30-04-2026, 01:36 PM
La noche trajo consigo un frescor agradable que se agradecía inmensamente tras soportar el sol abrasador del verano —Al menos es mejor que en Sobaco— Pensé con un suspiro de alivio mientras me tumbaba al lado de la hoguera. La luna estaba preciosa esa noche, observarla durante la noche me llenaba de una paz que era difícil de explicar.
Mi atención fue robada por la voz de Enji, quien era el tema de conversación favorito de los habitantes de la isla (Nosotros) después de que se hiciera oficial su ascenso a nada más y nada menos que Capitán. Al comandante del cuartel de Baterilla se le zafaría un tornillo si se enterase, pagaría por ver algo así. —Dígame Capitán… Ca-pi-tán… Joder que guay suena—
Por algún motivo quiso rememorar los meses anteriores, y no le faltaba razón, todo había sido una locura. Desde el anuncio de nuestra misión de investigar el parque, subiendo montañas por corrientes imposibles, navegando entre aguas con climas alocados y explorando el lugar conocido como “El paraíso para los Piratas”, claramente tierra hostil, era un poco estresante la sensación de no poder bajar la guardia, pero era nuestro deber.
Pero todo eso se quedaba corto ante la noticia de que Enji resultó ser un Tenrybu… Tintibi, Ryuno… Un noble extremadamente importante por lo visto. Fue algo que nos pilló por sorpresa a todos. —Locura es poco Jajaja— Dije en un tono cercano, casi familiar, desde mi punto de vista hacía mucho que ya éramos amigos, no íba a cambiar mi forma de dirigirme a él por detalles como el rango o la clase social.
Por lo visto los guantes que siempre llevaba consigo habían quedado muy dañados en su combate con aquel pingüino cantarín —Ya veo…— Musité mientras examinaba sus dañados accesorios — Ya me extrañaba que llevaras tiempo sin usarlos… Están hechos una mierda— Luego de darle un buen vistazo acompañado por el sonido chisporroteante de la hoguera y las tranquilas olas que rompían a un ritmo constante en la costa, pude llegar a una conclusión —Se pueden apañar, un poco de goma nueva y algunas piezas de metal de repuesto y estarán como nuevos. Déjamelo a mí—
Siempre y cuando pudiese ayudar a mis compañeros con este tipo de asuntos, podría sentirme orgulloso de ser el manitas de la división. —Por cierto, Ya va siendo hora de cenar. Hay que llamar al resto.—
Mi atención fue robada por la voz de Enji, quien era el tema de conversación favorito de los habitantes de la isla (Nosotros) después de que se hiciera oficial su ascenso a nada más y nada menos que Capitán. Al comandante del cuartel de Baterilla se le zafaría un tornillo si se enterase, pagaría por ver algo así. —Dígame Capitán… Ca-pi-tán… Joder que guay suena—
Por algún motivo quiso rememorar los meses anteriores, y no le faltaba razón, todo había sido una locura. Desde el anuncio de nuestra misión de investigar el parque, subiendo montañas por corrientes imposibles, navegando entre aguas con climas alocados y explorando el lugar conocido como “El paraíso para los Piratas”, claramente tierra hostil, era un poco estresante la sensación de no poder bajar la guardia, pero era nuestro deber.
Pero todo eso se quedaba corto ante la noticia de que Enji resultó ser un Tenrybu… Tintibi, Ryuno… Un noble extremadamente importante por lo visto. Fue algo que nos pilló por sorpresa a todos. —Locura es poco Jajaja— Dije en un tono cercano, casi familiar, desde mi punto de vista hacía mucho que ya éramos amigos, no íba a cambiar mi forma de dirigirme a él por detalles como el rango o la clase social.
Por lo visto los guantes que siempre llevaba consigo habían quedado muy dañados en su combate con aquel pingüino cantarín —Ya veo…— Musité mientras examinaba sus dañados accesorios — Ya me extrañaba que llevaras tiempo sin usarlos… Están hechos una mierda— Luego de darle un buen vistazo acompañado por el sonido chisporroteante de la hoguera y las tranquilas olas que rompían a un ritmo constante en la costa, pude llegar a una conclusión —Se pueden apañar, un poco de goma nueva y algunas piezas de metal de repuesto y estarán como nuevos. Déjamelo a mí—
Siempre y cuando pudiese ayudar a mis compañeros con este tipo de asuntos, podría sentirme orgulloso de ser el manitas de la división. —Por cierto, Ya va siendo hora de cenar. Hay que llamar al resto.—
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