13-05-2026, 05:42 AM
¿Por qué el otro hombre le parecía decepcionado? No podía decirlo con claridad, pero algo había en su rostro que le decía que no le tenía fe y, además de eso, se atrevía a comparar la cocina con la medicina ¡Que descaro! Es decir, bien sabía que muchos ingredientes, tanto plantas, como jugos, carnes y especias, podrían llegar a ser usados por cocineros para aprovechar sus propiedades medicinales y nutritivas al mismo tiempo, pero lo que él le iba a contar no era un simple experimento culinario.
—¡Alto! Detente, detente…Sé que eres cocinero, Rackham, pero no compares una cosa con la otra…ustedes saben usar sus ingredientes para realzar sabores y, en ocasiones, podrían usarlos para mejorar síntomas leves de alguna afección y eso es una maravilla, pero en la medicina, usamos la botánica para sacarle el máximo provecho a sus propiedades medicinales…No se trata de si son fuertes o no, se trata de que funcionan, además…
Lo miró de arriba abajo y se detuvo en el rostro que parecía dudoso, desde el punto de vista del médico. Lo hizo suspirar… ¿Por qué los hombres guapos tendían a ser tan complicados o cerrados de mente? Estaba bien dudar, pero no lo llamaría para perder el tiempo. Suspiró con pesadez.
—…además… ¿Crees que te haría perder el tiempo por algo sin importancia? Tu sueño no es simple y conseguirlo no será algo que se dé de la noche a la mañana —. Se detuvo frente a la puerta del improvisado laboratorio y la abrió para hacer pasar al pelinegro. —Por eso, reunir elementos que puedan ayudar a crear alguna fórmula que logre retrasar el envejecimiento es un avance, por más que pueda parecerte que no…Ahora, adelante, siéntete como en tu…barco —. No podía decir “casa” cuando ninguno de los dos tenía un hogar fijo al cual pertenecer.
Con la gracia de quien conoce bien un lugar, el médico se movió por el sitio hasta quedar ubicado frente a un lavamanos de mármol, frente a este había un espejo que aprovechó para cambiarse el peinado, se recogió el cabello para que ningún mechón de la larga coleta quedara suelto y, luego, se quitó sus guantes de cuero para lavarse las manos con cuidado, mientras tarareaba, disociándose, para después colocarse unos guantes esterilizados y una mascarilla. Entonces miró al cocinero…tal vez él debería hacer lo mismo.
—Ah…cierto, bueno, dije que te sientas como en tu barco, pero siéntete así después de que laves tus manos y te coloques una mascarilla. Están al lado del lavamanos —. Se movió para dejarle espacio al pelinegro y se colocó frente a una mesa metálica, de apariencia fría, sobre la que había varias muestras de un líquido viscoso y de un tono que variaba entre un amarillo muy pálido y el transparente, además, sobre esa misma mesa había restos de una planta en específico, todos bien ordenados sobre bandejas metálicas.
—Cuando termines ahí puedes acercarte, quiero mostrarte porque esta no es una simple planta medicinal —. En el otro extremo de la mesa, se situaba una jaula un poco más grande de lo normal y, dentro de esta, dormía con placidez una cría de… ¿Velociraptor? Sí, era justo eso, una cría de dinosaurio que el médico había capturado para poder probar su descubrimiento, de hecho, llevaba al menos 4 días experimentando con la criatura, aunque, si se apreciaba bien al animal, parecía no tener ningún rasguño ni cortadura sobre su piel, lo cual era bastante raro cuando se supone que pasó varias veces por el bisturí.
Con paciencia esperó a que el pelinegro terminara lo que antes le ordenó y, cuando este se acercó a la mesa, el médico sonrió y acercó la jaula, haciendo que el animalito se quejara en sus sueños, aunque no despertó del todo, solo terminó por cambiar su posición para dormir mejor.
—Disculpa por hacerte esperar, pero prefiero que estés limpio antes de tocar cualquier cosa en este lugar…aunque no sea el sitio más estéril del mundo porque…bueno, esta isla no es la más tecnológica ni civilizada precisamente —. Se encogió de hombros antes de tomar una jeringa entre sus manos e insertar en esta un líquido en el que, sobre su etiqueta, se podía leer la palabra “sedante”. Luego abrió, con cuidado, la puertecita de la jaula y metió su mano para aplicar el anestésico al pequeño dinosaurio que aún dormía en su interior. Miró de reojo al pelinegro, esperaba que no tuviera problemas con este tipo de experimentación y, si no, tendría que buscarse una buena excusa para lavar su imagen. —No le hará daño, es solo una intravenosa que lo ayudará a dormir mientras te muestro como ayuda la sabia de la planta que descubrí —dijo, solo por si acaso, mientras miraba un reloj en la habitación, esperaba que pasaran 15 segundos.
Cuando el tiempo se cumplió, el médico sacó al animalito de la jaula y lo colocó, con delicadeza, encima de una de las bandejas metálicas que estaban vacías y, entonces, desechó la jeringa y, sus manos, ahora se ocuparon con un bisturí.
—Verás…Estuve pensando en esas medusas que son capaces de regenerarse cuando están en peligro…Han evolucionado, básicamente, para regresar a su etapa más tierna. Me gustaría encontrarlas y experimentar con ellas, pero…no he visto nada así en esta isla, aunque…sí que me sorprendió esta planta —. Abrió una de las muestras, no sin antes dejar a un lado el bisturí. Metió uno de sus dedos enguantados en el frasco y este salió cubierto con una sustancia que se veía resbalosa. —Creí que sería como las aloe vera comunes, porque en verdad lo parece, solo que, en una versión más grande, pero no…Cuando estaba en una exploración en la selva, pude ver la pelea entre dos dinosaurios. El más pequeño escapó y, por algún motivo, decidí seguirlo…
Antes de seguir hablando se limpió el dedo y tomó de regreso el bisturí, atrajo hacia sí al dinosaurio y acercó el filo de la navaja a una de las piernas del animal, aunque sin cortarlo aún.
—…Me di cuenta de que el animal, desesperado por sus heridas, se lanzó sobre un grupo de plantas parecidas a la sábila. Las destrozó con sus dientes y luego se refregó sobre la sabia que soltaron, que, para mi sorpresa, fue mucha —. Ahora sí, el médico hizo una incisión sobre la pierna del animal, un corte profundo que hizo que la sangre de la cría se resbalara por la piel del dinosaurio hasta llegar a la bandeja. —Creí que solo quería aliviar el dolor, pero…de nuevo terminé sorprendido…No pasaron más de 10 minutos cuando las heridas del dinosaurio estaban cerradas casi por completo y, de hecho, desde la distancia pude notar que su piel recuperaba la firmeza que tendría un ejemplar más joven…Claro, tuve que investigar por mi cuenta, porque creí que mis ojos me engañaban.
Al terminar de explicar, el médico se encargó de colocar gran parte de la sabia que había recolectado antes en una paleta que pasó por encima de la herida que él mismo generó sobre el dinosaurio bebé y, luego, miró el reloj para empezar a contar el tiempo.
—Bien, esperemos cinco minutos, verás como la cortada se irán cerrando poco a poco en ese tiempo y, esperando un poco más, notarás que la herida ni siquiera dejará marca en su piel —. Sonrió y dejó a un lado, pero en orden, los instrumentos que utilizó para el proceso. —Hace cuatro días descubrí la planta y desde entonces llevo experimentando con este pequeño…Puedes revisarlo al final si lo deseas, no tiene ninguna herida evidente ¡Es maravilloso! —Elevó un poco su voz y luego se sentó en una de las sillas del “laboratorio”.
—Sé que no es inmortalidad tal cual, pero una regeneración celular tan rápida me serviría de base para trabajar en alguna…fórmula. Llevo solo cuatro días, pero con algo más de tiempo podría conseguir algo más impresionante que solo cerrar heridas con rapidez y sin dejar cicatrices —. Mencionó, consciente de que su descubrimiento tampoco era la respuesta exacta que buscaba el otro hombre, pero...quizá...solo quizá, era un avance.
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