16-05-2026, 08:29 PM
Música
Mi maravillosa teoría de la fruta del armadillo se dio de bruces contra la realidad… Algún día encontraría al usuario de esa formidable fruta y nos enfrentaríamos en un duelo para determinar quién ganaría, el mamífero que se enrolla o el reptil que se esconde… Por otro lado, Miyori, una vez observó cómo me transformaba en un enorme gyojin cangrejo, hizo gala de una increíble capacidad de deducción, logrando adivinar que, en efecto, mi fruta era la de la tortuga. Era evidente que a ella se le daba mejor el juego de las adivinanzas que a mí, aunque en mi defensa debía decir que ella lo tenía más sencillo después de haber visto mi cambio de forma.
Mi pequeña acompañante, haciendo gala de su amabilidad, metió la mano en el agujero y, tras unos segundos de tensión, en los que se podía sentir como la tensión se podía cortar con un cuchillo, logró sacar de forma triunfante la ansiada caracola, el tesoro del mar, el regalo de la costa… Mis ojos se iluminaron con la luz de la luna que ya empezaba a brillar por el horizonte ante la ausencia del cálido sol de verano —¡HURRA!— Exclamé lleno de felicidad al ver la postura triunfante de Miyori.
Sin pensarlo mucho, la levanté del suelo, agarrándola de las piernas y de la espalda, empezando a lanzarla hacia arriba para celebrar la victoria. Cuando caía en mis brazos, decía con un tono juguetón —YEEEEEE...— Para terminar lanzándola otra vez a los cielos al grito de —...CLAAAWWWW— Repetí esto cinco veces antes de dejarla de nuevo en el suelo. —Pesas poquito Miyo, tienes que comer más algas— Le advertí con los brazos en jarra, como un abuelo que se preocupa por lo que comen sus nietos.
Comentó el parecido del color de la caracola al de su pelo, ambos de un radiante naranja que parecía brillar con vida propia —Ciertamente… Y por su tamaño bien podrías usarla de casco jajaja— Cogí la caracola con el permiso de Miyori y la coloqué al lado de mi cabeza —Hmmm… Yo es que soy cabezón…— La examiné ahora con más detenimiento, el color naranja de la concha se deslizaba a través de los pinchos de la misma, que habían sido suavizados por años y años de continuo oleaje. Sin dudas, era algo irrepetible, un trabajo que le costó años y años a un herrero tan curtido como el mar.
—Mira lo que puedo hacer— Le avisé antes de colocarme el extremo más puntiagudo de la caracola en la boca. Entonces, soplé con fuerza por el orificio de la misma, logrando que multitud de burbujas salieran de la misma en dirección al mar, explotando en ráfagas al entrar en contacto con las gotas saladas que salpicaban las olas al romper en la costa. —Nunca pasa de moda jejeje— Expresé con una cara llena de satisfacción en mi rostro.
Miyori me preguntó el porqué no podía nadar, realmente era algo que descubrí hace poco, mientras descansaba del entrenamiento en Isla del Kárate, cuando fui a nadar con Kuririn en uno de los estanques que se encuentran alrededor del dojo Al entrar al agua, simplemente me hundí, como si fuera una roca, de no ser porque mi amigo se encontraba allí junto a mí, me habría quedado horas en el fondo del estanque. —Realmente no entiendo muy bien por qué… Pero desde que adquirí la habilidad de convertirme en tortuga, simplemente me hundo como una roca en el mar— Tras una pequeña pausa, aclaré—Antes era un gran nadador— Mientras me rascaba debajo de la nariz con orgullo.
La misión había terminado, pero qué clase de marine, no… ¿Qué clase de hombre sería si dejara a la persona que me ha ayudado aquí sola en la costa? Eso sería una vergüenza que quedaría marcada en mí de por vida, por lo que le pregunté a la muchacha —¿Por dónde vives? Te acompañaré a donde me digas— Con el pecho inflado de orgullo y, tras cruzar los brazos, añadí —Puedo volver a llevarte en el Tortumóvil si quieres jeje—.

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