11-05-2026, 11:39 PM
Y ahí es donde se equivocó. No ella, sino él, dejando una abertura por mostrar una imprudencia a la hora de revelar lo que piensa sin filtro. El entramado flujo de pensamientos que habían guardado silencio le jugó en contra, pues ahora se encontraba solo, armado tan solo con lo primero que le naciera, y no con aquello que llevaba trabajando desde el principio de los tiempos.
—¿Por qué sólo piensas en la Marina?
Tenía que rearmarse.
Pero ella había jugado una carta que hasta la fecha ni siquiera se había planteado.
—Ya te he dicho que soy la misma con y sin uniforme. Ni siquiera los llevamos puestos.
¿Por qué ha dado por hecho hasta ahora que la conocía? ¿Por qué, tras solo haber tenido la oportunidad de conocerse en una única ocasión, cree que sabe más de ella de lo que realmente conoce? ¿Qué le hace pensar que es capaz de ver a través de sus ojos?
El oasis estaba cerca, pero aquel pequeño paraíso en el desbordante acantilado de peligros debía esperar. Sé paciente, pues ahora él necesita encontrar ideas que hasta ahora creía haber olvidado.
—La marina es lo que soy. Pensar de esa manera es lo que me ha permitido llegar hasta donde estoy.—Deja la oscuridad a un lado. Encuentra las palabras, y abre las puertas para salir a pelear, pero hazlo siendo tú.—No conozco lo que hay más allá, o, para ser exactos, lo he ido olvidando poco a poco, con el paso de los años...
Y ahí mismo se detuvo, pidiendo que ella hiciera lo mismo en gestos invisibles, colocándose un segundo después por delante, observando.
Si ambos tienen preguntas, entonces ambos obtendrían respuesta.
—Yo lucho para que el mundo escuche lo que tengo que decir. Para que los que tienen el poder no sigan haciendo del mundo un lugar peor, y tampoco consigan terminar de destruirlo.—La luna permitió entonces que durante aquellos segundos ninguno pudiera esconderse del otro, y eso no le impidió seguir hablando.—Ellos juegan en un tablero que destruye las piezas que no les interesa, y yo no les dejaré verme subir hasta que sea demasiado tarde. Que sean ellos los que me permitan subir, no me importa si me uno a su juego, porque cuando esté donde ellos quieren aprovechar y controlarme, seré yo quién les de el golpe final.
Ni siquiera Shin lo sabía. Nunca se lo había explicado, a pesar de que si le prestó suficiente atención podría haberlo intuido. Nunca estuvo de acuerdo con su forma de jugar. Ir contracorriente le pedía un tipo de fuerza que él jamás poseería.
Y él lo dejó salir como un suspiro.
No fue un error, no hubo despecho, rabia, queja ni réplica. Tan sólo hizo la prueba, apostó sus fichas, y las colocó todas en el rojo. Los nervios habían desaparecido con todos sus pensamientos, y allí dejó salir algo que quizás le haría arrepentirse, pero también le haría aprender a conciencia de un movimiento nuevo.
Uno arriesgado, que no suele traer buenos resultados, pero que quiso probar.
Tal vez...tal vez sí que había un sentimiento oculto después de todo.
—¿Entiendes ahora por qué no dejo que se vea lo que hay detrás? Porque no encontrarás una respuesta más sincera.
Y todo...¿para qué?
—¿Por qué sólo piensas en la Marina?
Tenía que rearmarse.
Pero ella había jugado una carta que hasta la fecha ni siquiera se había planteado.
—Ya te he dicho que soy la misma con y sin uniforme. Ni siquiera los llevamos puestos.
¿Por qué ha dado por hecho hasta ahora que la conocía? ¿Por qué, tras solo haber tenido la oportunidad de conocerse en una única ocasión, cree que sabe más de ella de lo que realmente conoce? ¿Qué le hace pensar que es capaz de ver a través de sus ojos?
El oasis estaba cerca, pero aquel pequeño paraíso en el desbordante acantilado de peligros debía esperar. Sé paciente, pues ahora él necesita encontrar ideas que hasta ahora creía haber olvidado.
—La marina es lo que soy. Pensar de esa manera es lo que me ha permitido llegar hasta donde estoy.—Deja la oscuridad a un lado. Encuentra las palabras, y abre las puertas para salir a pelear, pero hazlo siendo tú.—No conozco lo que hay más allá, o, para ser exactos, lo he ido olvidando poco a poco, con el paso de los años...
Y ahí mismo se detuvo, pidiendo que ella hiciera lo mismo en gestos invisibles, colocándose un segundo después por delante, observando.
Si ambos tienen preguntas, entonces ambos obtendrían respuesta.
—Yo lucho para que el mundo escuche lo que tengo que decir. Para que los que tienen el poder no sigan haciendo del mundo un lugar peor, y tampoco consigan terminar de destruirlo.—La luna permitió entonces que durante aquellos segundos ninguno pudiera esconderse del otro, y eso no le impidió seguir hablando.—Ellos juegan en un tablero que destruye las piezas que no les interesa, y yo no les dejaré verme subir hasta que sea demasiado tarde. Que sean ellos los que me permitan subir, no me importa si me uno a su juego, porque cuando esté donde ellos quieren aprovechar y controlarme, seré yo quién les de el golpe final.
Ni siquiera Shin lo sabía. Nunca se lo había explicado, a pesar de que si le prestó suficiente atención podría haberlo intuido. Nunca estuvo de acuerdo con su forma de jugar. Ir contracorriente le pedía un tipo de fuerza que él jamás poseería.
Y él lo dejó salir como un suspiro.
No fue un error, no hubo despecho, rabia, queja ni réplica. Tan sólo hizo la prueba, apostó sus fichas, y las colocó todas en el rojo. Los nervios habían desaparecido con todos sus pensamientos, y allí dejó salir algo que quizás le haría arrepentirse, pero también le haría aprender a conciencia de un movimiento nuevo.
Uno arriesgado, que no suele traer buenos resultados, pero que quiso probar.
Tal vez...tal vez sí que había un sentimiento oculto después de todo.
—¿Entiendes ahora por qué no dejo que se vea lo que hay detrás? Porque no encontrarás una respuesta más sincera.
Y todo...¿para qué?
Kael...¿en qué estás pensando?
