupito que Landon, se acercó a la médico de la división y dejó que Sigrid le echara un ojo a sus heridas. Debían darse prisa en organizarse de nuevo ya que la tormenta empezaba a intensificar su fuerza, ya no solo era lluvia, también era el viento, los truenos, los rayos… Y lo peor de todo… Las mareas.
Cuando por fin entendió que sus heridas no eran tan graves como para impedirle tomar las riendas del buque, siendo vendado con fuerza por Sigrid para que no se le volviera a abrir el tajo que tenía en el pecho, enseguida se hizo con el control de la situación al notar el balanceo del barco y lo que aquello significaba… Una corriente ascendente que los estaba succionando contra aquel par de montañas lejanas, y que, si no hacían algo, pronto naufragarían…
—Chicos, que todos sois usuarios de fruta… Madre mía…
Se dio una palmada en la frente, no podía permitir que el barco fuera a la deriva sin control, la vida de sus compañeros estaba en juego, y ellos no solo recibirían los golpes de las rocas, sino que también se ahogarían… Bueno, menos Juan, pero sacarlo del fondo marino iba a ser bastante complicado en un lugar tan peligroso… Era un suicidio.
La tormenta rugía con fuerza y el barco ya empezaba a balancearse sin apenas control. Y Akira era el navegante de la división, así que tenía que tomar las riendas de la situación, así que por partes organizó un rápido esquema mental de cómo podrían sobrevivir a aquella tormenta en función de las habilidades de cada uno de sus compañeros. Las corrientes ascendentes de la Reverse Mountain no admitían fallos, y esa corriente de agua que ascendía hacia el cielo, desafiando toda lógica, también era un reto para él al timón. Nunca antes se habían visto en la situación de tener que organizarse para navegar porque, hasta ahora, siempre los habían llevado como grumetes… Pero ahora era diferente, estaban solos, e iban directos hacia las nubes negras que no dejaban de lanzar rayos.
—¡¡ESTE BARCO NO SE MOVERÁ NI UN CENTÍMETRO DE LA RUTA QUE HE TRAZADO EN MI CABEZA, GLORIOSOS, OS TOCA CONFIAR EN MI!!
Y se aferró rápidamente al timón, con el cuerpo blanco por el esfuerzo y las venas del cuello hinchadas. No podía separarse del volante del barco, ahora ese timón estaba pegado a sus manos.
—¡JUAN, BAJA AHORA MISMO, LA QUILLA ESTÁ RECIBIENDO GOLPES POR CULPA DE LAS ROCAS, REPARA LAS AVERÍAS ANTES DE QUE NOS LLENEMOS DE AGUA! ¡TODOS TENÉIS FRUTA Y ERES EL ÚNICO CAPAZ DE RESPIRAR SI NOS HUNDIMOS, MEJOR QUE ESTÉS ABAJO! ¡LLÉVATE TAMBIÉN A ESTE! —gritó señalando la escotilla y señalando a Landon, que pateo escaleras abajo para que se quedara a resguardo con Juan y el pingüino por si salían volando. Acto seguido se ató una cuerda a la cintura y rodeó el timón pasándola por los agujeros de los mangos, mejor un nudo que le permitiera virar levemente que perder el control del timón por completo.
—¡MASAMI, AL MÁSTIL, NECESITO OJOS EN LO MÁS ALTO, AVÍSAME DE CUALQUIER SALIENTE, NO DEJES DE COMUNICARME LO QUE VES! —le hizo una señal hacia arriba. Si la cosa se complicaba, podía agarrarse fuerte al palo mayor del buque con su cola de serpiente, y si era capaz de animarlos con su música para que dejaran de tener miedo, era un valor añadido.
—¡SIGRID, HAZ CONTRAPESO POR CUBIERTA, TIENES QUE MANTENER EL EQUILIBRIO DEL BUQUE O NOS HUNDIREMOS AUNQUE NO PERDAMOS EL RUMBO! ¡DE NADA VALE LLEGAR BOCA ABAJO, QUE ME OS MORÍS! —ella conoce su fuerza y su tamaño y su posición era decisiva para que no se hundiera el barco por un lado y acabaran volcando.
—¡ENJI, TÚ A LAS VELAS Y LAS CUERDAS, QUIERO TENSIÓN MÁXIMA PARA APROVECHAR EL VIENTO SIN QUE LOS MÁSTILES PARTAN, CUANDO EL VIENTO CAMBIE, TIENES QUE SER RÁPIDO RECOGIENDO LAS VELAS O SE RAJARÁN E IREMOS A LA DERIBA! ¡SI ESO PASA, PERDEREMOS EL CONTROL! —le indicó mientras terminaba de hundir los pies en la madera con dos fuertes pisotones, quebrándola debajo suyo y haciendo un anclaje perfecto que mantendría a Akira en el sitio sin preocuparse de salir volando.
El buque se elevaba por momentos debido a la pendiente tan ilógica de la corriente de la montaña, las rocas afiladas les pasaban a centímetros esperando el más mínimo error, los rayos iluminaban el caos cada pocos segundos revelando la grandeza de la montaña y el abismo que iban dejando atrás… Y de pronto, la voz de Masami, desde lo alto del mástil, empezó a sonar.
Un canto, una melodía vocal que vibraba y llenaba de esperanza tanto a su barco como al Tempestad de sus compañeros a través del den den. Akira empezó a seguirle el ritmo y la preocupación de tener que estar pendiente de todos sus compañeros para que no naufragaran o se ahogaran en el fondo del mar iba desapareciendo y siendo invadida por la esperanza. Golpeaba con las manos el timón cuando podía y movía las caderas al compás de la voz de su compañera. Su corazón se había sincronizado con el pulso del barco y allí estaban, manteniendo su posición en el medio de la corriente, cumpliendo cada uno su función, motivados, alegres.
La lluvia les seguía golpeando con fuerza, pero ahora sus sonrisas eran más grandes que aquella montaña—. ¡VEO LAS CORRIENTES, LAS SIENTO! —la presión del agua bajo la quilla la sentía como si estuviera dentro de él, estaba siendo uno con las mareas—. ¡DALE MASAMI, SEGUIMOS DE PIE! —empezó a enganchar el estribillo de la canción.
—¡LA GLORIA Y LA MUERTEEEEE, GRAND LINEEEEE, ALLÁ VAMOOOOOS! —la sonrisa no le cabía en la cara, dientes era lo que mostraba, DIENTES.
—¡QUE GOLPEE LA MAREAAA, QUE RUJA EL VENDAVAAAL! —no podía dejar de seguirle el ritmo tan contagioso a Masami—. ¡AAAAYYYYY SÚBELEEEE, SEGUIMOOOOS DE PIEEEE! —y queriendo dar un salto para deshacerse de las cuerdas que le ataban al timón y salir del agujero en el que había encajado las piernas en la madera del suelo del barco, para extender todas sus extremidades como una estrella de mar, solo pudo hacerlo estirando sus brazos hacia el cielo. La lluvia se detuvo, el sonido de la fuerte corriente y el agobio del resto también desapareció, ahora eran él, sus compañeros y la canción de Masami. El cielo se abrió, claro, azul, sereno. ¡Estaban en la cima de la Reverse Mountain!
—¡EL GRAAAAND LINEEEEE! ¡AHORA SÍ, SUJETAOOOOOOS! —y lo siguiente que se escuchó fue a Enji cantando, también con su toque de artista. Y entonces el descenso en caída casi libre empezó, el descenso hacia un mar mucho más peligroso que el South Blue, el descenso al Grand Line, que ahí estaba, frente a sus narices, esperando a la Gloriosa División 80.
—¡¡¡TCHAKIKIKIKIYAH!!!
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