[EVENTO LOCAL- ALAS NEGRAS] Con tuercas y a lo loco.
#6
Esa noche di vueltas y vueltas en la cama de mi camarote. Una cosa era vivir a las costas de la isla de un señor con título aprovechándonos de su ubicación, y otra muy diferente era llamar a la puerta de su casa buscando camorra. Para mi desgracia, ya sabía que este día acabaría llegando tarde y temprano, y me había estado preparando para la acción. No solo había estado practicando mi tiro infalible, también había entrenado mi cuerpo haciendo arduas tareas de infiltración en los camarotes del resto de mis compañeros. No me gusta presumir de mis trofeos, pero no recordaba la cantidad de cosas que había tomado prestadas en mis tantas incursiones.

Cuando me quise dar cuenta, me había quedado dormida, levantándome justo a tiempo para preparar las últimas cosas antes de salir del barco. —Veamos… dije moviendo los dedos entre mi pequeño arsenal personal—. Tú… —dije cogiendo mi pistola y colocándola en el cinturón—. Tú…— dije cogiendo esta vez mi rifle y cargándolo al hombro—. Y… ¡Tú no! Quítate de ahí — dije espantando a Jimba con la mano, que se había colocado de forma inmóvil y mirando al frente justo al lado de mis armas como si fuera una más entre ellas—. Tenemos ahí fuera una cosa importante y tú tienes que quedarte protegiendo el barco, ya lo hemos hablado. Asegurándome de tener los cargadores llenos, metí el resto de munición y mis diales en el bolsillo y coloqué a Jimba en el suelo. — Vigila que no entre ni una rata, y si entran ya sabes el dicho: si no puedes contra tu enemigo, escóndete de él hasta que lleguemos, ¿me has entendido? Me bastó un cacareo de confirmación para quedarme tranquila. Apretándome el gorro contra la cabeza y contando por última vez mi colección de patatas, salí de la habitación dispuesta a lo que sea que estuviera a punto de ocurrir.

Garnet nos había preparado a todos uno de sus platos por si la cosa se alargaba, y sin dudarlo agarré mi parte. —No hay nada peor que tener que trabajar con el estómago vacío, y os lo dice alguien que estuvo sin comer durante un mes para ganar el concurso de perritos calientes— dije mientras lo ponía a buen recaudo.

La isla tenía una cantidad de recursos increíble, y la parte que nos era visible estaba muy desaprovechada para mi gusto. Todo era jungla salvaje y descontrolada, con mucha planta y muchos bichos. Se veía a la legua que ese Utakata tenía un problema importante de plagas por aquí, y que había permitido que la ley de la naturaleza fuera la que gobernara. Pero lo que estaba ahora mismo en nuestra mira no era el bosque, era la enorme edificación de metal que se escondía en medio de tanto hierbajo. En el camino pudimos hablar de nuestras cosas y, cuando me quise dar cuenta, ya estábamos ante la primera puerta que nos separaba de nuestro objetivo. Lo que nos esperaba al otro lado era todo un misterio. Lo único que sabía es que, con tanto ruido que hacían por las noches, no había quien pudiera dormir tranquila.

La puerta estaba plagada de carteles de aviso, igual que los que ponían en el pueblo cuando se moría un mapache ahogado en el pantano — aunque el agua estuviese perfectamente—. Garnet se ofreció a llevarnos tanto a Triana como a mí en su espalda y, aunque me acababan de fastidiar el rodeo en tigre, la puerta se abrió ante nosotros entre ruidos mecánicos. Miré a todos lados buscando una explicación. —¿En serio nadie ha tocado un timbre ni nada? ¿Cómo se supone que saben…? — Me quedé admirando lo que había detrás del muro. Un pueblo entero haciendo sus labores entre huertos y animales. —Fiu, fiu — silbé—. ¡Mira eso, Garnet! Este tío sabe lo que se hace. ¿Habéis visto los sembrados? Aquí se mueven granos. Aunque muchos de los habitantes nos miraban sonrientes, todos estaban centrados en sus tareas. Era bastante raro, pero no tanto como para que Garnet, Kenzo o Triana se pusieran en guardia. Nos abrimos paso entre el asentamiento, dejando que la puerta se cerrara a nuestras espaldas. Ya no había escapatoria. Nos acababa de acorralar en su cueva y la única forma de salir de allí era acabando con el oso.

Continuamos el camino que parecía que nos estaban marcado y así llegamos hasta la segunda muralla. Todos teníamos claro nuestro objetivo, pero llegados a este punto, era inevitable sentir la presión de no fallar el tiro. Estábamos en territorio hostil, y no hablamos de entrar en los terrenos del vecino para acortar un paseo. Por suerte, Garnet sacó su instrumento y con una canción consiguió animarnos a todos. También Triana nos recordó a todos por qué estábamos allí. Da igual que sepan que hemos llegado, y da igual que nos estén esperando.

Seguimos el sendero y a unas veinticinco vacas nos encontramos con una segunda puerta que nos mostraba la entrada a un verdadero castillo. Garnet se preparó con su transformación y yo no quería quedarme atrás. A partir de aquí, las cosas serían mucho más difíciles. Me coloqué mi sombrero y comencé a transformarme la mitad de camaleón. — Da igual lo que nos espere, cuando salgamos de aquí tenemos muchos tomates que plantar.

INFO

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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RE: [EVENTO LOCAL- ALAS NEGRAS] Con tuercas y a lo loco. - por Jolyne Jones - 04-05-2026, 11:48 PM

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