24-04-2026, 02:11 AM
La espuma del mar acariciaba mis pies, arrastrando consigo el rastro de una visa suave en pleno atardecer, y cantar era mi devoción y mientras lo hacía no pude evitar imaginar a Amphitrite guiando mi melodía, sin embargo, aquella tarde no lo llevaba conmigo, pues mi objetivo era recolectar algunas conchas de mar, encontrándome en el proceso pequeños tesoros escondidos entre la orilla y las rocas. Familias de crustáceos se ocultaban en fosas cercanas, mientras diminutos caracoles se desplazaban lentamente sobre la arena húmeda y fría, impregnada de ese aroma salado del mar.
Mi canto se vio interrumpido por una voz masculina, o mejor dicho, por algo. Su tono era grave y ligeramente rasposo, pero no desentonaba en absoluto con la melodía que yo había iniciado. Fue entonces cuando mis ojos azulinos presenciaron algo increíble, entre las formaciones rocosas, avanzando con lentitud, una criatura de caparazón se acercaba hacia la zona donde las olas morían en espuma, justo donde mis pies permanecían mojados. Y sin dejar que aquello perturbara mi ánimo, esboce una sonrisa y continué cantando, ahora acompañada por aquella inesperada tortuga.
Al terminar la canción, una curiosa quietud quedó suspendida en el aire, la tortuga con gesto amable se presentó como Juan Sebastián, inclinando levemente la cabeza en señal de respeto y saludo, luego me preguntó si conocía algún lugar donde pudiera encontrar unas buenas caracolas, confesando incluso que no había tenido suerte hasta el momento.
Parpadeé un par de veces, procesando cada una de sus palabras, y en mi mente hizo click el siguiente pensamiento ¡UNA TORTUGA ME ESTÁ HABLANDO!, miré a mi alrededor en busca de alguien más que pudiera estar presenciando aquello, pero la zona estaba solitaria totalmente. Había conocido personas con rasgos de animales, sí, pero esto era distinto, esta era su forma completa. Aun así, lejos de asustarme, una sonrisa amplia se dibujó en mis labios mientras me arrodillaba frente a él, sentándome sobre mis pantorrillas para quedar a su altura.
—- ¡Mucho gusto! —- dije con calidez — Mi nombre es Miyori Hoshino, un placer, Juan Sebastián.
La brisa volvió a hacerse presente con un gesto agradable, logrando mover los mechones sueltos de mi pelo, pero mis ojos estaban fijos en aquella mirada que parecía expresar un gran anhelo.
—- Pues… yo siempre vengo a este lugar a recolectar conchas de mar, podría decirse que también hay algunas caracolas por aquí, ¿Quieres que te ayude a buscar?.
Mi canto se vio interrumpido por una voz masculina, o mejor dicho, por algo. Su tono era grave y ligeramente rasposo, pero no desentonaba en absoluto con la melodía que yo había iniciado. Fue entonces cuando mis ojos azulinos presenciaron algo increíble, entre las formaciones rocosas, avanzando con lentitud, una criatura de caparazón se acercaba hacia la zona donde las olas morían en espuma, justo donde mis pies permanecían mojados. Y sin dejar que aquello perturbara mi ánimo, esboce una sonrisa y continué cantando, ahora acompañada por aquella inesperada tortuga.
Al terminar la canción, una curiosa quietud quedó suspendida en el aire, la tortuga con gesto amable se presentó como Juan Sebastián, inclinando levemente la cabeza en señal de respeto y saludo, luego me preguntó si conocía algún lugar donde pudiera encontrar unas buenas caracolas, confesando incluso que no había tenido suerte hasta el momento.
Parpadeé un par de veces, procesando cada una de sus palabras, y en mi mente hizo click el siguiente pensamiento ¡UNA TORTUGA ME ESTÁ HABLANDO!, miré a mi alrededor en busca de alguien más que pudiera estar presenciando aquello, pero la zona estaba solitaria totalmente. Había conocido personas con rasgos de animales, sí, pero esto era distinto, esta era su forma completa. Aun así, lejos de asustarme, una sonrisa amplia se dibujó en mis labios mientras me arrodillaba frente a él, sentándome sobre mis pantorrillas para quedar a su altura.
—- ¡Mucho gusto! —- dije con calidez — Mi nombre es Miyori Hoshino, un placer, Juan Sebastián.
La brisa volvió a hacerse presente con un gesto agradable, logrando mover los mechones sueltos de mi pelo, pero mis ojos estaban fijos en aquella mirada que parecía expresar un gran anhelo.
—- Pues… yo siempre vengo a este lugar a recolectar conchas de mar, podría decirse que también hay algunas caracolas por aquí, ¿Quieres que te ayude a buscar?.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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