11-05-2026, 03:13 AM
El ambiente de la plaza era extraño. Demasiado tranquilo para la cantidad de tensión que parecía esconderse debajo de conversaciones casuales y miradas largas, Dean lo notó apenas llegó, lo hacía siempre. Había aprendido hacía años que la gente rara vez decía exactamente lo que pensaba. Y cuando alguien sí lo hacía… normalmente terminaba cuanto menos con problemas con la tan aclamada justicia o con los famosos piratas, al final eran dos caras de la misma moneda, una de la que no quiere pertenecer.
El peliblanco avanzó sin demasiado apuro entre los puestos y bancos de la plaza, con las manos escondidas dentro de las mangas de su ropa y aquella sonrisa distraída descansando en su rostro como si no tuviera una sola preocupación en el mundo. Todo era una fachada, siempre tenía demasiadas. Sus ojos se desviaron brevemente hacia la entrada de la biblioteca justo a tiempo para captar fragmentos de la conversación entre el rubio y aquellos hombres mayores: Justicia, orden, herramientas, disciplina... qué palabras tan potentes para pronunciarlas con tanta tranquilidad.
Dean no redujo el paso ni se quedó mirando demasiado tiempo; solo continuó caminando mientras escuchaba lo suficiente para formarse una idea rápida del chico, aunque tampoco es que aparentara menos edad que él: joven, idealista, convencido de que el sistema todavía podía arreglarse desde dentro (una tontería si le preguntan) y por ello... peligroso, no porque pareciera malo, a simple viste y de forma totalmente prejuiciosa parecía todo lo contrario, pero según su propia experiencia los peores eran normalmente los que de verdad creían estar ayudando.
Su mirada permaneció fija unos segundos sobre Akira mientras este se alejaba hacia el banco junto a la fuente, había determinación en él, una bastante genuina, eso le desagradaba un poco más de lo que quería admitir. Antes de tener la oportunidad de profundizar en sus sentimientos, el suelo tembló. Dean alzó apenas una ceja, luego otra vibración, y otra más. La plaza entera pareció reaccionar antes que él, algunas personas apartándose, otras mirando alrededor con nerviosismo y unos cuantos pájaros huyendo de los tejados como si presintieran un desastre natural.
El peliblanco giró lentamente la cabeza… hasta encontrarse con una sombra gigantesca cubriendo parte de la plaza. - …Ah. - parpadeó más veces de las que sus ojos necesitaban - Bueno, eso explica los temblores. - mencionó para si mismo.
Sus ojos recorrieron al gigante con una mezcla de curiosidad y cautela. La gorra marine llamó su atención casi de inmediato, primera vez que veía a un gigante y tenía que pertenecer a esta organización... Con la de ganas que ha tenido de conversar con uno desde que se enteró que de verdad existían, esa interesante conversación tendrá que esperar.
Últimamente los marines parecían salir debajo de las piedras cuando lo único que quería era evitarlos, observó en silencio toda la escena del helado durante unos segundos. El tendero parecía debatirse entre atender a un cliente o sufrir un infarto en el proceso, Dean incluso soltó una pequeña risa por la nariz cuando el gigante terminó señalando prácticamente todos los sabores amarillos disponibles. - Al menos intentó pagar… eso ya lo pone por encima de varios marines que he conocido. -Volvió a murmurar para sí mismo, aunque recordó un pequeño gran detalle, su vara con ellos estaba por el subsuelo.
Se quedó observando cómo el enorme sujeto avanzaba hacia la biblioteca mientras cada paso hacía vibrar los alrededores. como primera impresión, no le pareció alguien agresivo... Solo demasiado gigantesco para lo que su vista estaba acostumbrada, eso lo hacía extrañamente torpe en un modo casi hasta simpático, remarcando mucho el casi. Dean terminó acercándose a uno de los puestos cercanos de comida callejera, comprando algo pequeño solo para tener una excusa convincente para quedarse en la plaza sin parecer extraño ante cualquier que lo mirara con la suficiente atención.
Mientras recibía la comida, volvió a mirar de reojo tanto al gigante como al rubio del banco, dos marines, pero de perfiles completamente distintos, uno parecía una montaña con gorra, el otro todavía creía en la justicia de esta organización, no podía decidir cuál de los dos era el raro.
Algunos minutos después, el albino dio un pequeño mordisco a lo que acababa de comprar antes de dejar escapar un suspiro silencioso. - Supongo que incluso dentro de la Marina hay personas que todavía quieren creer en algo bueno… —murmuró, tras eso sonrió apenas y tuvo que hacer un esfuerzo por no estallar en risa ante su propio comentario, como si hubiera oído el chiste estrella del mejor comediante de los blues.
No dudaba en que había marines con buenas intenciones, pero ellos eran tan culpables como el peor de los marines. Todos son parte del sistema, algunos dicen querer cambiarlo desde dentro, siendo la manera más eficaz de hacerlo... Dean ignora cuantos habrán muerto creyendo que eso es posible. Él tenía pocas cosas claras en su vida, pero una de ellas, era que tanto la marina como el gobierno mundial debían caer, no debería quedar rastro de ellos, solo así se puede empezar a pensar en un cambio... Mientras tanto hay que adaptarse.
El peliblanco avanzó sin demasiado apuro entre los puestos y bancos de la plaza, con las manos escondidas dentro de las mangas de su ropa y aquella sonrisa distraída descansando en su rostro como si no tuviera una sola preocupación en el mundo. Todo era una fachada, siempre tenía demasiadas. Sus ojos se desviaron brevemente hacia la entrada de la biblioteca justo a tiempo para captar fragmentos de la conversación entre el rubio y aquellos hombres mayores: Justicia, orden, herramientas, disciplina... qué palabras tan potentes para pronunciarlas con tanta tranquilidad.
Dean no redujo el paso ni se quedó mirando demasiado tiempo; solo continuó caminando mientras escuchaba lo suficiente para formarse una idea rápida del chico, aunque tampoco es que aparentara menos edad que él: joven, idealista, convencido de que el sistema todavía podía arreglarse desde dentro (una tontería si le preguntan) y por ello... peligroso, no porque pareciera malo, a simple viste y de forma totalmente prejuiciosa parecía todo lo contrario, pero según su propia experiencia los peores eran normalmente los que de verdad creían estar ayudando.
Su mirada permaneció fija unos segundos sobre Akira mientras este se alejaba hacia el banco junto a la fuente, había determinación en él, una bastante genuina, eso le desagradaba un poco más de lo que quería admitir. Antes de tener la oportunidad de profundizar en sus sentimientos, el suelo tembló. Dean alzó apenas una ceja, luego otra vibración, y otra más. La plaza entera pareció reaccionar antes que él, algunas personas apartándose, otras mirando alrededor con nerviosismo y unos cuantos pájaros huyendo de los tejados como si presintieran un desastre natural.
El peliblanco giró lentamente la cabeza… hasta encontrarse con una sombra gigantesca cubriendo parte de la plaza. - …Ah. - parpadeó más veces de las que sus ojos necesitaban - Bueno, eso explica los temblores. - mencionó para si mismo.
Sus ojos recorrieron al gigante con una mezcla de curiosidad y cautela. La gorra marine llamó su atención casi de inmediato, primera vez que veía a un gigante y tenía que pertenecer a esta organización... Con la de ganas que ha tenido de conversar con uno desde que se enteró que de verdad existían, esa interesante conversación tendrá que esperar.
Últimamente los marines parecían salir debajo de las piedras cuando lo único que quería era evitarlos, observó en silencio toda la escena del helado durante unos segundos. El tendero parecía debatirse entre atender a un cliente o sufrir un infarto en el proceso, Dean incluso soltó una pequeña risa por la nariz cuando el gigante terminó señalando prácticamente todos los sabores amarillos disponibles. - Al menos intentó pagar… eso ya lo pone por encima de varios marines que he conocido. -Volvió a murmurar para sí mismo, aunque recordó un pequeño gran detalle, su vara con ellos estaba por el subsuelo.
Se quedó observando cómo el enorme sujeto avanzaba hacia la biblioteca mientras cada paso hacía vibrar los alrededores. como primera impresión, no le pareció alguien agresivo... Solo demasiado gigantesco para lo que su vista estaba acostumbrada, eso lo hacía extrañamente torpe en un modo casi hasta simpático, remarcando mucho el casi. Dean terminó acercándose a uno de los puestos cercanos de comida callejera, comprando algo pequeño solo para tener una excusa convincente para quedarse en la plaza sin parecer extraño ante cualquier que lo mirara con la suficiente atención.
Mientras recibía la comida, volvió a mirar de reojo tanto al gigante como al rubio del banco, dos marines, pero de perfiles completamente distintos, uno parecía una montaña con gorra, el otro todavía creía en la justicia de esta organización, no podía decidir cuál de los dos era el raro.
Algunos minutos después, el albino dio un pequeño mordisco a lo que acababa de comprar antes de dejar escapar un suspiro silencioso. - Supongo que incluso dentro de la Marina hay personas que todavía quieren creer en algo bueno… —murmuró, tras eso sonrió apenas y tuvo que hacer un esfuerzo por no estallar en risa ante su propio comentario, como si hubiera oído el chiste estrella del mejor comediante de los blues.
No dudaba en que había marines con buenas intenciones, pero ellos eran tan culpables como el peor de los marines. Todos son parte del sistema, algunos dicen querer cambiarlo desde dentro, siendo la manera más eficaz de hacerlo... Dean ignora cuantos habrán muerto creyendo que eso es posible. Él tenía pocas cosas claras en su vida, pero una de ellas, era que tanto la marina como el gobierno mundial debían caer, no debería quedar rastro de ellos, solo así se puede empezar a pensar en un cambio... Mientras tanto hay que adaptarse.
