[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#51
La tormenta caía con fuerza y los vientos en tempestad agitaban el mar y sus corrientes bajo la premisa de un augurio: nada había acabado aún. El manto negro del cielo se veía interrumpido por momentos en fogueos blancos que alumbraban la intemperie al sonar de un tronido colosal mientras un salvaje relámpago adornaba los cielos en una caída rapida y estrepitosa y los truenos clamaban en un rugir autoritario que no importa cuanto luchara uno, ni cuanta gente poderosa había dando vueltas, debajo de los cielos, y sobre éstos, el poder de la madre naturaleza siempre sería la fuerza predominante, indomable e irrefrenable. La lluvia crujía en un sonido crudo y constante empapando todo, haciendo gala de su inevitabilidad. Como si la naturaleza siendo consciente de todo lo acontecido se presentaba con todas sus inclemencias para decirnos a todos que lo habíamos hecho bien, pero que no eramos nada ante su fuerza indomable.

El mar vestido de calamidad tempestuosa no perdonaba y con furia se revolvía, agitaba y azotaba las embarcaciones, como quien desafía a los valientes a incursionar a la incertidumbre y ver de qué estamos hechos. Las aguas se se agitaban con violencia como si quisieran arrancar de cuajo el letárgico descanso las naves allí, que al parecer ya no se encontraban solitarias, puesto que tanto yo, como mi tripulación, los marines, y demás ya se encontraban en ellas. El descanso luego de tan extenuante experiencia que había probado al límite nuestro temple, nuestra voluntad y capacidades, aún no hubiera terminado.

La tormenta no daba tregua, azotaba el enorme ferry haciéndolo mecer a su voluntad, con olas violentas que golpeaban contra el mismo haciendo que el agua subiera sin permiso ni pena a cubierta, mojandonos en resultado para terminar empapados, como si la lluvia no hubiera hecho lo propio. El ímpetu con el que caía sin embargo, no podía opacar la alegría y alivio de volver a encontrarme con los míos, la gente que aprecio, con Alek, con Miyori, nuevamente los tres reposando contra aquella baranda. Mi hambre no tenía parangón, y al ver como Alek tomó una de sus plumas y la convirtió en comida empecé a reír maravillado y asombrado, obviamente supuse que era una especie de truco, y en mi mente no hubo ni un momento de cavilación, tenía que intentarlo, si era capaz de formar comida, sería estúpidamente feliz. Mis ojos analizaron a Alek un instante para luego verme a mí, además de estar maltrechos ambos producto de la batalla, el tenía plumas, aunque quizás un pelo podría servir, eso pensé. Arranqué un cabello de mi cabeza y lo llevé delante de mi rostro, observándolo con total concentración, afilando mi mirada puesta en ese cabello. ~Vuelvete un pedazo de carne, anda~ el esfuerzo mental fue absoluto, aunque para mi desgracia la única respuesta que obtuve por el cabello fue vencerse por la gravedad y el agua. Suspiré rendido y vencido por el hambre y solo dediqué una mirada con dolor y de reojo al lunarian que si pudo transformar lo vanal en comida.

De pronto, súbitamente la violencia del mar comenzó a aumentar, arrancando de su cayado a las naves, arrastrándolas mar adentro. Claro no hubo más espacio para quedar descansando sentados, me puse de pie junto a los míos para “disfrutar” la experiencia. Aunque muchos pudieran asustarse o sentirse incómodos en tales condiciones yo como navegante y tan espíritu aventurero que solo busca divertirse y encontrar las emociones más vivaces estaba emocionado completamente con una amplia sonrisa en mi rostro.

—¡La ropa se lava Miyori!— le dije a viva voz entre risas disfrutando el fenómeno. —¡Te compraré veinte sombreros al llegar! JAJAJA— finalicé preso de la emoción aunque consciente del peligro y entendiendo lo que ella mencionaba como preocupación. —¡Ve a resguardo dentro de la nave! Nos vemos luego que pase la tormenta JAJAJAJA — le grité emocionado como un niño a carcajadas riendo con una sonrisa gigante mientras corría hacia el frente del barco para ver de frente lo que seguía.

Muchos años atrás en East Blue


La tarde era pacifica y la suave brisa peinaba los cabellos de Cillary su joven madre, y de Cill Blinton. El cielo completamente celeste abanderaba el firmamento sin nubes, sólo un magnánimo sol que hacía acto de solemne presencia frente a ellos, y por debajo, el mar, infinito a sus ojos, significando libertad, aventura, y un mundo por descubrir. Solo les separaba un acantilado alto, muy alto, por el cual sus pies colgaban allí sentados ambos mirando como el cielo se fundía a uno con el mar.
— Dicen cariño que más allá de donde nuestros ojos llegan, un gigantesco muro separa los mares, pero detrás de él, se esconde un inmenso mundo, donde el mar parece no tener fin, y la libertad es la bandera de aquellos que se atreven a superar aquella barrera… Debe ser maravilloso — dijo la madre con dulzura sonriendo al niño.
— Algún día lo voy a atravesar madre, y seré tan libre como el mar me lo permita — respondió el pequeño Cill llenó de ilusión mientras se ponía de pie abriendo sus brazos como quien quiere abrazar el infinito. — Conoceré hasta donde llega el cielo, hasta donde llega el mar, y que hay después de estos hehehe — espetó lleno de coraje y sueños por cumplir, sueños compartidos con su madre que lo observaba con amor, compartiendo aquellos ideales cargados de sueños, libertad y aventura.
.



Las horas fueron pasando, la tormenta no cesaba, por el contrario redoblaba la apuesta siendo cada vez más violenta. Cerca mío se encontraba el galante wotan azul de enorme proporciones y más personas. mis ojos resplandecían humedos y con un fuego brillante en su cobrizo tono viendo frente a él aquella colosal formación de la que solo soñó con conocer desde pequeño, de la cual escuchaba hablar a su madre más nunca había visto. El Red Line comenzaba a mostrarse majestuoso, impenetrable, sin perdón a aquellos intrépidos que osaran la valentía o descaro de animarse a querer atravesarlo. ¿Yo? Allí, con el corazón saliendo del pecho frente a un sueño, frente a una promesa de tantos años, siendo un niño, un niño que volvió a recordar días donde el sol salía con fuerza y no quemaba, revitalizaba…


—¡OEEE! El red line, Azulito!— le grité emocionado al wotan emocionado y riendo, mientras tomé la soga de Yuuki y de la emoción la dejé caer. La llegada era inminente. El mar, caprichoso nos arrastraba de lleno a la montaña a lo que parecía una inminente colisión, sin embargo, el destino tenía otras intenciones, en medio de tal impenetrable muro, una corriente ascendía con violencia en un pasaje por la montaña hacia arriba desafiando la lógica y la razón. Mis ojos estaban extasiados, mientras tal travesía digna de los sueños más locos y fantaseosos de un niño cobraban vida delante mío. Mis ojos no podían ocultar la emoción que pasaba desapercibida por la lluvia, delante de mí comenzaba a cumplirse la promesa, el sueño, comenzaba a vivir y ver de lo que mi madre me hizo soñar de pequeño. Por mi mente la emoción desbordaba mientras recordaba mi hogar, allí en East Blue, el camino recorrido, como la suerte se volvió mi mejor amiga y el azar mi salvador, como en aquel mar del sur encontré amigos, un hogar, encontré el amor, encontré el camino, y un camino a cumplir los sueños, y frente a mí todo eso se materializaba. Tomé una de las sogas, y salté, trepé por el mástil que estaba más cercano a nosotros, allí puntera en el ferry, para sostenerme de las sogas, a media altura, recibiendo los fuertes vientos y lluvia en mi rostro, sintiéndome más vivo que nunca.

—YEEEEEEEEHAAAAJAJAJAJAJA— reía a carcajadas y gritando a pulmón lleno de emoción, aquello era una única oportunidad en la vida, una experiencia de vida que jamás olvidaría y un punto sin retorno. Quería abrazar de lleno el futuro, y todo lo que deparara.

El ferry trepaba antinaturalmente con una corriente antinatural que nos hacía desafiar la gravedad ante el asombro de mis ojos cual niño viendo sus sueños cumplirse. Y entre la tormenta, la lluvia incesante, los truenos y relámpagos, la turbulenta agua, allí delante se encontraba el más allá, la Gran Línea, esperando por nuestra caída porque todo lo que sube, tiene que bajar, y allí estaba, esperando aquella adrenalina como un adicto que necesita su sustancia, como un niño que solo quiere jugar…


inventario

Bélico

Karmas

Gastos y eso

resumen
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 625 + 0 = 625
Energia: 757 + 20 = 777
Espiritu: 213 + 0 = 213


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Cill Blinton - 23-04-2026, 11:29 PM

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