02-05-2026, 06:53 PM
La gentil muchacha se agachó para acariciar mi rostro, si no fuese por mis gruesas escamas, se podría apreciar cómo me ponía colorado de la vergüenza, después de todo, siempre he sido una tortuga tímida. Mi rostro estaba acostumbrado a otras cosas, como golpes de criminales, de mis compañeros en los entrenamientos (Especialmente de Enji) y sobre todo alguna que otra paliza propinada por mis superiores a causa de mis ocurrencias.
Miyori parecía estar dispuesta a ayudarme en mi intrincada misión. La joven chica demostraba un gran carácter a la hora de ayudar a los demás, sin dudas tenía corazón para ser un miembro de la Marina, pero no podía sugerirle algo como eso a una pobre muchacha que vive una plácida vida en la isla y que además no sabe nadar… —Es una pena…— Pensé mientras masticaba aquellas deliciosas algas.
La miraba fijamente mientras parecía buscar en su mente la ubicación para encontrar aquel gran tesoro. —¡El muelle! Claro ¿Cómo no lo pensé antes?— Dije con un aire de autocrítica. Sin dudas un muelle era el lugar idóneo para buscar, ahora recordaba como los tabiques que se encontraban junto al mar siempre estaban llenos de lapas, percebes y otros moluscos encaramados a los mismos, no sería una locura encontrar allí lo que andaba buscando.
Lastimosamente, el camino era largo desde nuestra ubicación hasta el muelle, y a medida que el sol se ocultaba por el horizonte también se atenuaba la luz que nos alumbraría el camino, podría ser peligroso tropezarse entre las rocas —Muy bien ¡Sube en mi caparazón! Mis compañeros dicen que es muy cómodo para viajar, jejeje— Mis patas eran duras y estaban acostumbradas a caminar por todo tipo de superficies.
El camino fue tranquilo, la brisa del verano era agradable y estaba acompañada de la melodiosa canción que entonaban las pequeñas olas al chocar contra la costa. Con un escenario tan apacible, me pareció oportuno sacar un tema de conversación que me estaba picando desde hace un rato —Miyo ¿Eres de Baterilla? Nunca había conocido a alguien de aquí que no supiera nadar— A mi mente venía la imagen de Akira mencionando que desde que comí la fruta ya no podía nadar a pesar de ser un gyojin. —Yo tampoco puedo nadar desde que comí cierta fruta, supongo que Enji igual jajaja—
Finalmente, tras una caminata de unos veinte minutos, y con el sol ya completamente fuera de vista, dejando ver tan solo una pincelada de color naranja que era tragada por la oscuridad del firmamento, pudimos alcanzar a ver el muelle de Baterilla. Desde la distancia se podía apreciar como los marineros recogían sus pertenencias para dar por concluido su día de trabajo, y desde nuestra posición se escuchaban las disputas entre compañeros de trabajo —Jajajaja, siempre tan animados—
Miyori parecía estar dispuesta a ayudarme en mi intrincada misión. La joven chica demostraba un gran carácter a la hora de ayudar a los demás, sin dudas tenía corazón para ser un miembro de la Marina, pero no podía sugerirle algo como eso a una pobre muchacha que vive una plácida vida en la isla y que además no sabe nadar… —Es una pena…— Pensé mientras masticaba aquellas deliciosas algas.
La miraba fijamente mientras parecía buscar en su mente la ubicación para encontrar aquel gran tesoro. —¡El muelle! Claro ¿Cómo no lo pensé antes?— Dije con un aire de autocrítica. Sin dudas un muelle era el lugar idóneo para buscar, ahora recordaba como los tabiques que se encontraban junto al mar siempre estaban llenos de lapas, percebes y otros moluscos encaramados a los mismos, no sería una locura encontrar allí lo que andaba buscando.
Lastimosamente, el camino era largo desde nuestra ubicación hasta el muelle, y a medida que el sol se ocultaba por el horizonte también se atenuaba la luz que nos alumbraría el camino, podría ser peligroso tropezarse entre las rocas —Muy bien ¡Sube en mi caparazón! Mis compañeros dicen que es muy cómodo para viajar, jejeje— Mis patas eran duras y estaban acostumbradas a caminar por todo tipo de superficies.
El camino fue tranquilo, la brisa del verano era agradable y estaba acompañada de la melodiosa canción que entonaban las pequeñas olas al chocar contra la costa. Con un escenario tan apacible, me pareció oportuno sacar un tema de conversación que me estaba picando desde hace un rato —Miyo ¿Eres de Baterilla? Nunca había conocido a alguien de aquí que no supiera nadar— A mi mente venía la imagen de Akira mencionando que desde que comí la fruta ya no podía nadar a pesar de ser un gyojin. —Yo tampoco puedo nadar desde que comí cierta fruta, supongo que Enji igual jajaja—
Finalmente, tras una caminata de unos veinte minutos, y con el sol ya completamente fuera de vista, dejando ver tan solo una pincelada de color naranja que era tragada por la oscuridad del firmamento, pudimos alcanzar a ver el muelle de Baterilla. Desde la distancia se podía apreciar como los marineros recogían sus pertenencias para dar por concluido su día de trabajo, y desde nuestra posición se escuchaban las disputas entre compañeros de trabajo —Jajajaja, siempre tan animados—

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