27-04-2026, 07:12 AM
(Última modificación: 27-04-2026, 07:16 AM por Hasegawa Shin.)
Sus ojos turquesa reflejaban las luciérnagas revoloteando en la playa, podría jurarle que contaba estrellas y él le creería sin dudarlo, enalteciendo una pequeña sonrisa en sus labios. El gesto lo dejó descolocado, ¿acaso era algún tipo de orgullo por haberle causado esa reacción? No entendía si quería sorprenderla sólo por ego, o porque en el fondo deseaba confiar en que ella buscaba lo mismo que él, y no se detendría hasta conseguirlo.
Tener frente a ellos un mundo mejor, más justo.
El agradecimiento no es respondido con palabras, Hasegawa sólo cierra los ojos y niega con la cabeza, dándole a entender que no era nada, incluso y si por dentro reconocía que aquello fue resultado de llevar demasiado lejos una broma, hasta terminar involucrando pensamientos plagados de emociones verdaderas. Le parecía irónico, y le escocía la idea de que Himari estaría riendo por verlo en esa situación.
Desvió la mirada hacia el mar breves segundos, evitando mirarla a los ojos. Entrecerró los párpados reconociendo que prácticamente nadie conseguía hacerlo retroceder en un contacto visual, y el orgullo lo obligó a buscarla de reojo, preguntándole por fin aquella duda que llegó a rondarle en la cabeza varios instantes, al menos desde que decidió decirle que no avanzaría en sus sueños sin ella. Era una pesada.
A medida que se robaba sus susurros, iba girando el rostro más y más en su dirección, incapaz de negar el acuerdo con los motivos que le revelaba. Uno silencioso, que evitaría pronunciar demasiado alto considerando el nivel de conexión que estaban experimentando, y lo mucho que volaba lejos de nuevos vínculos.
Habría sido mucho más fácil intentar seducirla y luego mudarse de División, pero se le tuvo que ocurrir esto...
El pequeño silencio pareció mantenerse durante una eternidad mientras se miraban. No había incomodidad, sólo comprensión, validación a la voluntad con la que se expresaba, un reconocimiento genuino en los ojos cerúleos del albino, alimentado por su sonrisa, una que sólo creció al escucharla reír, solemne en su gesto, dispuesto a dejarla terminar, sin dejar de mirarla esta vez, enfrentando las sensaciones que emergían a la tenue luz de las estrellas, y por supuesto, la propia aura que exhalaba a cada nueva palabra que le dedicaba. Nyra brillaba desde su propia existencia, muy pocas veces se encontraban a personas así.
—De verdad que eres de lo que no hay... —bajó la cabeza, entre sus brazos apoyados en la madera, negando con ella. No lograba entenderla del todo, ¿cómo confesaba que quería hacer equipo después de aquel discurso? ¿Cómo le dice sin titubear que se alegra de conocerle? Enfrentó todas las pruebas y trampas que puso para demostrarle que estaba loco, o era un tipo que no se tomaba nada en serio, y finalmente estaba allí, a punto de terminar de romper su máscara, dejando entrever el universo que habitaba detrás de tanto carisma y ego. —Así no vas a llegar a ningún lado, pequeña Nyri. —dijo tras breves segundos, observando el mar calmo, suspirando sus siguientes palabras.
La voz quejosa de Himari inundaba de presencia el amplio campo verde que los rodeaba, ambos en un picnic improvisado, comiendo algo de arroz y repasando los últimos días, las últimas novedades de la vida que habían decidido pasar juntos, siendo precisamente el trozo de papel en manos de la pelirrosa un detalle que los había unido mucho más de lo que Shin jamás habría imaginado. —¡Vas a escuchar hasta la última palabra! No lo habría conseguido sin ti. —los esclavos liberados en completo sigilo habían elegido al único de ellos que sabía leer y escribir, y mediante un recadero les hicieron llegar la carta que la chica insistía en terminar de leerle a Hasegawa.
—A veces me pregunto por qué sigo contigo... —suspira —¡Sólo pido un poco de silencio! ¡No es mucha demanda! —la señaló con los palillos, consiguiendo que se le caigan algunos granos de arroz del cuenco.
—¡Oye! Hoy duermes en el sofá. —sentenció, cerrando los ojos, levantando el mentón y girando el rostro hacia el lado opuesto del albino. El enfado duró poco, pues recordó su objetivo y decidió que se impondría a la desgana del hombre, aclarándose la garganta y continuando. —Bien, ¿por dónde iba...? —su dedo repasó los renglones, encontrando justo el punto exacto donde Shin la había interrumpido.
—"...supe de inmediato que el hombre de cabello blanco tenía corazón. Aunque ignoró el regalo, lo vi en sus ojos, no fue como el gesto de otros que sencillamente pasaron de nosotros. Tampoco permití que me dominen las falsas esperanzas, sin embargo, fue la primera vez en mucho tiempo que sentí alivio, y fantaseé con la idea de tener una vida libre". —su voz se quiebra durante breves segundos, volviéndola a aclarar, totalmente dispuesta a seguir —"Nunca habrán suficientes formas de agradecimiento. Nunca existirá un valor equivalente a lo que nuestras vidas representan, pero hasta el día en que consiga descubrir como expresarlo en algo más que palabras... gracias. A los dos. —su mano, levemente temblorosa, desciende hasta su regazo, doblando la hoja. Los ojos de Himari se tornan llorosos, Shin ya había dejado de comer, pero al notarlo se acercó un poco, prestándole suma atención.
—Himari, ¿estás bien...? —odiaba verla al borde del llanto, incluso si era pura emoción desbordante. Y la habría abrazado de no ser porque se le dibujó esa sonrisa que tanto adoraba presenciar.
—¡Eres un idiota, Shin! ¡No puedo entender cómo tardaste tanto en aceptar que no debes seguir todo lo que te dicen! —agitó los brazos, molesta y feliz al mismo tiempo. Una extraña mezcla que sólo ella podía volver lógica. —¿Lo ves por fin? —sujetó la carta, poniéndola a la altura de su pecho, entre ambos, y generando un silencio que al menos durante varios segundos el albino no supo como rellenar.
—Yo... —bajó la mirada. El ámbar de sus iris era demasiado poderoso como para seguir observándola —...no lo tengo claro. —reconoció entonces, girando el rostro hacia un costado, perdido en el horizonte de árboles que adornaban las vistas. —Siempre creí que existían motivos para justificar las órdenes. Un bien mayor común. Pero supongo que todavía tengo mucho que aprender. —se reencuentra con su propia fuerza, girándose hacia Himari. Sus ojos recuperaron el brillo sin mostrarse acuosos por las lágrimas —No por nada seré el mejor marine de la historia. Debo poder entender todas las perspectivas. —ya no era serlo en cuestión de poder, ni disciplina, y ella lo vio con total claridad. Por primera vez desde que se conocieron era capaz de responder a esa frase de apariencia egocéntrica, a su sueño con la cima, con un símbolo de aprobación. Shin sintió una energía diferente en el expresivo rostro de la chica, y por fin la escuchó, palabras que recordaría para siempre.
Rebuscó en la bolsa apoyada en el suelo la pulsera que compró, detalles azules dotándola de una personalidad única, el magnetismo que consiguió traer de vuelta a Himari a sus memorias con tanta claridad, como si la hubiese visto por última vez esa misma mañana. Al principio la ocultó en su puño cerrado, girando todo el cuerpo en dirección a Kuroshiro y recortando aún más las distancias —Eres tonta en tu inteligencia, pero... —un breve suspenso, como si le costase seguir.
La brisa proveniente del mar arrastró consigo a las luciérnagas. En segundos, se vieron rodeados de pequeñas luces parpadeantes, iluminándolos a ambos, trayendo las memorias que Shin observó en ellas como si fuesen una reminiscencia de las palabras que iba a decirle, justo al mismo tiempo en que dejaba caer la pulsera frente a los ojos turquesa de Nyra, enganchada a uno de sus dedos para mantenerla colgada y mostrársela. La sonrisa en sus labios, tan tenue como trágica, se veía a través del presente, mirándola fijamente.
Tener frente a ellos un mundo mejor, más justo.
El agradecimiento no es respondido con palabras, Hasegawa sólo cierra los ojos y niega con la cabeza, dándole a entender que no era nada, incluso y si por dentro reconocía que aquello fue resultado de llevar demasiado lejos una broma, hasta terminar involucrando pensamientos plagados de emociones verdaderas. Le parecía irónico, y le escocía la idea de que Himari estaría riendo por verlo en esa situación.
Desvió la mirada hacia el mar breves segundos, evitando mirarla a los ojos. Entrecerró los párpados reconociendo que prácticamente nadie conseguía hacerlo retroceder en un contacto visual, y el orgullo lo obligó a buscarla de reojo, preguntándole por fin aquella duda que llegó a rondarle en la cabeza varios instantes, al menos desde que decidió decirle que no avanzaría en sus sueños sin ella. Era una pesada.
A medida que se robaba sus susurros, iba girando el rostro más y más en su dirección, incapaz de negar el acuerdo con los motivos que le revelaba. Uno silencioso, que evitaría pronunciar demasiado alto considerando el nivel de conexión que estaban experimentando, y lo mucho que volaba lejos de nuevos vínculos.
Habría sido mucho más fácil intentar seducirla y luego mudarse de División, pero se le tuvo que ocurrir esto...
El pequeño silencio pareció mantenerse durante una eternidad mientras se miraban. No había incomodidad, sólo comprensión, validación a la voluntad con la que se expresaba, un reconocimiento genuino en los ojos cerúleos del albino, alimentado por su sonrisa, una que sólo creció al escucharla reír, solemne en su gesto, dispuesto a dejarla terminar, sin dejar de mirarla esta vez, enfrentando las sensaciones que emergían a la tenue luz de las estrellas, y por supuesto, la propia aura que exhalaba a cada nueva palabra que le dedicaba. Nyra brillaba desde su propia existencia, muy pocas veces se encontraban a personas así.
—De verdad que eres de lo que no hay... —bajó la cabeza, entre sus brazos apoyados en la madera, negando con ella. No lograba entenderla del todo, ¿cómo confesaba que quería hacer equipo después de aquel discurso? ¿Cómo le dice sin titubear que se alegra de conocerle? Enfrentó todas las pruebas y trampas que puso para demostrarle que estaba loco, o era un tipo que no se tomaba nada en serio, y finalmente estaba allí, a punto de terminar de romper su máscara, dejando entrever el universo que habitaba detrás de tanto carisma y ego. —Así no vas a llegar a ningún lado, pequeña Nyri. —dijo tras breves segundos, observando el mar calmo, suspirando sus siguientes palabras.
—Eres demasiado cursi.
Las olas guardaron silencio.
Cada brillo individual de las luciérnagas tomó la forma de un recuerdo.
Shin cerró los ojos con fuerza.
Cada brillo individual de las luciérnagas tomó la forma de un recuerdo.
Shin cerró los ojos con fuerza.
•••
—¡Que no! ¡Tú eres demasiado frío!
La voz quejosa de Himari inundaba de presencia el amplio campo verde que los rodeaba, ambos en un picnic improvisado, comiendo algo de arroz y repasando los últimos días, las últimas novedades de la vida que habían decidido pasar juntos, siendo precisamente el trozo de papel en manos de la pelirrosa un detalle que los había unido mucho más de lo que Shin jamás habría imaginado. —¡Vas a escuchar hasta la última palabra! No lo habría conseguido sin ti. —los esclavos liberados en completo sigilo habían elegido al único de ellos que sabía leer y escribir, y mediante un recadero les hicieron llegar la carta que la chica insistía en terminar de leerle a Hasegawa.
—A veces me pregunto por qué sigo contigo... —suspira —¡Sólo pido un poco de silencio! ¡No es mucha demanda! —la señaló con los palillos, consiguiendo que se le caigan algunos granos de arroz del cuenco.
—¡Oye! Hoy duermes en el sofá. —sentenció, cerrando los ojos, levantando el mentón y girando el rostro hacia el lado opuesto del albino. El enfado duró poco, pues recordó su objetivo y decidió que se impondría a la desgana del hombre, aclarándose la garganta y continuando. —Bien, ¿por dónde iba...? —su dedo repasó los renglones, encontrando justo el punto exacto donde Shin la había interrumpido.
—"...supe de inmediato que el hombre de cabello blanco tenía corazón. Aunque ignoró el regalo, lo vi en sus ojos, no fue como el gesto de otros que sencillamente pasaron de nosotros. Tampoco permití que me dominen las falsas esperanzas, sin embargo, fue la primera vez en mucho tiempo que sentí alivio, y fantaseé con la idea de tener una vida libre". —su voz se quiebra durante breves segundos, volviéndola a aclarar, totalmente dispuesta a seguir —"Nunca habrán suficientes formas de agradecimiento. Nunca existirá un valor equivalente a lo que nuestras vidas representan, pero hasta el día en que consiga descubrir como expresarlo en algo más que palabras... gracias. A los dos. —su mano, levemente temblorosa, desciende hasta su regazo, doblando la hoja. Los ojos de Himari se tornan llorosos, Shin ya había dejado de comer, pero al notarlo se acercó un poco, prestándole suma atención.
—Himari, ¿estás bien...? —odiaba verla al borde del llanto, incluso si era pura emoción desbordante. Y la habría abrazado de no ser porque se le dibujó esa sonrisa que tanto adoraba presenciar.
—¡Eres un idiota, Shin! ¡No puedo entender cómo tardaste tanto en aceptar que no debes seguir todo lo que te dicen! —agitó los brazos, molesta y feliz al mismo tiempo. Una extraña mezcla que sólo ella podía volver lógica. —¿Lo ves por fin? —sujetó la carta, poniéndola a la altura de su pecho, entre ambos, y generando un silencio que al menos durante varios segundos el albino no supo como rellenar.
—Yo... —bajó la mirada. El ámbar de sus iris era demasiado poderoso como para seguir observándola —...no lo tengo claro. —reconoció entonces, girando el rostro hacia un costado, perdido en el horizonte de árboles que adornaban las vistas. —Siempre creí que existían motivos para justificar las órdenes. Un bien mayor común. Pero supongo que todavía tengo mucho que aprender. —se reencuentra con su propia fuerza, girándose hacia Himari. Sus ojos recuperaron el brillo sin mostrarse acuosos por las lágrimas —No por nada seré el mejor marine de la historia. Debo poder entender todas las perspectivas. —ya no era serlo en cuestión de poder, ni disciplina, y ella lo vio con total claridad. Por primera vez desde que se conocieron era capaz de responder a esa frase de apariencia egocéntrica, a su sueño con la cima, con un símbolo de aprobación. Shin sintió una energía diferente en el expresivo rostro de la chica, y por fin la escuchó, palabras que recordaría para siempre.
—Lo harás bien, Shin.
El albino se descolocó, sus labios se abrieron sin emitir palabras.
—Sólo sigue brillando. Creo en ti.
Una calidez que nunca había sentido lo invadió.
Y el pensamiento de que ella brillaba más que cualquier estrella que haya presenciado se instaló en su corazón.
Y el pensamiento de que ella brillaba más que cualquier estrella que haya presenciado se instaló en su corazón.
•••
Rebuscó en la bolsa apoyada en el suelo la pulsera que compró, detalles azules dotándola de una personalidad única, el magnetismo que consiguió traer de vuelta a Himari a sus memorias con tanta claridad, como si la hubiese visto por última vez esa misma mañana. Al principio la ocultó en su puño cerrado, girando todo el cuerpo en dirección a Kuroshiro y recortando aún más las distancias —Eres tonta en tu inteligencia, pero... —un breve suspenso, como si le costase seguir.
La brisa proveniente del mar arrastró consigo a las luciérnagas. En segundos, se vieron rodeados de pequeñas luces parpadeantes, iluminándolos a ambos, trayendo las memorias que Shin observó en ellas como si fuesen una reminiscencia de las palabras que iba a decirle, justo al mismo tiempo en que dejaba caer la pulsera frente a los ojos turquesa de Nyra, enganchada a uno de sus dedos para mantenerla colgada y mostrársela. La sonrisa en sus labios, tan tenue como trágica, se veía a través del presente, mirándola fijamente.
—Lo harás bien, Nyra.
Extendió la pulsera hacia ella, hasta reposarla en una de sus manos.
Sus siguientes palabras fueron susurradas, como si fuesen una respuesta al tono que ella usó antes.
Esta vez, desvió la mirada al mar.
Sus siguientes palabras fueron susurradas, como si fuesen una respuesta al tono que ella usó antes.
Esta vez, desvió la mirada al mar.
—Pero debes hacerte fuerte, así no tendré que dejarte atrás.
Su cuerpo volvió a inclinarse hacia la madera. Su sonrisa de soslayo selló el momento.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
