15-05-2026, 07:50 AM
(Última modificación: 15-05-2026, 08:41 PM por Miyori Hoshino.)
Observé tanto como pude, aprovechando cada instante que la situación me permitía, intentando encontrar con la mirada algún rastro de aquella pequeña persona que parecía ser el amo de ese sujeto, sin embargo, no hallé nada. Habían desaparecido igual las personas que dirigen este espectáculo, solo dejaron una incómoda sensación de ausencia con un escenario vendido.
No pude prestar atención a los artistas que decidían abandonar el lugar para ponerse a salvo, ni siquiera lograba verlos fijamente, pero yo agradecía a los dioses porque habían tomado la decisión correcta de ponerse a salvo. No me importaba tener que quedarme atrás, después de todo, ellos no tenían cómo defenderse de una espada, y jamás permitiría que sus instrumentos fueran usados como escudos improvisados o destruidos por la mano de un demente sin corazón. Las palabras de aliento que me dedicaron no hicieron más que llenar mi pecho de seguridad y determinación, pelearía por ellos, por la paz que habían manchado.
Mi arco y flechas permanecían listos para atacar mientras mis manos se mantenían en una postura defensiva, debía resistir, soportar lo suficiente hasta encontrar una oportunidad para salir ilesa de aquella situación, pero Vercingétorix se lanzó hacia mí con una agilidad abrumadora, tan rápida que me fue imposible reaccionar a tiempo, se desplazó hasta quedar peligrosamente cerca, con la espada empuñada y claramente dispuesto a seguir abriendo heridas sobre mi cuerpo. El filo alcanzó mi pierna izquierda en un corte directo, nuevamente fue superficial, pero eso no evitó que el dolor me recorriera al instante, esa sensación desagradable de sentir el ardor de la sangre deslizándose por mi piel, heridas leves pero muy sentidas.
Nunca solté el arco tras aquel ataque consecutivo después del primer corte, su espada volvió a moverse de manera agil, de inmediato, ejecutando un segundo ataque dirigido nuevamente hacia mi pierna izquierda. El dolor me obligó a retroceder varios pasos, torpe e inestables, mientras intentaba contener los quejidos que escapaban de mis labios entre respiraciones forzadas, aun así, me aferré al arco con fuerza, negándome a ceder incluso cuando el ardor de las heridas hacía temblar mis piernas.
*Demonios, necesito un mejor ángulo…* La desventaja de tenerlo tan cerca pesó de inmediato en mi mente, apenas encontré una oportunidad, disparé dos flechas dirigida hacia su pierna izquierda, las dos irían exactamente en el lugar donde había recibido el primer impacto de mi ataque anterior, esperaba que, aunque fuera un instante, el dolor y la molestia sirviera como distracción, aproveché ese breve momento para intentar alejarme todo lo posible de él, avanzando con rapidez pese al ardor que recorría mi propia pierna. Mi intención era alcanzar una posición más allá del telón y encontrar cualquier cosa que pudiera servirme de apoyo o cobertura antes de que volviera a lanzarse sobre mí.
Hasta el momento solo podía hacerme camino con lo que tuviese a mi alcance, mi arco y mis flechas.
No pude prestar atención a los artistas que decidían abandonar el lugar para ponerse a salvo, ni siquiera lograba verlos fijamente, pero yo agradecía a los dioses porque habían tomado la decisión correcta de ponerse a salvo. No me importaba tener que quedarme atrás, después de todo, ellos no tenían cómo defenderse de una espada, y jamás permitiría que sus instrumentos fueran usados como escudos improvisados o destruidos por la mano de un demente sin corazón. Las palabras de aliento que me dedicaron no hicieron más que llenar mi pecho de seguridad y determinación, pelearía por ellos, por la paz que habían manchado.
Mi arco y flechas permanecían listos para atacar mientras mis manos se mantenían en una postura defensiva, debía resistir, soportar lo suficiente hasta encontrar una oportunidad para salir ilesa de aquella situación, pero Vercingétorix se lanzó hacia mí con una agilidad abrumadora, tan rápida que me fue imposible reaccionar a tiempo, se desplazó hasta quedar peligrosamente cerca, con la espada empuñada y claramente dispuesto a seguir abriendo heridas sobre mi cuerpo. El filo alcanzó mi pierna izquierda en un corte directo, nuevamente fue superficial, pero eso no evitó que el dolor me recorriera al instante, esa sensación desagradable de sentir el ardor de la sangre deslizándose por mi piel, heridas leves pero muy sentidas.
Nunca solté el arco tras aquel ataque consecutivo después del primer corte, su espada volvió a moverse de manera agil, de inmediato, ejecutando un segundo ataque dirigido nuevamente hacia mi pierna izquierda. El dolor me obligó a retroceder varios pasos, torpe e inestables, mientras intentaba contener los quejidos que escapaban de mis labios entre respiraciones forzadas, aun así, me aferré al arco con fuerza, negándome a ceder incluso cuando el ardor de las heridas hacía temblar mis piernas.
*Demonios, necesito un mejor ángulo…* La desventaja de tenerlo tan cerca pesó de inmediato en mi mente, apenas encontré una oportunidad, disparé dos flechas dirigida hacia su pierna izquierda, las dos irían exactamente en el lugar donde había recibido el primer impacto de mi ataque anterior, esperaba que, aunque fuera un instante, el dolor y la molestia sirviera como distracción, aproveché ese breve momento para intentar alejarme todo lo posible de él, avanzando con rapidez pese al ardor que recorría mi propia pierna. Mi intención era alcanzar una posición más allá del telón y encontrar cualquier cosa que pudiera servirme de apoyo o cobertura antes de que volviera a lanzarse sobre mí.
Hasta el momento solo podía hacerme camino con lo que tuviese a mi alcance, mi arco y mis flechas.
Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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