15-05-2026, 03:06 AM
Después de tantos días entre sangre, vendas y compañeros demasiado tercos para descansar, por fin llegó un raro momento de paz para Sigrid. Akira ya podía moverse sin parecer que iba a desmontarse a mitad del camino, Enji había dejado de actuar como un cadáver ambulante y Juan, bueno, seguía siendo Juan, pero al menos ya no necesitaba que la vikinga le revisara heridas cada cinco minutos. Incluso Masami había salido bastante bien parada dentro de todo aquel desastre. Así que cuando le dijeron que podía tomarse un día para ella misma, respondió demasiado rápido. —¡Claro que sí!— Sin culpa, sin pensarlo demasiado.
Kyodaina era completamente distinta a cualquier lugar donde hubiera estado antes. La isla parecía viva en todo momento, enormes árboles cubrían gran parte del paisaje, los ríos atravesaban la vegetación como serpientes interminables y el sonido de insectos llenaba el ambiente incluso durante el día. Todo ahí era más grande, más salvaje, más agresivo, los animales se escuchaban a la distancia constantemente, rugidos, pisadas pesadas, ramas quebrándose como si la propia isla recordara a todos que allí sobrevivía el más fuerte y sinceramente a Sigrid le gustaba bastante.
La enorme buccaner caminaba entre la vegetación y la arena con una tranquilidad impropia para alguien rodeada de bestias gigantes. El uniforme de marine estaba más abierto y relajado que de costumbre por culpa del calor húmedo de la isla, y su alabarda descansaba sobre el hombro mientras avanzaba sin rumbo fijo, simplemente disfrutando de no tener a nadie sangrando delante suyo. El sonido del agua corriendo cerca calmaba bastante el ambiente. Uno de los tantos ríos de la isla pasaba no muy lejos de ella y la brisa húmeda ayudaba a soportar el calor sofocante de Kyodaina. —Hmmmm— murmuró mientras apartaba una rama enorme de su camino. Un insecto del tamaño de su mano pasó volando frente a su cara y Sigrid simplemente lo siguió con la mirada, curiosa.
—VIKYKYKYKYKY, aquí hasta los bichos parecen entrenar mas que Enji— soltó entre risas, era raro no estar peleando, ni estar curando, mucho menos estar corriendo de un lado a otro intentando evitar que alguien muriera, simplemente caminar. Sus enormes botas aplastaban hojas, pequeñas ramas y alguna piedra mientras avanzaba sin preocupación aparente. De vez en cuando observaba huellas enormes marcadas en la o escuchaba movimientos entre los árboles, pero lejos de incomodarla, aquello parecía divertirla más, después de todo ella también era una criatura enorme acostumbrada a sobrevivir en lugares brutales y por primera vez desde que llegaron al Grand Line, Sigrid podía simplemente existir sin pensar en nada más.
Sin darse demasiada cuenta de cuánto había caminado, Sigrid terminó frente a un camino bifurcado, a un lado, la playa continuaba extendiéndose casi hasta perderse de vista, interminable, acompañada únicamente por el sonido constante de las olas golpeando la costa. Del otro, un sendero irregular se abría paso entre la vegetación espesa de Kyodaina, internándose directo en la selva salvaje de la isla. La vikinga apenas necesitó pensarlo, sus ojos se posaron primero en el mar y luego en la jungla. —Hmm, sí, definitivamente por allá.— decidió casi al instante, señalando el sendero selvático con total seguridad como si alguien pudiera verla tomando decisiones por si misma.
Desde que había consumido su Akuma no Mi, el agua había dejado de ser algo relajante para convertirse en un problema potencial, y Sigrid odiaba sentirse limitada, además la playa no tenía demasiado que ofrecerle más allá de arena y calor, la selva sí. Hierbas medicinales, plantas útiles, tal vez frutas extrañas y seguramente animales enormes intentando arrancarle un brazo. La sonrisa de Sigrid creció un poco más ante ese pensamiento. —VIKYKYKYKYKY, ahora sí se pone interesante.— soltó mientras acomodaba la alabarda sobre su hombro. Sin dudarlo más, comenzó a internarse en el sendero. Las ramas gruesas rozaban sus brazos y hombros debido a su enorme tamaño, obligándola a apartarlas constantemente mientras avanzaba. El sonido de insectos era muchísimo más intenso dentro de la selva, mezclándose con ruidos lejanos de criaturas que probablemente prefería no encontrarse alguien normal.
Pero Sigrid no era alguien normal, de hecho, cuanto más se adentraba, más cómoda parecía sentirse, sus ojos recorrían el entorno con interés genuino, fijándose en diferentes plantas, hojas y flores que crecían alrededor de los enormes árboles. De vez en cuando se detenía apenas unos segundos para arrancar alguna hierba que reconocía y guardarla dentro de una pequeña bolsa sujeta a la cintura. —Esto sirve para bajar fiebre— murmuró mientras observaba unas hojas azuladas. —Y esto para desinflamar.— Luego guardó ambas con cuidado antes de seguir caminando, era simple, entrar a la jungla solo tenía ventajas, podía relajarse, conseguir ingredientes y si algo intentaba atacarla, bueno, eso también sonaba divertido.
Aun así, Sigrid no era irresponsable, bueno, no del todo. Había pasado suficiente tiempo viajando entre islas peligrosas como para saber que internarse sola en una jungla como la de Kyodaina podía terminar muy mal si alguien no sabía dónde estaba, por eso, mientras seguía caminando entre la vegetación, llevó una enorme mano hasta su cinturón y sacó su Den Den Mushi. El pequeño caracol tardó apenas unos segundos en reaccionar antes de adoptar aquella expresión tan familiar. —Juanchi, estoy adentrándome un poco en la selva para conseguir hierbas medicinales, si tengo problemas quédate al pendiente de tu caracolito.— comentó con total naturalidad mientras apartaba una rama gigante con el brazo libre. La forma casual en que lo decía hacía parecer que hablaba de dar un paseo cualquiera y no de entrar sola a una jungla llena de criaturas enormes acostumbradas a despedazar cosas. Sigrid siguió avanzando mientras esperaba respuesta, observando el entorno con curiosidad genuina. A lo lejos se escuchó un rugido grave que hizo vibrar ligeramente algunas hojas cercanas, la vikinga levantó apenas una ceja.
—Oh si, ese sonó grande.— murmuró para sí misma, pero lejos de preocuparla, eso parecía divertirla todavía más. Guardó nuevamente el Den Den Mushi y continuó internándose en la selva, aplastando ramas secas bajo sus enormes botas mientras el sonido de insectos y animales envolvía todo el lugar, cada cierto tiempo se detenía para arrancar alguna planta útil y guardarla cuidadosamente en su bolsa médica. —Si encuentro algo venenoso seguro le sirve a Enji— comentó entre pequeñas risas. —O quizá no debería darle ideas.— Y así, completamente tranquila, siguió avanzando más y más profundo dentro de Kyodaina como si aquella isla salvaje fuera apenas un paseo para despejar la mente.
Kyodaina era completamente distinta a cualquier lugar donde hubiera estado antes. La isla parecía viva en todo momento, enormes árboles cubrían gran parte del paisaje, los ríos atravesaban la vegetación como serpientes interminables y el sonido de insectos llenaba el ambiente incluso durante el día. Todo ahí era más grande, más salvaje, más agresivo, los animales se escuchaban a la distancia constantemente, rugidos, pisadas pesadas, ramas quebrándose como si la propia isla recordara a todos que allí sobrevivía el más fuerte y sinceramente a Sigrid le gustaba bastante.
La enorme buccaner caminaba entre la vegetación y la arena con una tranquilidad impropia para alguien rodeada de bestias gigantes. El uniforme de marine estaba más abierto y relajado que de costumbre por culpa del calor húmedo de la isla, y su alabarda descansaba sobre el hombro mientras avanzaba sin rumbo fijo, simplemente disfrutando de no tener a nadie sangrando delante suyo. El sonido del agua corriendo cerca calmaba bastante el ambiente. Uno de los tantos ríos de la isla pasaba no muy lejos de ella y la brisa húmeda ayudaba a soportar el calor sofocante de Kyodaina. —Hmmmm— murmuró mientras apartaba una rama enorme de su camino. Un insecto del tamaño de su mano pasó volando frente a su cara y Sigrid simplemente lo siguió con la mirada, curiosa.
—VIKYKYKYKYKY, aquí hasta los bichos parecen entrenar mas que Enji— soltó entre risas, era raro no estar peleando, ni estar curando, mucho menos estar corriendo de un lado a otro intentando evitar que alguien muriera, simplemente caminar. Sus enormes botas aplastaban hojas, pequeñas ramas y alguna piedra mientras avanzaba sin preocupación aparente. De vez en cuando observaba huellas enormes marcadas en la o escuchaba movimientos entre los árboles, pero lejos de incomodarla, aquello parecía divertirla más, después de todo ella también era una criatura enorme acostumbrada a sobrevivir en lugares brutales y por primera vez desde que llegaron al Grand Line, Sigrid podía simplemente existir sin pensar en nada más.
Sin darse demasiada cuenta de cuánto había caminado, Sigrid terminó frente a un camino bifurcado, a un lado, la playa continuaba extendiéndose casi hasta perderse de vista, interminable, acompañada únicamente por el sonido constante de las olas golpeando la costa. Del otro, un sendero irregular se abría paso entre la vegetación espesa de Kyodaina, internándose directo en la selva salvaje de la isla. La vikinga apenas necesitó pensarlo, sus ojos se posaron primero en el mar y luego en la jungla. —Hmm, sí, definitivamente por allá.— decidió casi al instante, señalando el sendero selvático con total seguridad como si alguien pudiera verla tomando decisiones por si misma.
Desde que había consumido su Akuma no Mi, el agua había dejado de ser algo relajante para convertirse en un problema potencial, y Sigrid odiaba sentirse limitada, además la playa no tenía demasiado que ofrecerle más allá de arena y calor, la selva sí. Hierbas medicinales, plantas útiles, tal vez frutas extrañas y seguramente animales enormes intentando arrancarle un brazo. La sonrisa de Sigrid creció un poco más ante ese pensamiento. —VIKYKYKYKYKY, ahora sí se pone interesante.— soltó mientras acomodaba la alabarda sobre su hombro. Sin dudarlo más, comenzó a internarse en el sendero. Las ramas gruesas rozaban sus brazos y hombros debido a su enorme tamaño, obligándola a apartarlas constantemente mientras avanzaba. El sonido de insectos era muchísimo más intenso dentro de la selva, mezclándose con ruidos lejanos de criaturas que probablemente prefería no encontrarse alguien normal.
Pero Sigrid no era alguien normal, de hecho, cuanto más se adentraba, más cómoda parecía sentirse, sus ojos recorrían el entorno con interés genuino, fijándose en diferentes plantas, hojas y flores que crecían alrededor de los enormes árboles. De vez en cuando se detenía apenas unos segundos para arrancar alguna hierba que reconocía y guardarla dentro de una pequeña bolsa sujeta a la cintura. —Esto sirve para bajar fiebre— murmuró mientras observaba unas hojas azuladas. —Y esto para desinflamar.— Luego guardó ambas con cuidado antes de seguir caminando, era simple, entrar a la jungla solo tenía ventajas, podía relajarse, conseguir ingredientes y si algo intentaba atacarla, bueno, eso también sonaba divertido.
Aun así, Sigrid no era irresponsable, bueno, no del todo. Había pasado suficiente tiempo viajando entre islas peligrosas como para saber que internarse sola en una jungla como la de Kyodaina podía terminar muy mal si alguien no sabía dónde estaba, por eso, mientras seguía caminando entre la vegetación, llevó una enorme mano hasta su cinturón y sacó su Den Den Mushi. El pequeño caracol tardó apenas unos segundos en reaccionar antes de adoptar aquella expresión tan familiar. —Juanchi, estoy adentrándome un poco en la selva para conseguir hierbas medicinales, si tengo problemas quédate al pendiente de tu caracolito.— comentó con total naturalidad mientras apartaba una rama gigante con el brazo libre. La forma casual en que lo decía hacía parecer que hablaba de dar un paseo cualquiera y no de entrar sola a una jungla llena de criaturas enormes acostumbradas a despedazar cosas. Sigrid siguió avanzando mientras esperaba respuesta, observando el entorno con curiosidad genuina. A lo lejos se escuchó un rugido grave que hizo vibrar ligeramente algunas hojas cercanas, la vikinga levantó apenas una ceja.
—Oh si, ese sonó grande.— murmuró para sí misma, pero lejos de preocuparla, eso parecía divertirla todavía más. Guardó nuevamente el Den Den Mushi y continuó internándose en la selva, aplastando ramas secas bajo sus enormes botas mientras el sonido de insectos y animales envolvía todo el lugar, cada cierto tiempo se detenía para arrancar alguna planta útil y guardarla cuidadosamente en su bolsa médica. —Si encuentro algo venenoso seguro le sirve a Enji— comentó entre pequeñas risas. —O quizá no debería darle ideas.— Y así, completamente tranquila, siguió avanzando más y más profundo dentro de Kyodaina como si aquella isla salvaje fuera apenas un paseo para despejar la mente.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
