26-04-2026, 09:19 PM
Bai tenía el cuerpo entumecido cuando entró en la improvisada biblioteca de la nave y, pese a que portaba un abrigo de piel de lobo que le cubría prácticamente hasta las rodillas, el frío del exterior le había calado hasta los huesos. Aunque, a decir verdad, todo tenía una sencilla explicación y era que, ni siquiera en climas tan extremos, se abrigaba como correspondía. Por eso sus manos estaban rígidas, las rodillas doloridas y, sobre todo, sus dedos acartonados negándose a obedecer como si realmente fueran piezas de cartón endurecido ajenas a su voluntad.
—Maldito viento… —murmuró tan pronto cruzó el umbral, observando sus palmas aún envueltas en vendas.
Sí, habían pasado varios días desde su llegada, pero el frío, su entrenamiento y la edad hacían que su cuerpo no fuera tan rápido como diez años atrás.
Después, tras quejarse, alzó la vista y se detuvo al comprobar que no estaba sola en aquel lugar. Y es que, a un lado de la estancia, arrebujado entre animales que descansaban junto a él, Zhang leía en voz alta con voz serena.
Bai sonrió al ver cómo todavía quedaba algo de calidez en aquel lugar. Sin embargo, cuando se dispuso a avanzar, una corriente de aire helado se filtró desde la puerta mal cerrada, erizando el vello de su magnánimo cuerpo que hacía de muro de contención para el resto.
Clanc.
Clac.
El sonido del pomo al girar anunció el cierre definitivo; Bai parpadeó, comprendiendo tarde su propio descuido.
—Perdona, Zhang —dijo en voz baja, consciente de lo delicado de su oído y de que, posiblemente, le habría estropeado la atmósfera—. Continúa, no quería interrumpir.
Tras aquello se desabrochó la chaqueta, mostrando únicamente una armadura por vestiduras; su abdomen estaba apretado por el frío, contraído involuntariamente como si de aquella manera pudiera mantener algo de calor. A continuación, se quitó las pieles y el sonido de la escarcha zumbó cerca de sus oídos.
—Prometo no molestarte demasiado —bromeó con ligereza mientras dejaba la chaqueta sobre una caja que parecía una mesa improvisada.
Luego, avanzó despacio por el lateral de la sala y, al pasar junto a los animales, dejó caer una caricia breve sobre la cabeza de Larry, quien, tras sacar la lengua como de costumbre, animado por el contacto, se sacudió con energía, rompiendo por un instante la serenidad del conjunto.
—¿Qué estás leyendo? —preguntó, continuando su camino como si nada hacia los libros.
Y, una vez ahí, sin pensarlo demasiado, de entre todos los de la estantería, tomó uno muy delgado con el lomo ajado y los bordes roídos.
Curiosamente, de ese libro había también otra versión —solo que en el idioma común— tres libros más allá del que había tomado.
Después, buscando un sitio donde sentarse, agarró una silla y abrió por la tercera página. Alzó la vista hacia Zhang, la bajó hacia el libro y, tras repetir el proceso un par de veces, lo cerró.
—Esto... —Su voz temblaba ligeramente ante no saber cómo pedir lo que quería. —Zhang —terminó por pedir mientras se levantaba—. ¿Crees que pueda sentarme a escucharte un rato? Quizás así pueda hacer mi oído a vuestra lengua o aprender alguna palabra.
—Maldito viento… —murmuró tan pronto cruzó el umbral, observando sus palmas aún envueltas en vendas.
Sí, habían pasado varios días desde su llegada, pero el frío, su entrenamiento y la edad hacían que su cuerpo no fuera tan rápido como diez años atrás.
Después, tras quejarse, alzó la vista y se detuvo al comprobar que no estaba sola en aquel lugar. Y es que, a un lado de la estancia, arrebujado entre animales que descansaban junto a él, Zhang leía en voz alta con voz serena.
Bai sonrió al ver cómo todavía quedaba algo de calidez en aquel lugar. Sin embargo, cuando se dispuso a avanzar, una corriente de aire helado se filtró desde la puerta mal cerrada, erizando el vello de su magnánimo cuerpo que hacía de muro de contención para el resto.
Clanc.
Clac.
El sonido del pomo al girar anunció el cierre definitivo; Bai parpadeó, comprendiendo tarde su propio descuido.
—Perdona, Zhang —dijo en voz baja, consciente de lo delicado de su oído y de que, posiblemente, le habría estropeado la atmósfera—. Continúa, no quería interrumpir.
Tras aquello se desabrochó la chaqueta, mostrando únicamente una armadura por vestiduras; su abdomen estaba apretado por el frío, contraído involuntariamente como si de aquella manera pudiera mantener algo de calor. A continuación, se quitó las pieles y el sonido de la escarcha zumbó cerca de sus oídos.
—Prometo no molestarte demasiado —bromeó con ligereza mientras dejaba la chaqueta sobre una caja que parecía una mesa improvisada.
Luego, avanzó despacio por el lateral de la sala y, al pasar junto a los animales, dejó caer una caricia breve sobre la cabeza de Larry, quien, tras sacar la lengua como de costumbre, animado por el contacto, se sacudió con energía, rompiendo por un instante la serenidad del conjunto.
—¿Qué estás leyendo? —preguntó, continuando su camino como si nada hacia los libros.
Y, una vez ahí, sin pensarlo demasiado, de entre todos los de la estantería, tomó uno muy delgado con el lomo ajado y los bordes roídos.
Curiosamente, de ese libro había también otra versión —solo que en el idioma común— tres libros más allá del que había tomado.
Después, buscando un sitio donde sentarse, agarró una silla y abrió por la tercera página. Alzó la vista hacia Zhang, la bajó hacia el libro y, tras repetir el proceso un par de veces, lo cerró.
—Esto... —Su voz temblaba ligeramente ante no saber cómo pedir lo que quería. —Zhang —terminó por pedir mientras se levantaba—. ¿Crees que pueda sentarme a escucharte un rato? Quizás así pueda hacer mi oído a vuestra lengua o aprender alguna palabra.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
