07-05-2026, 03:55 PM
Si el segundo portón no había confirmado que Utakata había reservado audiencia para la tripulación de los Alas Negras, la enorme reja que bloqueaba el acceso a su “palacio” desmintió que aquella perfecta sincronización entre los mecanismos de acceso fuera fruto del azar. Tobías caminó hacia su interior sin voluntad propia, embobado como un personaje de dibujos animados tentado por el embaucador aroma de una tarta de manzana enfriándose en el poyo de una ventana. El largo y ancho pasillo que se encontraron los piratas, estaba perfectamente iluminado, todo estaba construido sobre acero. Al carpintero, la monocromía le parecía el ambiente más adecuado para enfocarse en el trabajo. Además, estaba enamorado de la cuidada simetría que reinaba en general. Le parecía el lugar perfecto para crear. Cada vez admiraba más la obra de aquel enigmático científico, cosa que le hacía enfadar, pero la balanza estaba hablando.
Al final del pasillo apareció una amplia sala octogonal. Parecía un “hall” para dar acceso a las diferentes áreas del lugar. Tobías leyó atentamente los carteles que sostenían cada una de las ocho compuertas, creando un mapa mental de todo lo que abarcaba aquel laboratorio, a nivel científico. En el centro del suelo de aquella sala, se encontraban el logotipo y el nombre de la institución, confirmando al vaquero que allí se hacían robots con tintes orgánicos. Androides. Tobías alucinaba con el nivel de sofisticación y tecnología que abundaba el lugar, y eso que solo había visto la portada. - ¡Pfff! ¡Jish jish jish! - La espontaneidad del músico no dejaba de sorprender al joven barba naranja, interrumpiendo el análisis a distancia que estaba haciendo de uno de los paneles situados a la derecha de cada puerta. - Aspros lo habría empezado a pintar desde fuera, y a estas alturas ya estaríamos rodeados de máquinas de guerra. - Esa idea se materializó en la mente del vaquero, imaginando todo tipo de robots amenazantes, y él, escudriñando su tecnología de cerca.
Tobías no pudo llegar a responder a la pregunta que le había formulado Kenzo, pues una voz comenzó a sonar de forma omnipresente en aquella sala. Parecía joven, enérgica, con un entusiasmo contagioso, algo que al carpintero le chocó bruscamente, llegando a plantearse que fuera la voz de un ayudante del científico. Pero no, el que hablaba era el mismo doctor Utakata, pues confirmó que les daba la bienvenida a su laboratorio y les daba las gracias por colaborar en sus experimentos. - Así que quieres jugar con nosotros. ¿Verdad, Utakata? - Barba naranja siguió escuchando con atención aquello que les quería transmitir el veterano Shichibukai. No podía dejar de sorprenderse con su joven voz sabiendo que aquel genio tenía más años que la pandereta. La puerta número cuatro se abrió frente a los muchachos, y narrando lo que sucedía, el anfitrión les forzó a cruzarla soltando un gas morado en el interior de la sala octogonal en la que estaban. Por lo que dijo de la procedencia del venenoso gas, Tobías comenzó a vislumbrar la posibilidad de que aquel genio loco fuera capaz de sintetizar las habilidades que otorgaban las frutas del diablo, hilando eso con el comentario que había hecho antes aludiendo a que los piratas eran unos buenos sujetos para sus experimentos. Era demasiado para procesar con calidad, lo que parecía obviar el científico era la indomabilidad de los Alas Negras. Eso no significa que fueran tontos, tras la confirmación parcial de Jolyne sobre la veracidad de las palabras del Shichibukai, todos avanzaron por la puerta número cuatro y cruzaron el umbral a la siguiente estancia. Así se cerró la puerta tras los piratas, Utakata celebró la forzada colaboración. Para el vaquero, eso sólo demostraba lo pirado que estaba, semejante parafernalia solo para asegurar que tomaran aquel camino. Con lo fácil que hubiera sido pedírselo sin más, ya habían cruzado tres puertas por voluntad propia y como no iban a hacerlo con la cuarta, que además era la número cuatro. Esas casualidades numéricas le encantaban al carpintero.
Según citaba el cartel, esa era el área donde supuestamente se investigaba sobre energía y autonomía. Tobías se preguntaba cómo querría el científico aprovechar las habilidades de la tripulación de cara a desarrollar sistemas de energía autónoma. Trabajar ahí tenía que ser increíble, pero al muchacho le abrumaba semejante despliegue de medios. Él era incapaz de comprender la gran mayoría de entresijos que se estaban desarrollando en aquel lugar, estaba a años luz de ese saber. No le dio tiempo a hacerse demasiadas preguntas sobre la utilidad de aquella nueva sala, Utakata iba por faena. “Stage 01, campo de pruebas balístico.” Una sala con una plataforma en medio que hacía de interruptor para abrir la siguiente y la llave era cualquiera de los miembros de la banda pirata. - Tiene ojos, oídos y boca en todas las salas. - Advirtió barba naranja a sus compañeros al cerciorarse que en aquel habitáculo también había cámaras y altavoces. Utakata confirmó las sospechas que tenía Tobías acerca de sus intenciones con ellos. Quería mejorar al Dr. Omp y a la asociación Neurona, la cual había presidido en el pasado, mejorando el proyecto S.E.E.D. del cual no sabía mucho el vaquero, hasta ese momento. Otorgar habilidades del diablo a esos androides. Era una mezcla peligrosa, una hazaña ambiciosa.
Ahora tocaba decidir quién se quedaba en esa sala, pero Jolyne ahorró el trámite al presentarse como voluntaria. Si la prueba era de balística, ella era la mejor, a Tobías solo le preocupaba lo desorganizada que era y se acercó a la muchacha. - Toma, por si las moscas. - Le ofreció algo de munición, para que no hiciera corta. - Demuéstrale que no te llaman Gatillo Loco sin motivo. Nos vemos después. - Le dedicó una sonrisa y se dirigió hacia la puerta que conducía a la siguiente estancia con intención de cruzarla.
Al final del pasillo apareció una amplia sala octogonal. Parecía un “hall” para dar acceso a las diferentes áreas del lugar. Tobías leyó atentamente los carteles que sostenían cada una de las ocho compuertas, creando un mapa mental de todo lo que abarcaba aquel laboratorio, a nivel científico. En el centro del suelo de aquella sala, se encontraban el logotipo y el nombre de la institución, confirmando al vaquero que allí se hacían robots con tintes orgánicos. Androides. Tobías alucinaba con el nivel de sofisticación y tecnología que abundaba el lugar, y eso que solo había visto la portada. - ¡Pfff! ¡Jish jish jish! - La espontaneidad del músico no dejaba de sorprender al joven barba naranja, interrumpiendo el análisis a distancia que estaba haciendo de uno de los paneles situados a la derecha de cada puerta. - Aspros lo habría empezado a pintar desde fuera, y a estas alturas ya estaríamos rodeados de máquinas de guerra. - Esa idea se materializó en la mente del vaquero, imaginando todo tipo de robots amenazantes, y él, escudriñando su tecnología de cerca.
Tobías no pudo llegar a responder a la pregunta que le había formulado Kenzo, pues una voz comenzó a sonar de forma omnipresente en aquella sala. Parecía joven, enérgica, con un entusiasmo contagioso, algo que al carpintero le chocó bruscamente, llegando a plantearse que fuera la voz de un ayudante del científico. Pero no, el que hablaba era el mismo doctor Utakata, pues confirmó que les daba la bienvenida a su laboratorio y les daba las gracias por colaborar en sus experimentos. - Así que quieres jugar con nosotros. ¿Verdad, Utakata? - Barba naranja siguió escuchando con atención aquello que les quería transmitir el veterano Shichibukai. No podía dejar de sorprenderse con su joven voz sabiendo que aquel genio tenía más años que la pandereta. La puerta número cuatro se abrió frente a los muchachos, y narrando lo que sucedía, el anfitrión les forzó a cruzarla soltando un gas morado en el interior de la sala octogonal en la que estaban. Por lo que dijo de la procedencia del venenoso gas, Tobías comenzó a vislumbrar la posibilidad de que aquel genio loco fuera capaz de sintetizar las habilidades que otorgaban las frutas del diablo, hilando eso con el comentario que había hecho antes aludiendo a que los piratas eran unos buenos sujetos para sus experimentos. Era demasiado para procesar con calidad, lo que parecía obviar el científico era la indomabilidad de los Alas Negras. Eso no significa que fueran tontos, tras la confirmación parcial de Jolyne sobre la veracidad de las palabras del Shichibukai, todos avanzaron por la puerta número cuatro y cruzaron el umbral a la siguiente estancia. Así se cerró la puerta tras los piratas, Utakata celebró la forzada colaboración. Para el vaquero, eso sólo demostraba lo pirado que estaba, semejante parafernalia solo para asegurar que tomaran aquel camino. Con lo fácil que hubiera sido pedírselo sin más, ya habían cruzado tres puertas por voluntad propia y como no iban a hacerlo con la cuarta, que además era la número cuatro. Esas casualidades numéricas le encantaban al carpintero.
Según citaba el cartel, esa era el área donde supuestamente se investigaba sobre energía y autonomía. Tobías se preguntaba cómo querría el científico aprovechar las habilidades de la tripulación de cara a desarrollar sistemas de energía autónoma. Trabajar ahí tenía que ser increíble, pero al muchacho le abrumaba semejante despliegue de medios. Él era incapaz de comprender la gran mayoría de entresijos que se estaban desarrollando en aquel lugar, estaba a años luz de ese saber. No le dio tiempo a hacerse demasiadas preguntas sobre la utilidad de aquella nueva sala, Utakata iba por faena. “Stage 01, campo de pruebas balístico.” Una sala con una plataforma en medio que hacía de interruptor para abrir la siguiente y la llave era cualquiera de los miembros de la banda pirata. - Tiene ojos, oídos y boca en todas las salas. - Advirtió barba naranja a sus compañeros al cerciorarse que en aquel habitáculo también había cámaras y altavoces. Utakata confirmó las sospechas que tenía Tobías acerca de sus intenciones con ellos. Quería mejorar al Dr. Omp y a la asociación Neurona, la cual había presidido en el pasado, mejorando el proyecto S.E.E.D. del cual no sabía mucho el vaquero, hasta ese momento. Otorgar habilidades del diablo a esos androides. Era una mezcla peligrosa, una hazaña ambiciosa.
Ahora tocaba decidir quién se quedaba en esa sala, pero Jolyne ahorró el trámite al presentarse como voluntaria. Si la prueba era de balística, ella era la mejor, a Tobías solo le preocupaba lo desorganizada que era y se acercó a la muchacha. - Toma, por si las moscas. - Le ofreció algo de munición, para que no hiciera corta. - Demuéstrale que no te llaman Gatillo Loco sin motivo. Nos vemos después. - Le dedicó una sonrisa y se dirigió hacia la puerta que conducía a la siguiente estancia con intención de cruzarla.
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![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
