21-11-2023, 12:02 AM
Cualquiera diría que hacía una noche perfecta. Una brisa relajante y agradable regulaba a la perfección el clima de la zona, los destellos de las estrellas y la luna danzando en el nocturno cielo, lejos de la contaminación lumínica de la ciudad, dotaba al paisaje de una magia sin igual. Y no nos podemos olvidar de los dos cadáveres, o lo que quedaban de ellos, que yacían entre vosotros, ¡qué menos! Con la paliza que aquellos dos desdichados habían recibidos a sangre fría, ¿quiénes eran los buenos y quiénes los malos? Bueno, la respuesta a esa pregunta ya era harina de otro costal.
Ya estuvierais enfadados por el inocente alma de una víctima, cansados por la falta de profesionalidad de algunos de los presentes, o lujuriosos tras ver un cuerpo voluminoso empapado en sangre, dejasteis atrás los cuerpos sin vida de los dos piratas. Durante la llegada hasta la gigantesca mina, los más experimentados y al tanto de la misión, intentaríais poner orden y sugerir una estrategia para capturar a los malhechores restantes. Justamente, estas dos personas al que le habían asignado, en primer lugar, dicho cometido, conocían que, sin contar al capitán Glatus, quedaban con vida su navegante, Hund, y su vicecapitana, Aimi.
Seguisteis andando durante menos de cinco minutos, hasta que llegasteis a la entrada y, allí, decidisteis embarcaros todos en la incursión de la cueva, salvo la semigigante, que se quedaría a las puertas para garantizar que nadie escapara de allí con éxito y, de paso, eliminar un posible riesgo de derrumbamiento por su tamaño. Los tres agentes del gobierno y la marine os adentrasteis en la cueva, que medía 15 metros de alto y 4 metros de ancho. Por la inclinación que tenía el suelo, podíais intuir que, conforme más avanzabais, más os adentrabais bajo tierra. La gran estructura rocosa se mantenía estable gracias a una serie de enormes pilares de madera (de las que colgaba un farolillo en cada una), de forma que, a cada lado de la cueva y se erguía un pilar hasta el techo de la misma y, allí, ambos pilares, se unían mediante un gran travesaño de madera. Esta estructura se repetía cada cinco metros que recorríais de cueva. Al tiempo que proseguíais vuestra marcha, podíais ver a vuestro alrededor varias cajas, dispuestas junto a las paredes, que contenían varias herramientas de excavación como picos y palas. Por la cantidad de cajas que habían dispuestas, se podía intuir que en esa mina trabajaban, mínimo, 100 empleados, algo lógico para una cantera de tales dimensiones.
Habríais caminado unos 50 metros de largo, cuando llegasteis a una gran cámara rocosa de sección circular de 20 metros de radio y 15 metros de alto, y a 7 metros bajo tierra. A diferencia del pasillo, la cúpula pedregosa de ese habitáculo, brindaba una estabilidad natural que impedía el derrumbamiento de sus paredes. En aquella sala, se podían atisbar más cajas como las que habíais divisado en el pasillo anterior, con la diferencia de que estaban vacías. Al lado de esas cajas, algunas jaulas con canarios, seguramente para usarlo para detectar posibles fugas de gases nocivas, se encontraban esparcidas. La cámara se mantenía iluminada gracias a la estratégica colocación de varios farolillos como los vistos anteriormente. Pero lo más curioso e interesante era lo que se extendía frente a vosotros.
Justo en las paredes contrarias al pasillo por el que acababais de salir, se extendían otras tres rutas, una a la izquierda, otra en el medio y la última a la derecha, separadas 8 metros entre ellas. Las dos más pegadas a la derecha podían tener una anchura de 4 metros y una altura de 10 metros, mientras que la de izquierda, medía 5 metros de alto y 4 de ancho. Aquellos con un buen sentido del oído, erais capaces de escuchar unos sonidos similares a cuando chocas un trozo de metal con una roca que provenían del camino situado a mano izquierda. En ese mismo camino, se podía observar tres pares de raíles que se dirigían hasta el interior de dicha ruta, de las cuales sólo un par contaba con una vagoneta montada. La vagoneta tenía unas dimensiones que sólo permitían que se montara una persona de dimensiones, digamos que, normativas. Tanto para la ruta del medio como la derecha no era visible ninguna notoriedad como en la anteriormente descrita, salvo que, según el curso de dichos caminos, se adentraban aún más bajo tierra. Cabe destacar que ninguna huella era visible en la zona, salvo las que habíais dejado vosotros mismos atrás.
No teníais ni idea de cuáles de esas tres opciones serían las que os llevaría a Glatus y a sus esbirros, por lo que, la decisión que tomarais ahora mismo, cambiaría, con creces, el rumbo de vuestra misión, figurada y literalmente.
Ya estuvierais enfadados por el inocente alma de una víctima, cansados por la falta de profesionalidad de algunos de los presentes, o lujuriosos tras ver un cuerpo voluminoso empapado en sangre, dejasteis atrás los cuerpos sin vida de los dos piratas. Durante la llegada hasta la gigantesca mina, los más experimentados y al tanto de la misión, intentaríais poner orden y sugerir una estrategia para capturar a los malhechores restantes. Justamente, estas dos personas al que le habían asignado, en primer lugar, dicho cometido, conocían que, sin contar al capitán Glatus, quedaban con vida su navegante, Hund, y su vicecapitana, Aimi.
Seguisteis andando durante menos de cinco minutos, hasta que llegasteis a la entrada y, allí, decidisteis embarcaros todos en la incursión de la cueva, salvo la semigigante, que se quedaría a las puertas para garantizar que nadie escapara de allí con éxito y, de paso, eliminar un posible riesgo de derrumbamiento por su tamaño. Los tres agentes del gobierno y la marine os adentrasteis en la cueva, que medía 15 metros de alto y 4 metros de ancho. Por la inclinación que tenía el suelo, podíais intuir que, conforme más avanzabais, más os adentrabais bajo tierra. La gran estructura rocosa se mantenía estable gracias a una serie de enormes pilares de madera (de las que colgaba un farolillo en cada una), de forma que, a cada lado de la cueva y se erguía un pilar hasta el techo de la misma y, allí, ambos pilares, se unían mediante un gran travesaño de madera. Esta estructura se repetía cada cinco metros que recorríais de cueva. Al tiempo que proseguíais vuestra marcha, podíais ver a vuestro alrededor varias cajas, dispuestas junto a las paredes, que contenían varias herramientas de excavación como picos y palas. Por la cantidad de cajas que habían dispuestas, se podía intuir que en esa mina trabajaban, mínimo, 100 empleados, algo lógico para una cantera de tales dimensiones.
Habríais caminado unos 50 metros de largo, cuando llegasteis a una gran cámara rocosa de sección circular de 20 metros de radio y 15 metros de alto, y a 7 metros bajo tierra. A diferencia del pasillo, la cúpula pedregosa de ese habitáculo, brindaba una estabilidad natural que impedía el derrumbamiento de sus paredes. En aquella sala, se podían atisbar más cajas como las que habíais divisado en el pasillo anterior, con la diferencia de que estaban vacías. Al lado de esas cajas, algunas jaulas con canarios, seguramente para usarlo para detectar posibles fugas de gases nocivas, se encontraban esparcidas. La cámara se mantenía iluminada gracias a la estratégica colocación de varios farolillos como los vistos anteriormente. Pero lo más curioso e interesante era lo que se extendía frente a vosotros.
Justo en las paredes contrarias al pasillo por el que acababais de salir, se extendían otras tres rutas, una a la izquierda, otra en el medio y la última a la derecha, separadas 8 metros entre ellas. Las dos más pegadas a la derecha podían tener una anchura de 4 metros y una altura de 10 metros, mientras que la de izquierda, medía 5 metros de alto y 4 de ancho. Aquellos con un buen sentido del oído, erais capaces de escuchar unos sonidos similares a cuando chocas un trozo de metal con una roca que provenían del camino situado a mano izquierda. En ese mismo camino, se podía observar tres pares de raíles que se dirigían hasta el interior de dicha ruta, de las cuales sólo un par contaba con una vagoneta montada. La vagoneta tenía unas dimensiones que sólo permitían que se montara una persona de dimensiones, digamos que, normativas. Tanto para la ruta del medio como la derecha no era visible ninguna notoriedad como en la anteriormente descrita, salvo que, según el curso de dichos caminos, se adentraban aún más bajo tierra. Cabe destacar que ninguna huella era visible en la zona, salvo las que habíais dejado vosotros mismos atrás.
No teníais ni idea de cuáles de esas tres opciones serían las que os llevaría a Glatus y a sus esbirros, por lo que, la decisión que tomarais ahora mismo, cambiaría, con creces, el rumbo de vuestra misión, figurada y literalmente.
RESUMEN DEL TURNO
INFO NARRADOR
