05-05-2026, 01:24 AM
(Última modificación: 05-05-2026, 01:28 AM por Kael Omuyaga.)
Día 42 de Verano, Año 17
Camina sin rumbo bajo la luz oscura de las estrellas. Aquella isla, lejos de poseer coloridos paisajes, verdes praderas o ciudades vivas y animadas, se muestra un inhóspito desierto en el que solo acecha el hambre, las temperaturas inclementes, y una soledad tan monumental que, hasta cierto punto, solo se puede ver invadida por presencias extremadamente hostiles a la espera de presas débiles que cazar, saquear y abandonar completamente a su suerte, solamente para dejarlos morir, uniéndose al ya enorme número de víctimas que, ya fuera por descuido o por completa ignorancia, terminan cobrándose el Grand Line.
Incluso previos al paraíso en el cielo, este mundo es muy diferente a todo lo que ellos acostumbran. Es precisamente por eso que el descuido del "responsable" podría costarle caro.
El uniforme lo llevó consigo en su salida de la casa, quizás por reflejo o costumbre, pero lo guardó allá donde nadie más que él puede llegar, olvidándose por completo del mismo, porque ni siquiera había pensado en él. En ese momento, con la luna alzada en el cielo, y algunas horas presentes de oscuridad que lo mantendrían lejos de toda responsabilidad, Kael salió del edificio en secreto con marcha felina. No imaginaba a ninguno de sus compañeros abrazando el profundo etéreo, pero necesita un momento de privacidad, y no se puede permitir generar inseguridad en sus compañeros.
No cuando más lejos necesita estar...
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lo que uno llega a sentir
Su mente ha comenzado a derrumbarse, una pequeña mezcla de impotencia y alivio anuda su garganta e inunda su cabeza tras el despertar de su compañero.
Tan solo han pasado dos días, pero finalmente tiene la capacidad de profundizar en lo sucedido. No se trata de analizar; no busca una forma de mejorar, ni tampoco una respuesta a lo que fue en aquel día una de sus peores misiones. En su mente, tan solo observa, rememora, y como un testigo ajeno, comprueba cada recuerdo.
Hay demasiado...
La disputa con su compañero conectó los primeros puntos. Nunca habían trabajado en equipo con su nueva división, y el paso de la estación primaveral hasta ese momento no les ha otorgado ni un solo espacio. Apenas ha tenido oportunidad de conocerlos, ¿y ya estaba dispuesto a ponerlos en riesgo?
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Dimitri St. George:
El primer contacto cercano con el más reciente de sus compañeros no fue solo una casualidad. Para Kael, una guardia no es más que una oportunidad para demostrar que la obediencia es la prima más requerida en este mundo. Es silencioso, educado, pero carente de emoción. Su único valor es el que le otorgan aquellos a los que mantienen a salvo con su mera presencia, pero no podría decir lo mismo de aquella vez.
Quizás fuera su forma de ser natural, o quizás una mera casualidad, pero en aquella ocasión tuvo la oportunidad de conocerlo un poco. Pudo intuir de inmediato el interés genuino que tenía en Hae-Won. Incluso si sus palabras eran medidas, no buscaban ocultar su verdad. No tenía miedo de mostrar que tanto puede llegar a apreciar su personalidad, observar sus facciones, ni tampoco el regocijo de haberse reencontrado con ella tras largos años separados.
En un hombre, eso no es una muestra de debilidad, sino el componente que le entrega la fortaleza para seguir adelante por más que el mundo le eleve hasta la montaña más alta, amenazando con tirarlo al abismo si no muestra una verdadera voluntad.
Tiene motivos para seguir luchando, y los suyos son motivo de orgullo y de respeto.
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Choi Hae-Won:
A diferencia del primero, la joven albina es, a sus ojos, la persona más misteriosa del grupo. Sus rasgos finos y delicados como una delgada capa de hielo no la convierten en alguien distante. Muestra una sintonía maternal, o tal vez como una hermana mayor, buscando mostrar ese sentido de protección gentil y preocupado sobre aquellos que más le importan.
Reservada en palabras y con poca expresividad, le ofrece un pensamiento concreto: No se basa en promesas, ni tan poco ofrece palabras vacías al viento. Ella desea entregarse en acciones sin importar si son pequeñas y detalladas, mientras con cada una de ellas ofrezca lo que tal vez no sepa decir, pero que anhela expresar con la gentileza de un abrazo, o el descaro de una bofetada en remordimiento.
Sin duda, es la contraparte necesaria de alguien dispuesto a sacrificar incluso lo que no tiene en sus manos con tal de seguir adelante; una dama que ofrece la calma incluso en mitad de la tormenta, y la fuerza que sólo se extrae de la voluntad más fuerte. Entrenada para servir, pero decidida a sobreponerse.
Para ellos, es solo una cuestión de tiempo...
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Nyra Kuroshiro:
En todo el blanco de su mente, Kael olvida los rostros de aquellos que no son sino piezas de un mundo que no le ofrece su sitio. Cuando juegas en silencio, caminas en solitario sin llamar la atención, observando los datos que ofrece aquel inmenso tablero en cada paso que da, y reteniendo tan solo la información que puede considerarse útil, necesaria, o aquella que no puede ignorar por más que desee hacerlo. La única imperfección que posee es su humanidad, y eso le hace conocer la teoría que ha elaborado con los años, pero que no puede llevar a cabo sin cometer, al menos, algún error de vez en cuando. Una pequeña excepción que confirma la regla del juego.
Nyra fue la primera a la que no pudo olvidar.
En la Marina, pocos son aquellos que entregan una ayuda sin pedir nada a cambio. No se trata de una petición, sino de un acto natural en los seres vivos que los mantiene en supervivencia. Tal vez se trata de una amistad, quizás de una conversación más informal, o puede que un cambio de turno para cubrir una necesidad personal, pero siempre hay algo que viene en cadena al conocer a una persona. Con ella, nunca tuvo un momento así.
Sus iris de un profundo negro conectaron con los aguamarina en más de una ocasión durante su estancia conjunta en la misma base de la Marine, quizás cómplice, o tal vez educados, pero nunca entregándose para algo más. La falta de contacto no le hizo olvidar la gentileza de sus enseñanzas en la cocina, ni tampoco la energía que desbordaba por cada poro. Ninguna de sus características tenían nada de especial para él, porque nada de eso tenía utilidad en el mundo al que él busca pertenecer.
Pero entonces…¿por qué? ¿Hay algún motivo por el que ella sea esa primera singularidad?
No. No tiene ningún motivo en especial; no hay algo que le haga fijarse más en ella, ni tampoco la ve de una forma única ni sentimentalista. El rostro de la Humink es un recuerdo que guarda porque no es cómo los demás, y es capaz de hacerse notar incluso cuando está en completo silencio.
Su única emoción viene cargada de ironía, porque el destino la ha puesto a su lado cuando las infinitas opciones apuntaban a que sus caminos no debían haberse vuelto a cruzar en primer lugar.
“En un mar de infinitas posibilidades sin sentido, es lo irregular lo que termina entreteniendo a Dios”.
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Aquellos tres compañeros a los que aún tiene -por mucho- que conocer no son otra cosa sino una nueva prueba en su camino en el que solo camina de frente, sin luz que lo guíe ni más motivación que la que lo hizo emprender aquella senda para el resto de sus días. Tal vez sean un pequeño pasatiempo, un momento más que puede no percibir como hostil, y quizás pueda comenzar a entender algo nuevo.
No…no es capaz de pensar que sea tan pobre la razón; no con tanta casualidad. Es imposible que se hayan reunido en su camino fragmentos que son capaces de hacerle sentir algo.
Respeto por alguien con motivos nobles para luchar.
Curiosidad por aquella que el destino parece hilado desde el principio al de otra persona.
Agradecimiento por una persona a la que encuentra distinta, pero no como una debilidad.
…y sufrimiento por el que es una debilidad que lo haría entregar hasta su última gota de aliento y fragmento de su alma, pero que no tiene ni la más mínima capacidad de proteger.
Cada uno de ellos tiene la capacidad de enseñarle, de manera directa o indirecta una lección distinta que ni siquiera es capaz de vaticinar, pero tan presentes y claros como el sol que asciende cada mañana en el cielo.
Y todo ese camino había llegado a su fin.
Así pensó que acabaría todo. Creyó que cada posible promesa interna, cada posibilidad abierta ante sus ojos, cada paso que imaginó tener que avanzar, se habían desvanecido por completo el día que su amigo falleció.
El mundo le quitó el último apoyo que lo ancla al mundo de los mismos, ejerciendo así su sempiterna voluntad tan caprichosa y narcisista, sin que nadie pudiese resistirse ni objetar algo en contra.
La dirección universal finalmente decidió dar un paso atrás, y otorgarle dicho momento tan solo como una advertencia de que son ellos los únicos que deciden lo más importante:
Quién vive y quién muere, siempre terminará siendo en su juicio.
La brisa helada del viento nocturno sólo refuerza una ausencia que cada pequeño instante se acerca hasta el núcleo de su fortaleza, y poco a poco, hace temblar los cimientos de alguien que no tiene forma alguna de reparar lo que ha desaparecido, lo que estuvo a punto de perder una vez más frente a sus ojos…
Y sin saberlo lo lleva a lo más profundo del vacío al que jamás llegará a adentrarse.
Así que quizás
....sí que haya tomado una mala decisión.
