15-05-2026, 05:40 AM
(Última modificación: 15-05-2026, 05:55 AM por Runin D. Kitay.)
¿Cuánto tiempo lleva formar un hábito? ¿Cuántos días o semanas? ¿Qué tanta determinación debe sentir la persona? El cúmulo de cuestiones atraviesan la mente de la curiosa amazona. A sus pies la dorada hojarasca resuena ante cada uno de sus movimientos, llenando el calzado deportivo de fragmentos que, contrario a ofrecer un aire desaliñado, da la sensación de pertenencia propio de quien disfruta un momento de calma. Ni siquiera el leve relincho a su espalda o el siseo de su serpiente zigzagueando entre las hojas son suficientes para romper la concentración de la fémina.
Silba en un tono bajo alguna canción que le gusta pero de la que no recuerda la letra. La cabeza se menea cuando la serpiente se adelanta apuntando hacia una dirección con su cola, como si fuese alguna clase de brújula. La mujer ríe negando al pasar junto a Cardan, de repente los tenues rayos de sol que se filtran por el frondoso bosque otoñal se convierten en la calidez de un cielo despejado y una considerable llanura. De haber un lago en medio del lugar sería perfecto para pasar las horas, el día, semanas.
El eco de un golpe al estrellarse contra la corteza rompe la quietud del ambiente. Los pasos se detienen durante un breve momento. La mirada chocolate se expande, los labios forman una línea y un ligero recuerdo borroso pero existente empieza a martillar su mente. Espabila decidiendo acercarse, volviendo a retomar la animosidad. Un silbido asombrado escapa al notar el estado en el que el inocente terreno ha quedado.

—¡Quien te viera, cariño!
La jocosidad culmina en una sonrisa que se dedica a observar el amplio espacio. Es consciente de las desapariciones constantes de su capitán para disfrutar las bondades que la vida ofrece, incluso sabe que en ocasiones se escabulle para entrenar, Cardan suele acompañarlo a escondidas, ella lo ha visto alguna vez desde la lejanía de algún árbol. Nunca tan cerca, hasta ese momento. ”No es un cervatillo.” Que pueda huir ante la presencia de otros, que pretenda no esforzarse o que finja quemeimportismo.
—¿Tocho? Ya quisiera intentarlo. Mira. —Levanta un poco la diestra, apuntando el pulgar hacia atrás, riéndose. —¡A quien no obedece es a ti! ¡A mi me adora! Solo tuve que darle una zanahoria. —Y por “darle” se refiere a mostrarle la zanahoria de frente y aplastarla entre sus dedos con abrumadora fuerza hasta hacerla papilla. Tanto Cardan como Tocho decidieron que un paseo con la amable y dulce Runin no vendría mal.
—Quería hacer ver un par de estrellas a algunos de estos árboles; Cardan me guió, es bastante sapo para ser una serpiente, fufufufu. —Los pasos se acercan hacia Ryota, llegando al centro del claro.
—Aunque parece que te adelantaste. ¿Qué te hizo la pobre tierra? ¿La ablandabas para descansar mejor? —El cráter en el suelo provoca un nuevo silbido, esta vez más silencioso. Si, ha pasado tiempo de calidad con su serpiente desde lo sucedido en Kutsukku, algunas malas mañas logran pegarse.

—Isla Karate realmente te cambió, cariño. ¿Aprendiste eso ahí?
Lejos de parecer una burla, la amazona sonríe con cierto grado de cariño que roza la admiración.
”Ha cambiado mucho”
Hemos cambiado.
BOLSA DE ESTRELLITAS
