12-05-2026, 12:39 AM
Rutinas, conocía bien sobre ellas. Sus pasos ahora eran seguros mientras caminaba hasta el lugar señalado junto a la muchacha, con paciencia y calma. —Suelo ser muy organizado. En mi trabajo, si no lo eres, terminas teniendo algo de caos, y no me gusta que las cosas se salgan de lo estipulado. — Normalmente eso sería sinónimo de que algo no iba bien, y no estaba dipuesto a pasar por eso. —Así que supongo que más o menos puedo comprenderla. Por cómo se ve pidiendo un té y lo que acaba de decirme, ¿puedo deducir que el té es una especie de ritual con el que se siente más viva? ¿Como mi café por las mañanas? — O posiblemente su tabaco tan característico.
Sencillamente se dejó arrastrar por la mujer, haciendo una señal con la otra mano, a sus espaldas, a los hombres que hasta entonces lo habían seguido fielmente. Quién sabe, quizás sí podría terminar divirtiéndose con aquella muchacha. Estaba tan llena de vida que internamente se interesaba en verla de otras formas. El respeto de la señal fue inmediato, siendo que los hombres no atacaron a la brusquedad de la muchacha.
Una vez dentro del local, se permitió el momento de analizar el sitio. Sencillo, pero pulcro y perfectamente limpio, sitios que a él le gustaban realmente. Prefería la tranquilidad a bullicios innecesarios. Quizás acompañarla no había resultado ser tan mala idea como creía. Volvió la mirada hacia la joven cuando escuchó de nuevo su nombre, solo saludando al hombre que parecía dueño del local con un leve y veloz asentimiento de cabeza. —Puede soltarme señorita. Yo la invitaré al té de hoy. — Caminó luego hasta la mesa que el hombre estaba preparando, permitiéndose un poco de distancia, la cual lo comenzaba a sofocarlo teniendo en cuenta que no estaba habituado a ese tipo de contactos fuera de la propia intimidad, agradecido, al fin, de conseguir un poco de libertad en su brazo.
Sus ojos se elevaron cuando la voz del hombre le habló de forma directa. Lo tomó como lo que realmente era: una verdadera amenaza. Ese hombre se había metido con la persona equivocada. Quizás, en otro momento, le haría aprender la lección. Por el momento, fingió no solo ignorancia, sino que, descendiendo su propio tono de voz, de forma que solo ese hombre pudiera escucharlo con una claridad implícita.
Ahora, si no existían motivos de dañarla, acababan de nacer a consecuencia de ese varón que se atrevió a hablarle de esa forma. No solía percibirse como alguien “peligroso”, pero sí era normal que lo tomaran como alguien que emanaba un aura capaz de hacer temblar a cualquiera. Su voz, para más inri, fue implícito en el tono. Una voz profunda, pausada, que postaba una calma que lejos de revelar tranquilidad, no hacía más que demostrar la amenaza que podría resultar si así lo deseaba. Era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera que pudiera escucharlo.
Volvió entonces la mirada hacia la joven, retirando un paquete de tabaco de su bolsillo, y lo encendió, buscando un cenicero sobre la mesa. Nada mejor que esa sensación que le provocaba la nicotina. Los ojos se enfocaron en la muchacha, con una calma muy clara, observándola pacientemente. —Espero que mi compañía no sea un inconveniente para usted, señorita Yuuki, y que no le moleste el tabaco. — La voz que había usado en el varón parecía que ahora era más suave, como si nunca hubiera existido ese tono de voz.
Sonó interesado, mientras los ojos del hombre ahora analizaban el rostro y la expresión viva de la muchacha. Con lo que le dijo ese viejo, ahora solo deseaba verla llorar. Quién sabe, quizás podría conseguirlo en la cama. La media sonrisa no hizo más que ampliarse, cargada de picardía y diversión. —Si quiere, después de tomar el té, podemos dar un paseo. Conozco muy buenos lugares en la zona.
Sencillamente se dejó arrastrar por la mujer, haciendo una señal con la otra mano, a sus espaldas, a los hombres que hasta entonces lo habían seguido fielmente. Quién sabe, quizás sí podría terminar divirtiéndose con aquella muchacha. Estaba tan llena de vida que internamente se interesaba en verla de otras formas. El respeto de la señal fue inmediato, siendo que los hombres no atacaron a la brusquedad de la muchacha.
Una vez dentro del local, se permitió el momento de analizar el sitio. Sencillo, pero pulcro y perfectamente limpio, sitios que a él le gustaban realmente. Prefería la tranquilidad a bullicios innecesarios. Quizás acompañarla no había resultado ser tan mala idea como creía. Volvió la mirada hacia la joven cuando escuchó de nuevo su nombre, solo saludando al hombre que parecía dueño del local con un leve y veloz asentimiento de cabeza. —Puede soltarme señorita. Yo la invitaré al té de hoy. — Caminó luego hasta la mesa que el hombre estaba preparando, permitiéndose un poco de distancia, la cual lo comenzaba a sofocarlo teniendo en cuenta que no estaba habituado a ese tipo de contactos fuera de la propia intimidad, agradecido, al fin, de conseguir un poco de libertad en su brazo.
Sus ojos se elevaron cuando la voz del hombre le habló de forma directa. Lo tomó como lo que realmente era: una verdadera amenaza. Ese hombre se había metido con la persona equivocada. Quizás, en otro momento, le haría aprender la lección. Por el momento, fingió no solo ignorancia, sino que, descendiendo su propio tono de voz, de forma que solo ese hombre pudiera escucharlo con una claridad implícita.

—No tiene por qué salir lastimada si no osa hablarme de ese modo.
Ahora, si no existían motivos de dañarla, acababan de nacer a consecuencia de ese varón que se atrevió a hablarle de esa forma. No solía percibirse como alguien “peligroso”, pero sí era normal que lo tomaran como alguien que emanaba un aura capaz de hacer temblar a cualquiera. Su voz, para más inri, fue implícito en el tono. Una voz profunda, pausada, que postaba una calma que lejos de revelar tranquilidad, no hacía más que demostrar la amenaza que podría resultar si así lo deseaba. Era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera que pudiera escucharlo.
Volvió entonces la mirada hacia la joven, retirando un paquete de tabaco de su bolsillo, y lo encendió, buscando un cenicero sobre la mesa. Nada mejor que esa sensación que le provocaba la nicotina. Los ojos se enfocaron en la muchacha, con una calma muy clara, observándola pacientemente. —Espero que mi compañía no sea un inconveniente para usted, señorita Yuuki, y que no le moleste el tabaco. — La voz que había usado en el varón parecía que ahora era más suave, como si nunca hubiera existido ese tono de voz.

—Por la bienvenida que le ha dado el caballero, parece que la conoce bien.
Sonó interesado, mientras los ojos del hombre ahora analizaban el rostro y la expresión viva de la muchacha. Con lo que le dijo ese viejo, ahora solo deseaba verla llorar. Quién sabe, quizás podría conseguirlo en la cama. La media sonrisa no hizo más que ampliarse, cargada de picardía y diversión. —Si quiere, después de tomar el té, podemos dar un paseo. Conozco muy buenos lugares en la zona.
Cajita de Tabaco
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
