08-05-2026, 04:33 AM
(Última modificación: 08-05-2026, 05:40 AM por Maki D. Zen'in.)
Maki era una caja de sorpresas, sobre todo cuando estaba acorralada comenzaba a moverse en paralelo a su parte consciente, su parte animal. una parte que se sentía en completa conexión con ella misma, con su fruta, con sus armas, con todo lo que podía ser. Su cola, sus manos, sus garras, su lengua y sus espinas cervicales, todo para ella era un arma y no se dejaría amedrentar por un agarre mas poderoso que ella, por un golpe que le haga sangrar o por una cortada que le traiga consecuencias a futuro. Maki era. Indomable. Caótica y ahora estaba emputada.
Ooooo berris… todos míos… salió de su pequeña mente… deseaba robarlos, para si, como si algo animal dentro de ella creciese en verdad. Algo primitivo. Tanto como el amor por el dinero. Su comportamiento básico cambio producto de la droga. Esta vez se había librado del doctor. Gracias a su tamaño, a su cola que le brindaba estabilidad diferente a la de cualquier otra criatura y a su inmensa habilidad potenciada por la fruta del diablo. Ya había matado a muchos en este laboratorio, quizás era hora de dejar de investigar, era hora de salir de acá. Pero Maki aun no era ella misma.
Su cola, aunque pegaba como si fuera un mazo, también tenia una punta filosa, cortaba como un bisturí recién comprado y sus técnicas de golpe podían ser peligrosas, estaba en aprietos si no fuera porque se lanzó directo a ellos. El astuto doctor vio algo de ayuda, una de pecera, antes Maki había usado una especie de fuerza invisible, algo que ella misma clasificaba como su arte de la guerra. Algo tan potente que aún le costaba dominar, pero aun así pareció asociar a ese sentimiento con algo de impresión de sorpresa. Quizás por eso los dinos afectados antes se liberaron de su malvado sueño de carnicería.
El chorro de agua fría le removió el espinazo, el frio le embargo y le contagio de algo que se llama abrupto despertar que comúnmente esta acompañado de un sollozo casi lamentable en todo el cuerpo como si te abandonase por unos instantes como si un cristal se rompiese la fantasía de ser un verdadero dragón se rompió frente a sus ojos, el calor de la fuerza incontenible que le dolía en el interior desapareció de pronto… ☼HyAaaAAKk?☼ Le salió torpemente mientras se sacudía el frio del agua. ☼BeRiIeEsSSSsssss?☼ Surgió una especie de sonrisa amplia y llena de colmillos afilados. Dios cuanto amaba el dinero.
Un piquete, ligero pero notorio… se rasco con la pata trasera como si fuera u n cachorro y rugió en dirección desde donde le habían disparado. En forma humana no lo hubiera notado, pero en forma iguana sí que lo hacía pues estaba más inmersa en sus instintos y sensaciones animales.
—Waaaaa ttthhh…— Maki despertó con los ojos pegoteados, uno a diferente tiempo que el otro… tenía sed… mierda tenía mucha sed, con lentitud se lamio los labios como si tuviera caramelo en ellos, sentía la lengua larguísima y le dolía todo el cuerpo como si hubiera estado en tensión todo el tiempo. De pronto se encontró atada a una silla… —PERO que cojones no es martes!!!... GRrrrrr— Se remeció otra y otra vez y cayo de lado golpeándose la cara contra el suelo… —HEY HEY!! ¡¡¡Quien putas eres desgraciado!!! ¡¡¡Te matare te matare hasta que mueras cabron!!!— Maki era una escandalosa, lo cierto era que casi no tenia fuerzas y solo se podía limitar a quedarse ahí con el hocico pegado al suelo.
—Dios… a veces odio mi vida…— Se resigno a merced del tirador… un viejo lesbiano enmascarado que le apuntaba con un arma… a su lado podía… si… era Cherry. Que estaba haciendo… vamos haz algo desgraciado. Pensaba para si misma al limite de su paciencia. pero estaba atenta si este tipo les mentía ella lo descuibriria.
Ooooo berris… todos míos… salió de su pequeña mente… deseaba robarlos, para si, como si algo animal dentro de ella creciese en verdad. Algo primitivo. Tanto como el amor por el dinero. Su comportamiento básico cambio producto de la droga. Esta vez se había librado del doctor. Gracias a su tamaño, a su cola que le brindaba estabilidad diferente a la de cualquier otra criatura y a su inmensa habilidad potenciada por la fruta del diablo. Ya había matado a muchos en este laboratorio, quizás era hora de dejar de investigar, era hora de salir de acá. Pero Maki aun no era ella misma.
Su cola, aunque pegaba como si fuera un mazo, también tenia una punta filosa, cortaba como un bisturí recién comprado y sus técnicas de golpe podían ser peligrosas, estaba en aprietos si no fuera porque se lanzó directo a ellos. El astuto doctor vio algo de ayuda, una de pecera, antes Maki había usado una especie de fuerza invisible, algo que ella misma clasificaba como su arte de la guerra. Algo tan potente que aún le costaba dominar, pero aun así pareció asociar a ese sentimiento con algo de impresión de sorpresa. Quizás por eso los dinos afectados antes se liberaron de su malvado sueño de carnicería.
El chorro de agua fría le removió el espinazo, el frio le embargo y le contagio de algo que se llama abrupto despertar que comúnmente esta acompañado de un sollozo casi lamentable en todo el cuerpo como si te abandonase por unos instantes como si un cristal se rompiese la fantasía de ser un verdadero dragón se rompió frente a sus ojos, el calor de la fuerza incontenible que le dolía en el interior desapareció de pronto… ☼HyAaaAAKk?☼ Le salió torpemente mientras se sacudía el frio del agua. ☼BeRiIeEsSSSsssss?☼ Surgió una especie de sonrisa amplia y llena de colmillos afilados. Dios cuanto amaba el dinero.
Un piquete, ligero pero notorio… se rasco con la pata trasera como si fuera u n cachorro y rugió en dirección desde donde le habían disparado. En forma humana no lo hubiera notado, pero en forma iguana sí que lo hacía pues estaba más inmersa en sus instintos y sensaciones animales.
—Waaaaa ttthhh…— Maki despertó con los ojos pegoteados, uno a diferente tiempo que el otro… tenía sed… mierda tenía mucha sed, con lentitud se lamio los labios como si tuviera caramelo en ellos, sentía la lengua larguísima y le dolía todo el cuerpo como si hubiera estado en tensión todo el tiempo. De pronto se encontró atada a una silla… —PERO que cojones no es martes!!!... GRrrrrr— Se remeció otra y otra vez y cayo de lado golpeándose la cara contra el suelo… —HEY HEY!! ¡¡¡Quien putas eres desgraciado!!! ¡¡¡Te matare te matare hasta que mueras cabron!!!— Maki era una escandalosa, lo cierto era que casi no tenia fuerzas y solo se podía limitar a quedarse ahí con el hocico pegado al suelo.
—Dios… a veces odio mi vida…— Se resigno a merced del tirador… un viejo lesbiano enmascarado que le apuntaba con un arma… a su lado podía… si… era Cherry. Que estaba haciendo… vamos haz algo desgraciado. Pensaba para si misma al limite de su paciencia. pero estaba atenta si este tipo les mentía ella lo descuibriria.
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