[Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada
#11
Antes de emprender la marcha ni de aceptar siquiera el castillo como punto de reunión, Alhen ordenó que sus subordinados bajasen del barco, formasen en actitud militar y que bajasen algo. "Eso" lo llamó. "Eso" resultó ser una caja que bajaban cuatro individuos con solemnidad. Sus contenidos eran un misterio. La mirada de Bambú se desvió momentáneamente al gato que descendía con gracia detrás de los reclutas. Le gustaban los gatos, siempre le hubiera gustado tener uno, pero la vida revolucionaria parecía incompatible con el tema. No sabía cómo Alhen era capaz de gestionarlo teniendo una vida mucho más peligrosa que la del panda.

El viaje al castillo inició con un cigarrillo para cada uno de los presentes. Don Bambú no era un fumador habitual, pero disfrutaba de la nicotina ocasionalmente. Aceptó el cigarrillo con solemnidad y lo prendió mientras empezaba la marcha hacia el final de los misterios. Estaba nervioso, para qué mentir. Nunca se habría visto en la situación de compartir trayecto con una de las figuras más importantes del Ejército. Se podría decir que Alhen era su héroe, pero para Don Bambú todos los revolucionarios eran sus héroes. Cada camarada, desde los reclutas a la Comandante suprema, que echaron un vistazo al mundo y se levantaron para decir basta ante lo que observaron. Escuchaba en silencio lo que Alhen tenía que contarles. Eran historias anodinas. Un gato que se tumbaba donde no debía, un arroz pastoso, una lluvia inoportuna... Panda tenía una asombrosa capacidad para no perder la atención incluso ante las historias más insípidas, aunque no era invulnerable al aburrimiento. Le sorprendía los problemas tan... mundanos que podía llegar a tener una persona como aquella. El rey marino, sin embargo, le pilló desprevenido a pesar de que se esperase algo de aventura. ¿Ochenta metros? Ese bicho debía de ser bien fuerte. Recordaba con bastante claridad varios libros sobre el tema de los reyes marinos y los del Nuevo Mundo parecían ser de los peores del mundo, seguidos muy de cerca por aquellos que anidaban en el Calm Belt, quizás. Parecía que Alhen esperaba de ellos una respuesta ante aquel comentario y Don Bambú, tan elocuente como era, sólo pudo manifestar su sorpresa de una forma. —Cielos. —No era mucho, pero era trabajo honesto.

Según el puerto se alejaba, las paredes de la muralla exterior del castillo se hacían cada vez más grandes. Pasaron por encima del pequeño cráter que dejó el panda en su aterrizaje inicial, que le había parecido más grande cuando lo había provocado, y llegaron hasta la entrada. Fue allí donde la mayor parte de la procesión revolucionaria se detuvo, dejando en intimidad al trío delantero, al gato y a los cuatro reclutas que portaban la caja misteriosa. Se adentraron en el enorme edificio y Yoru, siguiendo fielmente sus instintos felinos, se fue a explorar a su aire los terrenos. Don Bambú reprimió las ganas de hacerle pspsps, porque no le parecía adecuado en aquella situación cada vez más seria. No quería importunar a Alhen con preguntas que sabía que no podría responder, al menos no de momento, de modo que guardó silencio hasta llegar a la sala donde iba a tener lugar la reunión. Era una sala pequeña y sencilla. Tenía dos sillones y una mesa y era bastante privada. Los reclutas dejaron la dejaron en el suelo, cerca de la mesa, y se marcharon cerrando la puerta tras ellos. Finalmente se habían quedado solos los tres revolucionarios de mayor rango. Como sólo había dos sillones y Alhen ya había ocupado uno, el panda se plantó de pie frente a la mesa encarando ambos sillones para no perder de vista a ninguno de los revolucionarios. Desactivó su kenbunshoku más avanzado y, con el fin de evitar indiscretos visitantes, activó su percepción extrasensorial básica en un radio de 100 metros para tener monitorizados a los posibles espías. Nunca se era lo bastante precavido.

Fue entonces cuando Alhen, ya sentado y listo para dar comienzo a la revolucionaria reunión, empezó a hablar con un tono de voz completamente distinto que sorprendió al panda. —¿Ha estado ocultando su verdadera personalidad todo este tiempo? —No podía decir que no tuviera lógica. Tragó saliva ante la mención de la comandante suprema y su orden de "reforzar todas las victorias". Casi no podía creer la situación en la que estaba. Finalmente, él, que había soñado toda su vida con algo así, viviendo el sueño de la revolución. Era raro lo real que parecía todo. Guardó un solemne silencio, inclinando su cabeza hacia delante y cerrando los ojos en dirección al suelo mientras escuchaba los nombres de los camaradas perdidos.

Beto el gigante ciego y gentil. Una suerte de monje religioso de 18 metros de altura.

Khruner el mink. Un miembro mucho más salvaje de la tribu de Bambú, pero que tenía el corazón en el lugar adecuado.

Nadja Alexeyeva la francotiradora de Arabasta. La conoció durante poco tiempo, pero lamentó su pérdida como el que más.

Zorak Ideale el dragón. Una pérdida sin duda infinitamente más dolorosa para Kisuke, pero a pesar de sus diferencias con él guardaba sus enseñanzas muy cercanas en el corazón.

El joven Enma. Antiguo portador del legendario poder que ahora tenía Kisuke. Un chico extremadamente sensible y que buscaba extender la causa por medios pacíficos.

Comilón McBacon, el gran mink inocente. A penas sabía nada del mundo, pero sus lealtades quedaron claras cuando posibilitó que el panda pudiera plantarle cara al PX-0 en Sabaody.

Oxxy Coon, el periodista. Era el único rival digno del sucio bastardo mentiroso de Intha. La daga que conservaba de él tenía un llavero con forma de pez muy bonito.

Alhen dejó de enumerar nombres, pero Don Bambú encontró otro en su memoria. El viejo Baraqqiel Saiga, al cual conoció muy brevemente en Dawn, en Villa Foosha. Nunca volvió a verle, pero fue la primera persona con la que le plantó cara a Kovashi. Y de hecho, de Kovashi iba el tema a tratar a continuación. Al parecer la mano del Ejército traía malas noticias para el mink, que levantó la cabeza y miró tenso a los ojos de su superior. Tras unos segundos, Alhen sacó de su capa un papel enrollado que desplegó sobre la mesa delante suya. Se trataba, para absoluto horror del mink, del cartel de wanted de Derya Tyhr, su amiga revolucionaria que le regaló su viejo y preciado manuscrito sobre la historia de la legendaria isla de Skypiea. Una cruz roja tachaba su rostro de esquina a esquina, una señal habitual para los carteles cancelados. La noticia le golpeó como el último puñetazo en un combate de boxeo. Se quedó ligeramente aturdido, sin saber muy bien qué sentir ni cómo responder. Un nombre más se añadía a la extensísima lista de brillantes estrellas revolucionarias que se apagaban.

Derya Tyhr, la alegre. Era la única pieza que le daba sentido al cuarteto revolucionario que salió de Dawn hacia el Grand Line. La única persona que los mantenía unidos de alguna forma mágica e incognoscible.

Y una vez más el panda se sentía culpable de la desgracia. Culpable por no haber ido a verla una última vez en Isla Gyojin. Culpable por no haber podido detener a Kovashi cuando tuvo la oportunidad en Sabaody, por no haber podido ayudarle en Little Garden. Culpable por no haber estado ahí cuando tenía que haber estado. Se dio cuenta de que su mano derecha le estaba doliendo a horrores y la aflojó, liberando un pequeño reguero de sangre que goteó discretamente sobre el suelo de piedra de la estancia. De la tensión se había clavado sus propias zarpas sin darse cuenta. —Derya... —Murmuró para sí mismo. Un nombre que ya nunca más traería respuesta. Alhen le ofrecía la posibilidad de lidiar con Kovashi de una vez por todas y Don Bambú no le dedicó más de un segundo al pensamiento. —La acepto, señor. —respondió con voz ronca.

Dicho lo cual, Alhen procedió con la siguiente parte del informe. Les dio la maravillosa noticia de que la Revolución había decidido inyectarles con recursos necesarios para convertir Mogaro en un bastión de la libertad revolucionaria. El dinero extraído del Gobierno por parte de Gol D. Ick, nada menos, iría directo a las arcas de Mogaro para lograr este objetivo construyendo el mayor astillero del Nuevo Mundo. Una sonrisa sincera hubiera cruzado el rostro del panda en este momento si no estuviera todavía aturdido por la catastrófica noticia de la muerte de Derya. Se acercaba el momento inevitable en el que todo el mundo entraría en guerra. Una guerra que no dejaría indiferente a nadie. La última de las noticias podría ser considerada la más importante. Iba a tener lugar una reunión en Báltigo. Prácticamente todas las fuerzas de la Revolución reunidas en un solo punto para reorganizar efectivos y comenzar con la guerra. Alhen permanecería con ellos por el momento y zarparía con ellos cuando fuera adecuado para asistir. La asistencia de Kisuke era obligatoria y, del mismo modo, también lo era la del Panda. Pero antes de eso. Antes de prender la llama que levantará los vientos del cambio, tenían que hablar, Alhen y él, de Kovashi.

—Será para mí un honor formar parte de todo esto, señor. Prometo estar a la altura de las circunstancias y prometo encargarme personalmente de nuestro ex-camarada. —Su voz, algo más clara que antes, todavía denotaba el profundo dolor que sentía. Guardó silencio para dejar que Kisuke hablase, pues era su turno de hacer aportación en calidad de Comandante de los Ejércitos del Oeste.

Datos
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12348 + 0 = 12348
Energia: 8545 + 0 = 8545
Espiritu: 3090 - 85 = 3005


Mensajes en este tema
RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - por Max D. Bambú - 10-05-2026, 03:48 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)