14-05-2026, 01:36 AM
Cuatro nombres. Cuatro nombres atesorados, fuera de contexto hasta que poco a poco fueron ubicados. Riñas, juegos, amigos… familia. La fotografía que recuperé de la habitación de Shin cuando se estaba hundiendo el barco cobró sentido de repente.
Pero ellos ya no están. Y el albino estuvo también a punto de no hacerlo.
—Nadie debe llenar ese vacío que ellos dejaron… ni siquiera tú.
Mis orejas se alzaron y mi mirada se amplió, sorprendida. «¿Yo?». ¿Era una advertencia sobre algo por pasar o una revelación de lo que ya había ocurrido?
—Pero tú no pareces el tipo de persona que acepta un no por respuesta.
Un último paso con el que un suspiro haría que pudiéramos llegar a rozarnos. Sus pupilas imantadas en las mías mientras yo aún luchaba por comprender.
—Dime que de verdad puedes permanecer a mi lado. Dime cómo quieres hacerlo; cómo quieres ayudarme a recordar a vivir sin miedo de perderlos a todos.
Demasiadas peticiones, a cada cual más compleja.
—Porque si vas a entrar en mi vida, Nyra, no te voy a dejar salir de ella.
Una confesión ante la que no sabría cómo responder.
—Porque si vuelvo a perder una sola vez más… creo que esta vez ya no podré volver.
Y el temor a que la historia pudiera repetirse por segunda vez…
Abrumada por aquel torbellino de emociones, necesité unos segundos para ordenar mi sucesión de pensamientos en palabras.
—Voy a entrenar para hacerme más fuerte. Fuerte para protegeros, para no perderos, y tampoco permitir que vosotros me perdáis. Pero… no puedo quitarte ese miedo. —La calma y seguridad con que había empezado a hablar se tiñó con preocupación cuando mis orejas se inclinaron ligeramente hacia atrás—. No sé lo que ocurrirá. No sé si sufriremos una emboscada, si caeré del barco en una tormenta o si dentro de unos años me llevará una enfermedad. —Un suspiro escapó de mis labios. Una inspiración me permitió continuar—. Me pides respuestas, Kael…, pero esa es una que no te puedo dar. El riesgo siempre va a existir, y no puedo ser yo quien tome esa decisión por ti.
En ningún momento aparté la mirada de sus iris, enfrentando su posible abismo.
—Lo que sí puedo hacer es explicarte qué elijo yo. Y yo elijo conoceros. Elijo involucrarme con cada uno de vosotros a pesar del posible precio. —El brillo de mis gemas reflejaba la seguridad de mi alma—. Porque si algo os pasara, prefiero honrar lo vivido aunque eso conlleve la herida de llevaros siempre en el pecho. Porque si fuera yo quien muriera, preferiría hacerlo habiéndoos conocido y llevando en mis últimos momentos vuestro recuerdo.
Mas, aunque esa sea mi elección…
—No digo que sea fácil…, pero eres tú quien debe decidir si merece la pena pagar el precio de hacer que merezca la pena vivir, Kael.
Pero ellos ya no están. Y el albino estuvo también a punto de no hacerlo.
—Nadie debe llenar ese vacío que ellos dejaron… ni siquiera tú.
Mis orejas se alzaron y mi mirada se amplió, sorprendida. «¿Yo?». ¿Era una advertencia sobre algo por pasar o una revelación de lo que ya había ocurrido?
—Pero tú no pareces el tipo de persona que acepta un no por respuesta.
Un último paso con el que un suspiro haría que pudiéramos llegar a rozarnos. Sus pupilas imantadas en las mías mientras yo aún luchaba por comprender.
—Dime que de verdad puedes permanecer a mi lado. Dime cómo quieres hacerlo; cómo quieres ayudarme a recordar a vivir sin miedo de perderlos a todos.
Demasiadas peticiones, a cada cual más compleja.
—Porque si vas a entrar en mi vida, Nyra, no te voy a dejar salir de ella.
Una confesión ante la que no sabría cómo responder.
—Porque si vuelvo a perder una sola vez más… creo que esta vez ya no podré volver.
Y el temor a que la historia pudiera repetirse por segunda vez…
Abrumada por aquel torbellino de emociones, necesité unos segundos para ordenar mi sucesión de pensamientos en palabras.
—Voy a entrenar para hacerme más fuerte. Fuerte para protegeros, para no perderos, y tampoco permitir que vosotros me perdáis. Pero… no puedo quitarte ese miedo. —La calma y seguridad con que había empezado a hablar se tiñó con preocupación cuando mis orejas se inclinaron ligeramente hacia atrás—. No sé lo que ocurrirá. No sé si sufriremos una emboscada, si caeré del barco en una tormenta o si dentro de unos años me llevará una enfermedad. —Un suspiro escapó de mis labios. Una inspiración me permitió continuar—. Me pides respuestas, Kael…, pero esa es una que no te puedo dar. El riesgo siempre va a existir, y no puedo ser yo quien tome esa decisión por ti.
En ningún momento aparté la mirada de sus iris, enfrentando su posible abismo.
—Lo que sí puedo hacer es explicarte qué elijo yo. Y yo elijo conoceros. Elijo involucrarme con cada uno de vosotros a pesar del posible precio. —El brillo de mis gemas reflejaba la seguridad de mi alma—. Porque si algo os pasara, prefiero honrar lo vivido aunque eso conlleve la herida de llevaros siempre en el pecho. Porque si fuera yo quien muriera, preferiría hacerlo habiéndoos conocido y llevando en mis últimos momentos vuestro recuerdo.
Mas, aunque esa sea mi elección…
—No digo que sea fácil…, pero eres tú quien debe decidir si merece la pena pagar el precio de hacer que merezca la pena vivir, Kael.
