[personajeinvalido=537]
El bueno de Joe corrió como una centella, casi sin esfuerzo, pasándome por el lado y alcanzando a la otra mitad del groso de bandidos que nos cercaron de repente. Tras asestar mi golpe y derribar hábilmente a todos los pobres desgraciados que nos estaban, de alguna manera, amenazando con su presencia, giré para buscar a mi compañero de aventura en guardia para encontrarle transformado en una especie de híbrido entre un hombre y una serpiente. Para mi sorpresa, el Marine tenía más secretos bajo la piel que bajo la barba y este era nada más y nada menos que un usuario de Akuma no mi. Uno del tipo Zoan y por lo visto, esto le hacía extremadamente rápido. De hecho, no pude evitar pensar que de haberse transformado en nuestro primer encuentro y no ser un Marine de buen corazón, habría acabado con mi vida en cuestión de segundos. Tal era mi frustración que no pude evitar morderme el labio y cortó de lleno mi "buen humor".
Tras esto, nos colocamos espalda con espalda y aguardamos el próximo movimiento de los bandidos. Me coloqué defendiendo la calle por la que vinimos mientras que Joe estaba observando hacia la oficina del Sheriff. Tras unos segundos, las puertas de la oficina se abrieron de par en par para dar paso a dos figuras encapotadas que se destaparon uno a uno. Giré junto a Joe, a su izquierda, para observar al primero, que resultó ser un pato con un desproporcionado cañón en sus manos que nos amenazaba mientras fumaba de una pipa. Justo después, el otro se levantó la capa y reveló que se trataba de un mocoso de unos diez años, pelirrojo y que lloraba a mares mientras nos apuntaba con dos revólveres. Increíble y surrealista escena. Puede que el Marine tuviera otra idea, pero, yo, particularmente, no iba a bajar las armas contra un niño armado. - Baja eso, mocoso, que las carga el diablo. - dije al chaval con tono serio, que parecía bastante más aprensivo e intimidable que el pato del trabuco. "Por favor que no disparen..." pensaba intentando evitar mostrar mi frustración por enfrentarlos. En ese mismo instante, un sonido me sacó de mi pequeño trance en el que me estaba visualizando trinchando al pato: el sonido de la campana del pueblo que sonó dos veces de manera completamente audible. ¿Qué está pasando?
El bueno de Joe corrió como una centella, casi sin esfuerzo, pasándome por el lado y alcanzando a la otra mitad del groso de bandidos que nos cercaron de repente. Tras asestar mi golpe y derribar hábilmente a todos los pobres desgraciados que nos estaban, de alguna manera, amenazando con su presencia, giré para buscar a mi compañero de aventura en guardia para encontrarle transformado en una especie de híbrido entre un hombre y una serpiente. Para mi sorpresa, el Marine tenía más secretos bajo la piel que bajo la barba y este era nada más y nada menos que un usuario de Akuma no mi. Uno del tipo Zoan y por lo visto, esto le hacía extremadamente rápido. De hecho, no pude evitar pensar que de haberse transformado en nuestro primer encuentro y no ser un Marine de buen corazón, habría acabado con mi vida en cuestión de segundos. Tal era mi frustración que no pude evitar morderme el labio y cortó de lleno mi "buen humor".
Tras esto, nos colocamos espalda con espalda y aguardamos el próximo movimiento de los bandidos. Me coloqué defendiendo la calle por la que vinimos mientras que Joe estaba observando hacia la oficina del Sheriff. Tras unos segundos, las puertas de la oficina se abrieron de par en par para dar paso a dos figuras encapotadas que se destaparon uno a uno. Giré junto a Joe, a su izquierda, para observar al primero, que resultó ser un pato con un desproporcionado cañón en sus manos que nos amenazaba mientras fumaba de una pipa. Justo después, el otro se levantó la capa y reveló que se trataba de un mocoso de unos diez años, pelirrojo y que lloraba a mares mientras nos apuntaba con dos revólveres. Increíble y surrealista escena. Puede que el Marine tuviera otra idea, pero, yo, particularmente, no iba a bajar las armas contra un niño armado. - Baja eso, mocoso, que las carga el diablo. - dije al chaval con tono serio, que parecía bastante más aprensivo e intimidable que el pato del trabuco. "Por favor que no disparen..." pensaba intentando evitar mostrar mi frustración por enfrentarlos. En ese mismo instante, un sonido me sacó de mi pequeño trance en el que me estaba visualizando trinchando al pato: el sonido de la campana del pueblo que sonó dos veces de manera completamente audible. ¿Qué está pasando?
Resumen
Offrol
Gasto y daños

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