02-05-2026, 09:04 PM
―De verdad que eres de lo que no hay… ―mi sonrisa se amplió con suavidad ante aquellas palabras y mi mirada viajó hasta el mar cuando él bajó la cabeza, negando con ella, y traté de darle su espacio―. Así no vas a llegar a ningún lado, pequeña Nyri. ―Sin embargo, logró así despertar mi curiosidad y no pude evitar mirarlo de reojo―. Eres demasiado cursi.
Si no hubiera suspirado, habría reído divertida por aquella conclusión. Sin embargo, por aquel único instante, me pareció que estaba secuestrado por algo… y yo no habría sabido decir si era su mente o su corazón. O quizás no tenía nada que ver y yo estaba simplemente sobrepensando…
―Quizás tengas razón ―respondí finalmente tras varios segundos, con una cálida sonrisa en los labios antes de llevar la mirada de nuevo al mar―. Aunque yo prefiero decir que soy simplemente sincera~.
Esperaba que aquel ligerísimo tono juguetón final lo hiciera sentir un poco mejor, quizás devolviéndolo un poquito más al presente. Sin embargo, si lo que necesitaba era más tiempo en silencio, no sería yo quien se lo arrebataría.
No pude evitar mirarlo nuevamente con curiosidad cuando fue a rebuscar algo en su bolsa. Por un momento me preocupé un poquito. ¿Quizás lo habría terminado de poner incómodo sin querer? Sin embargo, la inquietud se disipó cuando, con el puño aún cerrado, se acercó un poquito más a mí… ¡¿para decirme que soy tonta en mi inteligencia?!
No pude evitar fruncir un segundo el ceño, queriendo preguntarle a qué se refería, pero todo aquel pensamiento se esfumó en cuanto me di cuenta de que parecía costarle seguir hablando. ¿Estaba bien…?
Como una señal a mi pregunta interna, el viento trajo la luz de las luciérnagas brillando como pequeñas estrellas a nuestro alrededor… aunque no lo hicieron tanto como el gesto y las palabras de Shin al mostrar la pulsera.
Mi sonrisa se amplió, feliz de su respuesta a mi petición. Tomé la pulsera con suavidad, y entonces sus siguientes palabras pasaron a ser las sostenidas por la brisa del mar.
―Me haré fuerte ―me abroché la pulsera al tiempo que respondía con un tono similar―. Y aunque no llegue a serlo tanto como tú, te aseguro que seré tan útil que no querrás dejarme atrás.
Feliz, me apoyé de nuevo sobre la madera, con la cola moviéndose de lado a lado a mis espaldas y con la emoción contenida en mi energía y en la mirada mientras observaba la preciosa pulsera.
―Gracias, Shin. Por darme esta oportunidad. No te arrepentirás.
Si no hubiera suspirado, habría reído divertida por aquella conclusión. Sin embargo, por aquel único instante, me pareció que estaba secuestrado por algo… y yo no habría sabido decir si era su mente o su corazón. O quizás no tenía nada que ver y yo estaba simplemente sobrepensando…
―Quizás tengas razón ―respondí finalmente tras varios segundos, con una cálida sonrisa en los labios antes de llevar la mirada de nuevo al mar―. Aunque yo prefiero decir que soy simplemente sincera~.
Esperaba que aquel ligerísimo tono juguetón final lo hiciera sentir un poco mejor, quizás devolviéndolo un poquito más al presente. Sin embargo, si lo que necesitaba era más tiempo en silencio, no sería yo quien se lo arrebataría.
No pude evitar mirarlo nuevamente con curiosidad cuando fue a rebuscar algo en su bolsa. Por un momento me preocupé un poquito. ¿Quizás lo habría terminado de poner incómodo sin querer? Sin embargo, la inquietud se disipó cuando, con el puño aún cerrado, se acercó un poquito más a mí… ¡¿para decirme que soy tonta en mi inteligencia?!
No pude evitar fruncir un segundo el ceño, queriendo preguntarle a qué se refería, pero todo aquel pensamiento se esfumó en cuanto me di cuenta de que parecía costarle seguir hablando. ¿Estaba bien…?
Como una señal a mi pregunta interna, el viento trajo la luz de las luciérnagas brillando como pequeñas estrellas a nuestro alrededor… aunque no lo hicieron tanto como el gesto y las palabras de Shin al mostrar la pulsera.
Mi sonrisa se amplió, feliz de su respuesta a mi petición. Tomé la pulsera con suavidad, y entonces sus siguientes palabras pasaron a ser las sostenidas por la brisa del mar.
―Me haré fuerte ―me abroché la pulsera al tiempo que respondía con un tono similar―. Y aunque no llegue a serlo tanto como tú, te aseguro que seré tan útil que no querrás dejarme atrás.
Feliz, me apoyé de nuevo sobre la madera, con la cola moviéndose de lado a lado a mis espaldas y con la emoción contenida en mi energía y en la mirada mientras observaba la preciosa pulsera.
―Gracias, Shin. Por darme esta oportunidad. No te arrepentirás.
