[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación)
#8
Cuando Gnade termina la infusión y Hoffen le acerca el primer cuenco de sopa, la mujer mira a los tres marines por primera vez con un poco de lucidez. Tiene unos cuarenta años, el cabello oscuro pegado a las sienes por la fiebre y unos ojos del mismo color que Hoffen. Mira a su hija un instante, luego a Stroud, y cuando habla lo hace con la voz todavía ronca, pero con una firmeza – “¿Son de la marina?” – pregunta, y antes de que alguno responda añade – “Mi marido también creía en la justicia.” – sin un dejo de reproche en su voz. El fuego chisporrotea en la chimenea y hace crujir las maderas de vez en cuando mientras Gnade termina la sopa. La casa es pequeña y se puede llegar a sentir apretada con más de 5 personas dentro. La cocina y el salón comparten el mismo espacio con una mesa de madera oscura en el centro rodeada de cuatro sillas y una estantería contra la pared oeste cargada de frascos de conservas. La chimenea ocupa buena parte de la pared norte y es la que mantiene la casa caliente, además de la leña que la alimenta tiene encima una olla de hierro colgada sobre las brasas que Kibai ha aprovechado para la sopa. Desde el salón parten dos puertas, una al baño y otra a un pasillo estrecho de metro y medio de ancho que lleva a los dos cuartos, el de Hoffen y el de sus padres.
 
Cuenta que su marido, Heiler, médico de Gyasta como su padre antes que él, fue convocado hace algo más de dos semanas junto al resto de médicos del reino bajo el pretexto de una reunión urgente en el Reino Sakura. Lamentablemente para él, como parar el resto de convocados, nunca llegó a esa reunión porque nunca hubo tal reunión, pues lo que hubo en su lugar fue un grupo de hombres que los interceptaron en el camino y se los llevaron sin dar explicaciones, salvo una, que Heiler alcanzó a gritar antes de que se lo llevaran y que Gnade repite ahora en voz baja con el dolor del recuerdo aun en carne viva – "dijeron que lo hacían para liberar al reino del yugo opresor." – para para toser y Hoffen le acerca el cuenco de sopa de nuevo – “No sé quiénes son. Pero sé que tienen a todos los médicos del reino. El hospital lleva cerrado desde entonces. No hay un solo médico disponible en todo Drum, y nadie del ejército real ha movido un dedo porque no saben cómo reaccionar.” – Sus ojos van de Stroud a Kibai a Bertram, uno por uno – “¿Pueden encontrar a mi marido?” – pero tras expresar su más grande deseo en su corazón, se detiene para explicar la dura realidad a la que tendrán que enfrentarse los marines en caso de querer ayudar a la gente de Drum – “Se dice que los tienen en el Castillo de Drum. Pero el camino que sube por Drum Rockies lleva semanas bloqueado por manadas de animales salvajes que han bajado de las cumbres. Nadie se ha atrevido a intentarlo pues saben que es una sentencia de muerte.”
 

 
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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación) - por Fuguwu - 14-05-2026, 11:17 PM

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