03-05-2026, 08:42 AM
Hyak podía hacerse el estúpido y debilucho la mayoría del tiempo, pero en su mente tenía claro que no era débil, por el contrario…entrenaba casi a diario, se mantenía en buena forma, sabía bien que su fuerza podía llegar a ser abrumadora para cualquier persona común y corriente y…sí…ahí estaba la clave… ¿Desde cuándo Maki era común y corriente? Para empezar… ¡ERA UNA MALDITA IGUANA! ¿A cuántas personas conocía que pudieran transformarse en un animal? No a muchos…no…de hecho, no podía recordar a ninguno.
Habría chasqueado la lengua si pudiera, pero no, no podía. Tuvo que limitarse a morder con fuerza el interior de los labios, tanto que empezaba a romper su carne. Esta vez, aunque fue impulsado por su mala maña, lo cierto es que la mordedura era para evitar ¿Gritar? ¿Si quiera podía hacerlo? No, claro que no podría, no mientras su cuello estuviera aprisionado por la cola de iguana de su compañera de tripulación.
No podía reclamarle, no podía quitársela de encima. Su agarre era tan potente, o más, que él de él…pero…si la soltaba…No, no podía soltarla. Apretó aún más sus dientes, sintió el sabor de la sangre y, en ese momento, sus ojos entreabiertos divisaron los charcos de sangre y carne que bañaban los pisos del laboratorio. Él podría terminar así si flaqueaba. Maki no estaba en sus cinco sentidos. Definitivamente, tenía que resistir más…solo un poco más.
Y vaya que creyó que podía hacerlo, pero las cosas siempre tienden a torcerse en el último minuto ¿No es así?
Si pudiera hablar, de su boca saldría un sonido de sorpresa, pero ahora, lo único que pudo hacer fue abrir sus ojos como luna llena al sentir que estaba sosteniendo bracitos…No…patitas. No tuvo que demorar mucho para entender lo que ocurría y; sin embargo, eso no le sirvió de nada, pues lo siguiente que tuvo frente a sus ojos fue el brillo de un arma que lo hizo soltar a la mujer/iguana tal como alguien soltaría un cuenco de agua caliente: rápido, sin demora.
Ojalá las cosas hubieran terminado ahí, pero no.
Aunque soltó a la iguana, lo cierto es que el arma alcanzó a cortar su ropa, justo sobre su pecho. En ese momento deseó haber cargado una vestimenta más gruesa porque, a pesar de lo acolchado del abrigo, el tanto fue capaz de llegar tan hondo que el médico sintió el ardor de una herida de la que empezaba a brotar sangre que manchaba su ropa. ¡GENIAL! Tendría que botar más de sus prendas…a este paso tendría que contratar secuestrar a un sastre para que le confeccionara ropa nueva cada semana.
Retrocedió un par de pasos. Soltó un quejido bajo y, de repente, se dio cuenta de que por fin podía respirar: Él había soltado a Maki y ella lo había soltado a él. No sin antes dejarle un pequeño recuerdo en su pecho, claro.
El médico se inclinó sobre sus rodillas, vio la sangre salir, pero en lugar de centrarse en detener la hemorragia, prefirió tomar una gran bocanada de aire. No, no es que no se preocupara por su herida, es que no era tan profunda como para ser una prioridad, por el contrario…detener a Maki escalaba en lo alto de su lista de prioridades en ese momento.
¿Qué podía hacer?
Vio la danza sangrienta que se desenvolvía con crudeza delante de él… ¿Y qué hacía mientras tanto? Nada.
No le importaban esas personas. No era un héroe ni pretendía serlo.
Vio la distracción de aquella horda de dementes como una oportunidad… ¿Pero para qué? No pensaba escapar, más que nada porque no sabría como regresar por su cuenta al barco, además…Era Maki quien debía protegerlo… ¡No podía dejarla así! No podía perder en esas circunstancias a un activo tan valioso.
Berries.
Escuchó la palabra salir varias veces de la boca de la pequeña iguana.
Berries…
Eso la distraía.
Sí, que se quedara con el botín, a él no le importaba, además…así podría buscar una manera de calmarla…pero… ¿Cómo?
Miró a su alrededor. Solo había sangre, tubos de ensayo rotos, probetas, pipetas…cualquier cosa que se encontraría en un laboratorio y, de repente, algo captó su atención.
En una esquina, justo en un sitio que aún no había sido alcanzado por los daños, se encontraba, intacta, aunque algo salpicada de sangre, una pecera…una bastante grande. No estaba muy lejos de Maki, así que…solo le quedaba una cosa por hacer: Intentar calmarla con agua fría.
En silencio caminó hasta la pecera, en donde descubrió, al acercarse, que los peces parecían marinos y no de agua dulce; sin embargo, no asoció aquello con nada en particular. Solo tomó la pecera en sus manos y, con cuidado, caminó hacia donde Maki chiquita parecía embelesada con las monedas de los desdichados que se habían topado con ella.
Cuando estuvo cerca, tanto que pisó un charco de sangre fresca que venía justo de uno de los tipos que Maki acababa de matar, el médico, sin pensar en los pescados en el interior, vertió el agua sobre la iguana y, luego, dejó caer la pecera. Esta se quebró, rodeando a la iguanita de vidrios rotos, mientras que el médico dio un salto para quedar a siete metros de Maki.
—¡Hey! ¡Despierta! Debemos irnos de aquí ¿Sabes? ¡Es suficiente! No encontramos nada y dudo que lo hagamos en medio de este caos ¡Escúchame! ¡Sé que aún queda algo de razón en ti! ¡Agh! Ya sé, podría darte más de esos berries si vienes conmigo —. Una verdad a medias, porque en cuanto llegaran al barco, el médico pretendía tomar muestras de la sangre de Maki solo para comprobar que clase de droga es la que había entrado en su sistema y, por supuesto empezar a estudiarla para saber como mejorarla…Estaba seguro de que haría un mejor trabajo que cualquiera de esos científicos insulsos de ese laboratorio.
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