Mi cuerpo se inclinaba hacia el enmascarado a toda velocidad mientras intentaba aguantar el calor que nos rodeaba. Tenía una habilidad curiosa y peligrosa... ¿habría comido una Fruta del Diablo como yo o emitiría esa temperatura con algún dispositivo extraño? Quizá fuera lo segundo, por eso iba con esa máscara tan extraña, quizá llevaba algún tipo de traje especial para aguantar las altas temperaturas, o vete a saber qué. Pero fuera lo que fuese deseaba de corazón tener esa habilidad que estaba demostrando tener aquel tipejo. Sonreí durante un instante en el que creía que mi cuerpo iba a ser capaz de resistir ese ambiente abrasador, pero nada más lejos de la realidad. Detuve mi movimiento porque sentí por un momento que si seguía moviéndome iba a morir, algo no iba bien. Notaba como el aire caliente se metía por mi nariz y me quemaba por dentro, incluso notaba como mis extremidades temblaban y los ojos me quemaban, como si estuvieran a punto de derretirse.
Me detuve porque no podía más, pero como un rayo algo me golpeó con una fuerza abrumadora. Hice todo lo posible para no moverme ni un milímetro de mi posición, pero no fui capaz, al menos no del todo. Aquel golpe sorpresa no me desplazó del sitio, pero terminé por hincar la rodilla izquierda en el suelo. El caliente sudor que recorría mi cara se mezcló con la sangre que me había provocado aquel golpe, sangre que parecía comenzar a hervir casi nada más salir de mi cabeza. Aquella mezcla comenzó a meterse dentro de mis ojos, me dolía todo el cuerpo y no me sentía con fuerzas de continuar peleando. Me limpié los ojos con la manga de mi camisa y vi a Peixe de cerca, parecía estar muerto. Mientras aquel enmascarado hablaba con Triana le toqué la cara a aquel gracioso y vivaracho pulpo.
-Al final no pude salvarte amigo mío... -susurré mientras le cerraba los párpados para que pudiera descansar en paz. -Lo siento mucho.
Hoy había muerto una gran persona, alguien que no quería problemas. Ya sabemos a qué nos exponemos cuando nos declaramos piratas. Mi sueño egoísta había matado a Peixe, tenía mucho en lo que pensar.
Con una facilidad sorprendente me puse en pie, proyectando una gigantesca sombra sobre aquel tipo que ocultaba su rostro, ya que el Sol se encontraba a mi espalda. Le miré fijamente, me hubiera encantado verle la cara pero no fue posible. Me giré, dándole la espalda y comencé a caminar con tranquilidad hacia Triana.
-Envaina las espadas, nos vamos nosotros. -le dije, casi sin fuerza en mi voz mientras me acercaba a ella. -Lo siento... -me disculpé cuando estuve a su lado, dejando caer mi mano izquierda sobre su hombro derecho. -No he podido...
Ahora no sólo tenía sudor y sangre recorriendo mi rostro, las lágrimas se hacían hueco y una herida en lo más profundo de mi corazón se abría, fría y dolorosa. Nos fuimos de ahí, dejando el cuerpo de Peixe en el suelo.
Me detuve porque no podía más, pero como un rayo algo me golpeó con una fuerza abrumadora. Hice todo lo posible para no moverme ni un milímetro de mi posición, pero no fui capaz, al menos no del todo. Aquel golpe sorpresa no me desplazó del sitio, pero terminé por hincar la rodilla izquierda en el suelo. El caliente sudor que recorría mi cara se mezcló con la sangre que me había provocado aquel golpe, sangre que parecía comenzar a hervir casi nada más salir de mi cabeza. Aquella mezcla comenzó a meterse dentro de mis ojos, me dolía todo el cuerpo y no me sentía con fuerzas de continuar peleando. Me limpié los ojos con la manga de mi camisa y vi a Peixe de cerca, parecía estar muerto. Mientras aquel enmascarado hablaba con Triana le toqué la cara a aquel gracioso y vivaracho pulpo.
-Al final no pude salvarte amigo mío... -susurré mientras le cerraba los párpados para que pudiera descansar en paz. -Lo siento mucho.
Hoy había muerto una gran persona, alguien que no quería problemas. Ya sabemos a qué nos exponemos cuando nos declaramos piratas. Mi sueño egoísta había matado a Peixe, tenía mucho en lo que pensar.
Con una facilidad sorprendente me puse en pie, proyectando una gigantesca sombra sobre aquel tipo que ocultaba su rostro, ya que el Sol se encontraba a mi espalda. Le miré fijamente, me hubiera encantado verle la cara pero no fue posible. Me giré, dándole la espalda y comencé a caminar con tranquilidad hacia Triana.
-Envaina las espadas, nos vamos nosotros. -le dije, casi sin fuerza en mi voz mientras me acercaba a ella. -Lo siento... -me disculpé cuando estuve a su lado, dejando caer mi mano izquierda sobre su hombro derecho. -No he podido...
Ahora no sólo tenía sudor y sangre recorriendo mi rostro, las lágrimas se hacían hueco y una herida en lo más profundo de mi corazón se abría, fría y dolorosa. Nos fuimos de ahí, dejando el cuerpo de Peixe en el suelo.
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![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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