26-04-2026, 11:16 PM
—Hablo—
—Pienso—
Música ambiente
La joven chica de cabellos cobrizos me prestó atención una vez terminó de cantar su melodiosa canción . Su mirada se posó en mí, con un aire de confusión, quizás nunca había visto a un gyojin cangrejo, era una reacción bastante común a la que ya estaba acostumbrado. Pero, lejos de asustarse como algunos otros, la muchacha de delicada apariencia, se agachó para hablar conmigo. —Si que es alta ¿Será de la misma raza que Develio?— Pensé, ajeno al hecho de que era una tortuga de apenas cuarenta centímetros de altura.
Con su carácter amable, la joven se presentó, tenía un aura alrededor suya que emanaba una paz que llevaba tiempo sin experimentar, habiéndome acostumbrado ya a los correteríos del cuartel y al dinamismo frenético que definía a la división ochenta. En un intento por rascarme la nuca con vergüenza ante de explicar el porqué buscaba una concha, pude descubrir la verdad, ella no era gigante, se me había olvidado que seguía siendo una tortuga.
En cualquier caso, los detalles no eran importantes, ser una tortuga… Ser un cangrejo… Nimiedades ante la inmensidad del océano. —Me serías de mucha ayuda jaja. Tengo mal ojo para estas cosas… Verás, a mi me relaja hacer pompas con las caracolas, y esta mañana, cuando mi superior me ha regañado, se me ha roto la que solía usar— Miraba a Miyori con una expresión de completa seriedad, como si el problema que afrontaba fuese realmente algo extremadamente importante, nada más lejos de la realidad. —¡Ah! ¡Por cierto! Puede que no lo parezca, pero soy un miembro de la Marina, si se hace tarde y necesitas que te escolte a algún lado estaré encantado de ayudarte— Le comenté con orgullo y confianza, levantando la cabeza sobre mi caparazón. Nunca era mal momento para presumir de profesión.
—No me queda mucho tiempo, está atardeciendo ya…— Dije antes de realizar un poderoso testarazo a una roca que tenía a mi lado, logrando moverla para fisgonear debajo de la misma —Tiene que ser naranja…— Para algunos podría ser un detalle insignificante, pero el recuerdo de la primera caracola que encontré de pequeño, estaba grabado con fuerza dentro de mí, si no era de ese color, sentía en mi interior que algo estaba mal.
Mientras rebuscaba un poco por encima de la zona donde estábamos hablando, me entretuve comiendo algunas algas que se dejaban ver entre las rocas —Gueno… ¿Podlíad guiadme? cegudo que tiened buen odfato pada edto Miyodi— Le solicité, mientras la observaba con la boca llena de algas. El sol, que ya tocaba el horizonte, lanzaba unos intensos rayos naranja que se fusionaban con la agradable chica que estaba dispuesta a ayudarme.

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