[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación)
#3
[personajeinvalido=3577]

Sorprendido, Kibai dejó morir las palabras en su boca la ver como Bertrug se esfumaba a toda velocidad. ¿Qué demonios había pretendido aquel tipo? No solamente no había movido ni un músuclo con las mismas avispas que habían espantado al resto, sino que ahora se escapaba a todo correr en cuanto habían hecho unas cuantas preguntas...

Mirando de reojo hacia Stroud, el mink sonrió para sí. Aunque era una máscara pétrea para casi todo el mundo, tras tantos meses embarcados juntos, Kibai comenzaba a ser capaz de entender los leves gestos que equivaldrían a gritos a pleno pulmón en otras personas. Acercándose a él, le puso una mano en el hombro mientras el comandante seguía mirando en la misma dirección en la que aquel individuo había huido.

— No se preocupe, señor, creo que he estado lo suficientemente cerca de él como para captar su aroma. No es que el tipo destaque especialmente por su higiene. Creo que podría seguir su rastro dado el caso, pero creo que ahora tenemos cosas más apremiantes de las que ocuparnos, si usted me entiende. — dijo mirando hacia la niña que se encontraba junto a Bertram.

La pequeña les pidió ayuda para si madre, la cual al parecer estaba enferma, así que, tras intercambair un par de mirdas entre sus compañeros, todos parecieron estar de acuerdo en prestarle ayuda en la medida que les fuese posible. Siguiendo a la niña, Kibai, Stroud y Bertram salieron de la ciudad hacia el páramo helado de Drum.



Tras un buen rato de caminata, Kibai alcanzó a ver por fin las reveladoras estelas de humo gris que indicaban la presencia de un asentamiento. De acuerdo con las palabras de su joven guía, aquel se trataba del pueblo de Gyasta. Como confirmación de aquello, tras un par de cientos de metros encontraron un cartel de madera clara, cubierto de nieve en toda la parte superior, con el nombre de GYASTA escrito en grandes caracteres negros, justo encima de una flecha que indicaba la dirección a seguir.

Gyasta resultó ser un lugar hermoso, a su manera. El pueblo no era demasiado grande, apenas un puñado de casas humildes, pero bien construidas, sin duda diseñadas para aguantar las copiosas tormentas de nieve que azotaban constantemente la región. Junto a las últimas casas del pueblo, una gran extensión de agua helada ayudaba a completar el paisaje. El lago tenía una forma ovalada, casi perfectamente regular, y a aquellas horas de la mañana, con el sol aún brillando en el cielo despejado entre nevada y nevada, podían adivinarse las figuras de varios lugareños deslizándose sobre el hielo del lago.

Sin embargo, lo que más sorprendió a Kibai fue el enorme árbol que se encontraba en la cima de una de las lomas cercanas al pueblo. Habiendo salido de Little Garden, dónde todo tenía un tamaño exageradamente grande, casi lo hubiese pasado por alto, de no ser porque en aquella ocasión, aquel árbol era por lo menos tres o cuatro veces más alto que el resto, y como mínimo diez veces más grueso, de tal forma que empequeñecía a todo lo que tenía a su alrededor. De inmediato, el instinto de Kibai le pidió a gritos escalar hasta su cima para estudiar como se veía el paisaje desde su copa, pero tenían un deber que cumplir, al fin y al cabo.

Mientras se internaban en el pueblo y saludaban discretamente a los habitantes, Kibai iba tomando mentalmente nota de la distribución de la ciudad, fijandose en los callejones entre las casas para tratar de dirimir las mejores rutas de interceptación en caso de emboscadas o persecuciones. No era algo que de verdad el molestase, ya que las casas, contruidas de una sola planta para conservar mejor el calor, apenas llegaban como mucho a los cinco metros en el punto más alto de los empinados tejados diseñados para evitar la acumulación de nieve, una altura que el mink podía alcanzar sin demasiados problemas de un solo salto. No obstante, aquella actividad le gustaba, afilaba su percecpción y a fuerza de repetición lo había convertido en una rutina que procuraba seguir a rajatabla.

Cuando Stroud les hizo un gesto a Bertram y a él, el mink asintió levemente, y con la discreción que había aprendido a tener, fue liberando las diez avispas que había alojado en el forro de pelo de su capa, una cada dos pasos que daba. Los insectos volaron rapidamente hacia los tejados de las casas, cinco a cada lado, moviendose por encima de la vista de los aldeanos. Al desplegarse de esta manera, Kibai esperaba que los insectos pasases mucho más desapercibidos que en la desafortunada situación de Sakura.

Procurando seguir caminando como si nada, Kibai observaba de reojo a izquierda y derecha, viendo como la decena de avispas iba pasando de una en una por los tejados circundantes, manteniendose fuera de la vista en la medida de lo posible. Cuando finalmente la pequeña les indicó la casa dónde vivían, Kibai con un gesto de sus cejas distribuyó a las avispas por todo el tejado, vigilando los cuatro costados de la casa, con cuatro de ellas preparadas para acceder al interior, ya fuese a traves de la chimenea o de las ventanas en caso de que algún tipo de suceso extraño ocurriese en el exterior mientras accedían a la casa.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2570 + 0 = 2570
Energia: 2433 + 20 = 2453
Espiritu: 739 + 0 = 739


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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación) - por Kibai - 10-05-2026, 02:47 AM

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