02-05-2026, 03:16 PM
El peso de mis botas y el extra de mi propia prótesis ciborg hacia que mis huellas en la arena fueran mas profundas que las de Owen. Vestía mi uniforme de siempre pero había prescindido de la capa de plumas y la chaqueta, llevando una camiseta ceñida de color gris oscuro y mangas cortas - y sin manga en la parte de Emperor, claramente - para tener una mayor comodidad y poder estar relajado. Sería cosa de no tener el yelmo, que me hacía renunciar a mi figura y mi presencia habitual, así como a parte de mi equipo: Los log pose estaban sobre la mesa de mi camerino, así como los Denden Mushi - ya que sólo llevaba conmigo el Denden negro, en la muñeca, por estar localizable - y mi guante de batalla aguardaba mejores momentos en el cofre junto a mi alcoba. Sólo Hellhound a mi espalda, un dial en el bolsillo y el anillo que me apropié de aquella como se llamase Shichibukai.
Mi pelo peinado hacia atrás y mi rostro ya sin rastro de barba, hacían que el foco de atención de mi cara fuese, como siempre, mis dos ojos dorados, remarcados al estar subrayados por aquella enorme cicatriz que cruzaba mi cara de lado a lado.
Owen había pedido un tiempo para hablar conmigo, algo que le preocupaba o que necesitaba expresar. Los largos días que habíamos pasado en alta mar habían sido suficientes como para que pudiera descansar y recuperar su brazo por completo, pero seguía llevando consigo aquella escayola sucia y mal ubicada, algo que me hizo pensar que era hora de tener un médico o de que uno de ellos empezase a formarse en dicha materia, pues si no, tendrían muchos más problemas en el futuro.
Era por la tarde, lejos del atardecer aun pero no en el momento en el que el sol está más elevado. La playa de Jaya estaba despejada y al fondo, a lo lejos pero aun visible, el Jagd Hund con el resto de nuestros... compañeros, si podía llamarse así a un montón de empleados y los dos amigos del chico. Aunque de forma innegable estaba empezando a tomarles algo de cariño, por el momento, no quería tener que lamentar más pérdidas en el futuro y me seguía mostrando algo reticente.
El muchacho comenzó a hablar, mucho, como siempre. Empezó preguntándome que quién era el tipo de Arabasta, algo que parecía que había estado dándole vueltas en la cabeza desde entonces, y a continuación comenzó a explayar un discurso que ya había escuchado antes: Su preocupación por la muchacha que iba con él. Trataba de definirla como alguien puro ajeno a la realidad del mundo y sin la capacidad de defenderse realmente del peligro. Su preocupación iba más allá de la integridad de la chica, y pasaba por la capacidad ofensiva de ella. Aunque su confianza en la chica era enorme, él mismo era quien le estaba poniendo los topes y los límites.
En el reino animal, las crías no cazan mientras están cazando por ellas.
— Oe — dije cuando se atrevió a decir que la chica podría ganarme si se lo proponía — ¡Wryy ha ha ha ha! — reí seguidamente, divertido por la seguridad del muchacho — Mirar tanto hacia el futuro te puede sacar de la perspectiva del presente chico — añadí, y chasqueé la lengua de forma mucho más sonora que de costumbre al no estar amortizado el sonido por mi casco. Entonces comencé a caminar haciendo un gesto con la mano para que me acompañase — Mira chico — empecé a decir, pensando bien en las palabras que iba a decir — Si tú plantas una semilla en una maceta pequeña, esa planta va a crecer hasta que sus raíces se hayan distribuido por la tierra que tiene disponible, y después se estancará. Si quieres que siga creciendo deberás transplantarla a una maceta más grande, para que las raíces tengan más espacio y se alarguen, puedan brotar más ramificaciones al ser más largas, y en definitiva absorban más nutrientes y hagan que la planta sea más grande — traté de explicar sin mirarle en ningún momento — Pues Gwendolyn es una semilla plantada en un berrie de tierra — añadí para completar la metáfora, y entonces dirigí mis ojos hacia él — Es decir, que Gwendolyn no puede crecer... porque tú no le dejas hacerlo — volví a mirar al frente, hacia el resto de la costa — Tienes miedo a que sea ella la que tenga un brazo roto, y lo entiendo... yo también amé así, hace mucho tiempo... — tragué saliva mirando en dirección opuesta a la que estaba el muchacho, y tras media decena de segundos de silencio, continué hablando volviendo a mirar al frente — Pero para que ella se haga fuerte, tiene que librar sus propias batallas. Para que descubra el mundo y la maldad que hay en él, tiene que sufrir esa maldad en algún momento. Si tratas de protegerla de todo y de todos, y si no tiene preocupaciones porque TÚ irás a salvarla, nunca pasará de ser una semilla a ser una flor — finalicé, entrecerrando los ojos para mirar hacia la lejanía donde la costa se perdía — Yo abandoné mi tierra, con el confort y la comodidad más absoluta, sólo porque estaba aburrido y quería ser reconocido por mis propios méritos y no los de mi familia. Y cuando salí al mundo, era mucho, mucho más débil que Gwendolyn — paré de caminar y miré hacia el muchacho de frente — Esto me puso en mi sitio — dije señalando la cicatriz de mi rostro — Y esto me demostró que seguía necesitando una maceta más grande — señalé entonces la junta entre Emperor y mi piel — Pero me hizo ser quien soy ahora, y poder vencer a aquel hombre que tanto interés te despierta en Arabasta — entonces llevé mi mano hacia la escayola del chico y la agarré con fuerza, mirándole a los ojos — Esto te ha demostrado tu escalón — apreté mis dedos y partí la escayola haciendo que los cachos cayesen al suelo enterrándose en la arena — Y ahora deberías centrarte en subir al siguiente, no en ver por qué escalón va Gwendolyn. Ella seguirá su propia escalera — solté el brazo del chico y comencé a caminar nuevamente en la dirección que estábamos siguiendo — Quieres ser su escudo y estás siendo su prisión, Rojo — chasqueé la lengua de nuevo, sin parar de caminar.
Mi pelo peinado hacia atrás y mi rostro ya sin rastro de barba, hacían que el foco de atención de mi cara fuese, como siempre, mis dos ojos dorados, remarcados al estar subrayados por aquella enorme cicatriz que cruzaba mi cara de lado a lado.
Owen había pedido un tiempo para hablar conmigo, algo que le preocupaba o que necesitaba expresar. Los largos días que habíamos pasado en alta mar habían sido suficientes como para que pudiera descansar y recuperar su brazo por completo, pero seguía llevando consigo aquella escayola sucia y mal ubicada, algo que me hizo pensar que era hora de tener un médico o de que uno de ellos empezase a formarse en dicha materia, pues si no, tendrían muchos más problemas en el futuro.
Era por la tarde, lejos del atardecer aun pero no en el momento en el que el sol está más elevado. La playa de Jaya estaba despejada y al fondo, a lo lejos pero aun visible, el Jagd Hund con el resto de nuestros... compañeros, si podía llamarse así a un montón de empleados y los dos amigos del chico. Aunque de forma innegable estaba empezando a tomarles algo de cariño, por el momento, no quería tener que lamentar más pérdidas en el futuro y me seguía mostrando algo reticente.
El muchacho comenzó a hablar, mucho, como siempre. Empezó preguntándome que quién era el tipo de Arabasta, algo que parecía que había estado dándole vueltas en la cabeza desde entonces, y a continuación comenzó a explayar un discurso que ya había escuchado antes: Su preocupación por la muchacha que iba con él. Trataba de definirla como alguien puro ajeno a la realidad del mundo y sin la capacidad de defenderse realmente del peligro. Su preocupación iba más allá de la integridad de la chica, y pasaba por la capacidad ofensiva de ella. Aunque su confianza en la chica era enorme, él mismo era quien le estaba poniendo los topes y los límites.
En el reino animal, las crías no cazan mientras están cazando por ellas.
— Oe — dije cuando se atrevió a decir que la chica podría ganarme si se lo proponía — ¡Wryy ha ha ha ha! — reí seguidamente, divertido por la seguridad del muchacho — Mirar tanto hacia el futuro te puede sacar de la perspectiva del presente chico — añadí, y chasqueé la lengua de forma mucho más sonora que de costumbre al no estar amortizado el sonido por mi casco. Entonces comencé a caminar haciendo un gesto con la mano para que me acompañase — Mira chico — empecé a decir, pensando bien en las palabras que iba a decir — Si tú plantas una semilla en una maceta pequeña, esa planta va a crecer hasta que sus raíces se hayan distribuido por la tierra que tiene disponible, y después se estancará. Si quieres que siga creciendo deberás transplantarla a una maceta más grande, para que las raíces tengan más espacio y se alarguen, puedan brotar más ramificaciones al ser más largas, y en definitiva absorban más nutrientes y hagan que la planta sea más grande — traté de explicar sin mirarle en ningún momento — Pues Gwendolyn es una semilla plantada en un berrie de tierra — añadí para completar la metáfora, y entonces dirigí mis ojos hacia él — Es decir, que Gwendolyn no puede crecer... porque tú no le dejas hacerlo — volví a mirar al frente, hacia el resto de la costa — Tienes miedo a que sea ella la que tenga un brazo roto, y lo entiendo... yo también amé así, hace mucho tiempo... — tragué saliva mirando en dirección opuesta a la que estaba el muchacho, y tras media decena de segundos de silencio, continué hablando volviendo a mirar al frente — Pero para que ella se haga fuerte, tiene que librar sus propias batallas. Para que descubra el mundo y la maldad que hay en él, tiene que sufrir esa maldad en algún momento. Si tratas de protegerla de todo y de todos, y si no tiene preocupaciones porque TÚ irás a salvarla, nunca pasará de ser una semilla a ser una flor — finalicé, entrecerrando los ojos para mirar hacia la lejanía donde la costa se perdía — Yo abandoné mi tierra, con el confort y la comodidad más absoluta, sólo porque estaba aburrido y quería ser reconocido por mis propios méritos y no los de mi familia. Y cuando salí al mundo, era mucho, mucho más débil que Gwendolyn — paré de caminar y miré hacia el muchacho de frente — Esto me puso en mi sitio — dije señalando la cicatriz de mi rostro — Y esto me demostró que seguía necesitando una maceta más grande — señalé entonces la junta entre Emperor y mi piel — Pero me hizo ser quien soy ahora, y poder vencer a aquel hombre que tanto interés te despierta en Arabasta — entonces llevé mi mano hacia la escayola del chico y la agarré con fuerza, mirándole a los ojos — Esto te ha demostrado tu escalón — apreté mis dedos y partí la escayola haciendo que los cachos cayesen al suelo enterrándose en la arena — Y ahora deberías centrarte en subir al siguiente, no en ver por qué escalón va Gwendolyn. Ella seguirá su propia escalera — solté el brazo del chico y comencé a caminar nuevamente en la dirección que estábamos siguiendo — Quieres ser su escudo y estás siendo su prisión, Rojo — chasqueé la lengua de nuevo, sin parar de caminar.
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