[EVENTO LOCAL- ALAS NEGRAS] Con tuercas y a lo loco.
#3
Día 60 de Otoño, año 17 – 06:00 am
Camarote de Kenzo, Solar Karma.

El habernos pasado casi siete millones de años en aquel lugar, yendo y viniendo por provisiones, no fue por una decisión propia. Estabamos a ojos de nuestros enemigos, pero ocultos, sintiendo su sombra y sin ser detectados. Estábamos en esa fina linea, que era mucho más incómoda de lo que parecía, pero que nos hacía estar despiertos y activos, mejorando día a día. En este tiempo encontré algo que ni mucho menos esperaba, y no era otra cosa que espacio para pensar sin interrupciones, sin combates constantes y con la única necesidad de demostrarme a mí mismo todo lo que valía. Pasaba mis horas en mi camarote, escribiendo mis pensamientos rodeado de muchos frascos e insectos, y luego en la cubierta, meditando, entrenando y sin hablar con casi nadie. Me vino genial apartarme de ese “ruido”, de ese ojo mediático que nos perseguía por todos lados. En este tiempo desarrollé aquel adictivo hábito, el de leer. Y es que no sólo leía sobre insectos, bichos y fauna en general, sino que leía sobre estrategia, medicina, comportamiento animal, incluso, lo que más me llamó la atención, historia y relatos de antiguos exploradores. Mi biblioteca fue ampliándose poco a poco, y cada cosa nueva que aprendía, era una nueva visión sobre el mundo. Sentía que cada vez que escribía en ”La enciclopedia definitiva de bichos”, algo dentro de mí crecía, y no eran más que mis ansias de mejorar. Ahora sabía quien era, a donde iba y lo más importante, sabía porque hacía cada cosa.

Como pasaba a diario, me desperté muchísimo mas temprano que el resto de mis compañeros y amigos, cuando el barco aún seguía roncando y aún no había terminado de amanecer. Ese silencio que se prolongaba en el Solar Karma, me pertenecía. Me vestí rápidamente para salir a entrenar, dejando que aquel aire frío me golpeara la cara con esa fuerza necesaria para despertarme completamente. Si había madurado en los últimos tiempos, también fue evidente mi cambio físico. Ahora era más ancho de hombros, con los músculos duros y con un peso mas basto. Era más alto que todos mis compañeros, bueno, que casi todos. Triana seguía midiendo como yo, o incluso un poco más. Pensar aquello me hizo sonreir mientras continuaba con las repeticiones. Unas cuantas flexiones, las dominadas que cada vez costaban menos, un poquito de trabajo de agarre... Todos esos ejercicios los ejecutaba con una precisión que rozaba la obsesión. Sin embargo, aunque hacía lo de siempre, aquella mañana no era una más. La sentía dentro de mi ser, y se respiraba completamente en el ambiente. Hoy era el día en que ibamos a cumplir lo que nos habíamos propuesto hace un tiempo. Ibamos a entrar en Punk Hazard, e ibamos a hacer ruido. Nos iban a escuchar. Terminé de entrenar y me dirigí a mi baño para ducharme y prepararme para la batalla. Una vez que me vestí, me equipé las manos y las piernas. En mi bolsa metí unos cuantos utensilios y me dirigí a cubierta. Estaba preparado para elevar el nombre de los Alas Negras a lo más alto.

Día 60 de Otoño, año 17 – 18:20 am
Selva de Punk Hazard.

Salimos del Solar Karma, y estuvimos andando por aquel camino durante un par de horas. El terreno iba cambiando a medida que hacíamos nuestros pasos: arena húmeda, tierra batida, e incluso tuvimos que sortear las raices de algunos árboles que se retorcían como serpientes. Y sin embargo, a pesar de ello, lo que me llamaba la atención no era aquel camino. Lo que me estaba llamando la atención eran aquellos bichos e insectos que estaban por absolutamente todos lados. Coloridos, brillantes, alados y de todos los tipos inimaginables. Aunque por fuera mantuve una postura completamente firme, sereno y controlado, por dentro estaba como un niño emocionado. Tenía ganas de cazar cada uno de los bichos, observarlos, anotar sus comportamientos, capturar cada uno de los detalles que podía ir observando... Y es que aquel lugar era un tesoro que se mantenía vivo, y yo... Yo pasando de largo como si no tuviera nada que ver. Suspiré y apreté con fuerza la mandíbula. Lo primero era nuestra misión, vencer a Utakata, y luego todo lo demás. Mientras continuabamos por el camino, la voz de nuestro querido Garnet rompió aquel silencio con su naturalidad, ofreciéndonos unos bento, que había preparado él para mantenernos por si nuestras fuerzas flaqueaban. Agarré el mío con confianza y le hice una leve reverencia de agradecimiento. Luego lo guardé en la pequeña bolsa que colgaba en mi espalda, y me aseguré que se quedara bien sujeto. -Muchas gracias, Garnet. Ahora que  mejoraste cocinando, se que esto es comestible. ¡Shajajajajajaja!- Dije bromeando, mientras reía ampliamente rompiendo la tensión acumulada que rodeaba el ambiente.

Aunque pasaron un par de horas, el trayecto se me hizo muy corto, bromeando con la tripulación. Frente a nosotros, una muralla nos observaba. Levanté la mirada lentamente, dejando que mis ojos recorrieran toda su estructura. Parecía imponente y fría, pero poco me importaba. Miré a un lado y a otro, observando los rostros de mis compañeros, y luego fijé mi mirada en la puerta de aquella muralla. -Sin miedo al éxito, chicos. Si necesitais ayuda, ya sabéis que soy el más fuerte de aquí. Avisadme y allí estaré.- La confianza salía de mi cuerpo por cada uno de los poros de mi piel. Por su lado, Garnet se agachó y ofreció a Triana y a Jolyne su espalda para que saltaran aquel muro juntos. Luego se giró a nosotros y nos dijo que nos buscaramos la vida. Bufé girando el rostro a otro lado, quitándole la mirada, inflando un poco mis mejillas, aunque con mi sonrisa aún dibujada. -Como si necesitara tu ayuda, vejestorio.- Fruncí el ceño con un gesto exagerado, flexionando mis piernas y preparándome para saltar. Sentía el suelo firme bajo mis pies, y ya estaba preparado para impulsarme, pero en el último momento, un sonido metálico y ruido de engranajes y maquinaria pesada comenzó a salir de la puerta de la muralla, que comenzaba a abrirse para nosotros. Aquello no era casualidad. Me erguí de inmediato, lentamente. Y sin dudarlo, di el primer paso hacia adelante. Nos estaban esperando, y no tenía ningún tipo de sentido hacerlos esperar de más.

El ambiente cambió de sobremanera una vez que cruzamos aquel portón. No me sorprendió en absoluto ver vida humana organizada en aquel lugar. Delante de nosotros se extendía un pequeño asentamiento. Y es que era lógico. El Shichibukai Utakata necesiba gente que le mantuviera sus tierras, que hiciera las funciones básicas de aquel lugar. Seguimos caminando por el camino que nos llevaba hacia la segunda muralla. A ambos lados del camino, se podían ver algunas casas sencillas, con huertos que estaban muy bien cuidados y con algunos animales de carga. Todo parecía normal, aunque la verdad es que si nos fijábamos en los campesinos, había algo que me erizaba el vello. En sus rostros se podían ver unas amplias sonrisas, pero unas miradas vacías y cansadas. Sin dudarlo un segundo, activé mi haki de observación en un radio de ochenta metros. Todas y cada una de las presencias dentro de mi radio, comenzaron a dibujarse en mi mente. Afinando un poco, pude distinguir los matices, y observé que no había agresividad ni hostilidad por parte de aquellos aldeanos. Al ver que no estaban dispuestos a atacar, seguí andando hacia adelante, sin detenerme.

Los campesinos parecían seguir a lo suyo. No hicieron ningún gesto brusco ni nos sostuvieron la mirada durante mucho tiempo. Solo tenían aquellas tétricas sonrisas que me daban un poco de mal rollo. Eran como una máscara mal colocada. Sonrisas demasiado perfectas, demasiado constantes. No nacían de una tranquilidad, eran permanentes. Seguí andando hasta que escuchamos el sonido del portón cerrándose a nuestras espaldas, haciendo que girara la cabeza por instinto. Ahora no había vuelta atrás, y eso, en vez de incomodarme, me hizo sentirme seguro. Volvía  dibujar una sonrisa en mi rostro. -Nos metimos en la boca del lobo, y ahora no hay escapatoria.- Moví el cuello de derecha a izquierda, haciendo que crujiera dandome cierta satisfacción, para acto seguido, dar un par de pequeños saltos sobre la punta de los pies mientras giraba los brazos desde los hombros, sintiendo como mi cuerpo respondía perfectamente preparado. Era el punto justo entre la calma y el caos. Seguí andando con decisión. Garnet sacó su guitarra y comenzó tocar, haciendo que la música quitara esa tensión, dándonos ese extra de motivación de ritmo y de vida. Pudimos ver como la segunda puerta se abría. -Aunque es raro que nos estén abriendo las puertas, lo que está haciendo el viejo Utakata es ahorrarnos tiempo. Al fin y al cabo, esto es lo que queríamos ¿No? ¡Shajajajajajajaja!- Dije sin bajar la guardia ni un solo segundo.

INFO
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO LOCAL- ALAS NEGRAS] Con tuercas y a lo loco. - por Kenzo D. Fujiwara - 04-05-2026, 12:30 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)