09-05-2026, 11:50 PM
Dejando a Jolyne atrás con su prueba personal, los otros miembros de los Alas Negras, presentes en aquel laboratorio, avanzaron hasta la siguiente estancia. Todos confiaban ciegamente en la mejor tiradora de los cinco mares, cero preocupaciones. Como de costumbre, la puerta se cerró tras ellos al cruzarla, dando paso a la siguiente sala. Era muy similar a la anterior, pero las paredes equiláteras, formando un cuadrado perfecto. Igual que en la anterior, lo único que había era una plataforma, pero sobre esta había un cubo de acero, el cual fue el objetivo de un pequeño misil, generando una pequeña explosión y forzando al carpintero a cubrir su rostro por inercia. Por suerte para todos fue inofensiva, solo generó una columnita de humo con forma de tarta de cumpleaños. Tobías no entendió el motivo de aquello, solo el comentario del músico dibujó un etéreo motivo plausible. - George Enmanuel Michael Sararene Utakata. - No pudo evitar corregir a su hermano, manías del carpintero. Si el Dr. Utakata jugaba al despiste, era bueno. Si estaba loco, era el mejor en el campo. Basándose en lo que iba viendo, el vaquero determinó que no iba a servir de nada intentar prever sus movimientos, lo mejor que podía hacer era adaptarse a lo que fuera a venir.
Las palabras del científico clarificaron algo la utilidad de aquel nuevo habitáculo. “Stage 02. Cámara de filtración de líquidos.” Según afirmó, allí se analizaban las distintas capacidades de los fluidos. Obviando los poderes ocultos de Garnet, a Tobías le pareció que al doctor le interesaba la habilidad del Heredero del Diablo, pues otra vez tenía que quedarse uno en la plataforma para que el resto avanzara. Si tanto parecía saber aquel Shichibukai sobre los Alas Negras, nada debía estar siendo manipulado por las manos del caprichoso Azar. Sin mediar palabra, el joven Kenzo arrancó la caminata a paso firme en dirección a la plataforma. Desde ella proclamó al anfitrión, sin vacilar, que no se andara con rodeos y fueran al grano. Su valor y su fuerza crecían a cada segundo de forma desmesurada. A Tobías se le dibujó media sonrisa llena de orgullo. - Enséñale de qué eres capaz, “pequeñajo”. - La sonrisa se completó. - Nosotros haremos lo que nos corresponde también. - Simplemente remarcó las palabras de Triana, pero sentía lo mismo y quería exteriorizarlo. Todos confiaban en todos, era un verdadero lujo de tripulación.
Los sujetos J-26 y K-19 ya estaban situados. G-29, T-31 y T-32 solo tenían que avanzar hacia la siguiente estancia por la puerta que había abierto el más joven de la tripulación. Aquella manera de sintetizarlo todo, hasta los nombre de sus sujetos de pruebas, el carpintero comenzaba a ver lo que era un genio volcado en sus ambiciones y proyectos, alguien que tiene el tiempo medido para todo y, seguramente, duerma lo justo para poder dedicar su entera existencia a cumplir sus propósitos. Estaba claro que Utakata quería realizar cinco experimentos aislados simultáneamente. Garnet devolvió al vaquero al mundo terrenal. - Doctor George Enmanuel Michael Sararene Utacata. - Otra vez no pudo evitarlo. - Si con “dárselas” te refieres a pelear contra él, creo que lo haremos indirectamente cada uno de nosotros. No creo que él se vaya a ensuciar las manos personalmente. - Tobías se recolocó el sombrero mientras recordaba las palabras del doctor. Solo uno de ellos podría reunirse con él y le otorgaría un premio en forma de petición. Eso segundo tendría que ser discutido entre todos, aunque Tobías tenía bien claro que iba a pedirle. - Pero, sí. Si no os importa, me gustaría tener esa audiencia con él. - La posibilidad de hablar con una mente tan privilegiada y científica, era un aliciente más para seguir adelante. Tobías comenzó a caminar hacia la siguiente estancia más motivado que nunca.
Las palabras del científico clarificaron algo la utilidad de aquel nuevo habitáculo. “Stage 02. Cámara de filtración de líquidos.” Según afirmó, allí se analizaban las distintas capacidades de los fluidos. Obviando los poderes ocultos de Garnet, a Tobías le pareció que al doctor le interesaba la habilidad del Heredero del Diablo, pues otra vez tenía que quedarse uno en la plataforma para que el resto avanzara. Si tanto parecía saber aquel Shichibukai sobre los Alas Negras, nada debía estar siendo manipulado por las manos del caprichoso Azar. Sin mediar palabra, el joven Kenzo arrancó la caminata a paso firme en dirección a la plataforma. Desde ella proclamó al anfitrión, sin vacilar, que no se andara con rodeos y fueran al grano. Su valor y su fuerza crecían a cada segundo de forma desmesurada. A Tobías se le dibujó media sonrisa llena de orgullo. - Enséñale de qué eres capaz, “pequeñajo”. - La sonrisa se completó. - Nosotros haremos lo que nos corresponde también. - Simplemente remarcó las palabras de Triana, pero sentía lo mismo y quería exteriorizarlo. Todos confiaban en todos, era un verdadero lujo de tripulación.
Los sujetos J-26 y K-19 ya estaban situados. G-29, T-31 y T-32 solo tenían que avanzar hacia la siguiente estancia por la puerta que había abierto el más joven de la tripulación. Aquella manera de sintetizarlo todo, hasta los nombre de sus sujetos de pruebas, el carpintero comenzaba a ver lo que era un genio volcado en sus ambiciones y proyectos, alguien que tiene el tiempo medido para todo y, seguramente, duerma lo justo para poder dedicar su entera existencia a cumplir sus propósitos. Estaba claro que Utakata quería realizar cinco experimentos aislados simultáneamente. Garnet devolvió al vaquero al mundo terrenal. - Doctor George Enmanuel Michael Sararene Utacata. - Otra vez no pudo evitarlo. - Si con “dárselas” te refieres a pelear contra él, creo que lo haremos indirectamente cada uno de nosotros. No creo que él se vaya a ensuciar las manos personalmente. - Tobías se recolocó el sombrero mientras recordaba las palabras del doctor. Solo uno de ellos podría reunirse con él y le otorgaría un premio en forma de petición. Eso segundo tendría que ser discutido entre todos, aunque Tobías tenía bien claro que iba a pedirle. - Pero, sí. Si no os importa, me gustaría tener esa audiencia con él. - La posibilidad de hablar con una mente tan privilegiada y científica, era un aliciente más para seguir adelante. Tobías comenzó a caminar hacia la siguiente estancia más motivado que nunca.
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