[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación)
#7
La cabaña a la que la niña, que se había presentado como Hoffen, condujo a Stroud,Bertram y Kibai no era demasiado diferente, al menos en el exterior a las del resto del pequeño pueblo de Gyasta. Estaba situada en el extremo de una pequeña plaza en la que acaba la calle que cruzaba todo el asentamiento, lo cual le proporcionaba desde su puerta una buena vista del resto de edificios, así como de una part del lago helado al este de su posición.

Kibai asintió silenciosamente al ver las hierbas que Stroud iba recolectando. Aunque no era un experto en enfermedades ni mucho menos en medicinas, sus múltiples expediciones le habían hecho aprender a base de experiencia las plantas más útiles que debia conocer de cada isla, así como nociones básicas de remedios herbales. Sin embargo, los que dominaban de verdad su aplicación eran tanto Moja como Stroud. Aún así, el mink aprovechó para hacer su propia recolecta de caléndula e hipérico, así como una bola de resina de buen tamaño, rememorando su encuentro contra el Dragón Rojo y la aparente preferencia de las gentes de aquella zona por las municiones incendiarias.

Cuando Hoffen les invitó a acceder a su casa, Kibai echó un discreto vistazo hacia el tejado, detectacto a varios de los diez puntos amarillos y negros distribuidos por las vigas y tejas, casi indistinguibles en la nieve salvo que alguien que supiese lo que estaba buscando mirase directamente. Con un discreto chasquido de dedos, las avispas que habían estado camufladas en el Kanji de Justicia de su capa ascendieron, refugiandose entre los pleigues de su camisa confundiendose a la perfección con su propio pelaje moteado. El mink se alegró una vez más de ser un leopardo, ya que aquello les proporcionaba a sus aliadas una fortaleza invisible de manera natural.

Dando una pequeña palmada en el hombro de Bertram, que había optado por vigilar fuera unos momentos, Kibai alzó levemente la cabeza un segundo hacia el tejado.

— Sé que eres animal de viejas costumbres, pero cuando entres, estate tranquilo, he dejado una veintena de ojos fuera, si algo malo ocurre, nos avisarán.

El interior de la casa era humilde, pero no parecía mal cuidado. Kibai se sacó los restos de nieve de los hombros en el felpudo de la entrada y repitió el saludo de Stroud antes de acceder al interior. Al momento, una bocanada de un olor muy particular lo envolvió: era curioso como la enfermedad, sea cual fuere, tenía ese olor particular, unamezclad e sudor febril, aire viciado y algo más, una miasma que identificaba al punto que efectivamente, la amdre de Hoffen no se encontraba bien.

Casi por costumbre (y puede que por su mala experiencia en Little Garden), Kibai recorrió con su mirada la estancia, una sencilla cocina-salón, con dos puertas que conducían a lo que parecía ser un aseo y un pasillo que albergaría con seguridad los cuartos. Mientras Stroud y Hoffen se afanaban en ayudar a su madre, el mink decidió al menos descartar una posible razón para su fiebre: un componente externo. Poniendo una mano sobre el hombro de Hoffen, le sonrió tratando de infundirle confianza en la labor que estaban llevando a cabo los marines.

— No te preocupes, pequeña, Stroud sabe lo que hace. Te importa que eche un vistazo por el salón? Después, si tu madre reacciona bien a la medicina, llevo algunas cosas conmigo, así que podré preparar algo caliente y muy rico para todos. Estoy seguro que entre los cuidados del comandante y mi comida, tu madre estará recuperada antes de que te des cuenta.

Dandole un último apretón cariñoso a la niña, el mink se dispuso a cumplir con su tarea. Empleando su agudo olfato, Kibai recorrió todo el salón, examinando los rincones en busca de de algún rastro de animales, insectos, o el olor a medias dulzón y a medias terroso que provocaría un hongo en alguna madera mal tratada. Asimismo, se acercó a la cocina, estudaindo con ojo clínico los alimentos que estaban almacenados, así como haciendo cálculos de lo que necesitaría para transformar una de las raciones que llevaba consigo en un plato conjunto.

Por último, y tratando de guardar el mayor respeto a la intimidad de sus anfitriones como fuese posible, el mink examinó tanto el pasillo como los dos cuartos adyacentes al mismo, buscando las mismas señales que en el salón, antes de regresar de vuelta al salón con el resto y escuchar las palabras de su compañero.

— Más que la falta de médicos, me extraña el hecho de que la familia real no haya hecho nada al respecto. En la ciudad hablaban de que basicamente estaban aislados y sin suministros. No es muy normal que el ejército real no sea capaz de mantener a raya la fauna local.

El mink tomó asinto en uno de los tallos de madera, observando como la mujer bebía la infusión de Stroud.

— Si su estómago lo tolera bien, tengo las suficientes cosas encima como para hacer una buena sopa caliente para todos. No será la cosa más refinada del mundo en cuanto a sabor, pero le devolverá las fuerzas, eso se lo aseguro.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación) - por Kibai - 13-05-2026, 09:56 PM

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