17-05-2026, 07:25 AM
La escuché, con atención, no la de un monje que medita y escucha hasta las plantas hacer la respiración invertida. No, pero sí lo suficiente para notar que las cosas no iban bien. Se sentía apego y eso no me va, no me encanta. Además de que es una niña, no sabe en quién está confiando. Sus palabras desvelaron que está dispuesta a ayudar a los demás. Con otras personas y con su padre, si la matemática no me falla, dos mas dos mas uno son mucha gente y yo allí no voy a venir a romper un equilibrio. No el de ellos, hablo del mío. Le haría un favor, uno sano, uno útil.
Me detuve mostré mi palma, de la misma manera le dí unas palmadas al joven Miyori. Sin fuerza, más allá del peso mínimo del contacto. Por la diferencia de alturas no presentó esfuerzo alguno. Una chica que admira mucho el lugar donde vive, pero nuestro camino con las demás personas en el suyo, como una partícula de arena en la playa. Me detuve y observé como ella disfrutaba de su momento de introspección en una completa ataraxia. No quise ser rudo con ella en ningún momento.
— Heras, como cuando dejas de ser o como cuando se acaba una monarquía. —
Aclaré, sin apellidos que me acompañen una palabra más, de uso común. Esa era mi nombre, sin mas que agregar, ya que tener un nombre largo implica saber quien es tu familia, saber de donde provienes, algo que llevas con orgullo y lo presentas a los demas o un peso que te puede tocar cargar. — Gracias, pero no gracias, me presentaré con tu padre en el puerto en la mañana entonces, le diré que llegué allí recomendado de tu parte. Pero no más.Igual, gracias por contarme un poco de lo que debo conocer.—
Extender ese momento podría crear un apego, un apego que necesitaba evitar. ¿La situación cambiaría si Miyori fuera una adulta independiente? Si, seguramente si. ¿Lo mal interpretaría? Bueno, un poco, también, que una mujer soltera te ponga su casa a disposición es un poco sugerente si te parece atractiva. Debilidades de mentes que se sugestionan fácil. ¿Es la principal razón por la que negaba su hospitalidad? No. La verdad, no me encantaba apegarme con la gente y ella en el momento comenzó a mostrar una ayuda que traspasaba lo permisible. Incluso hacer una actividad juntos era previsible, pero aceptar presentaría un apego a ella de mi parte y me negaba. La casa de su familia, conocer a sus hermanos, llevarme bien con ellos. Nada de eso pinta bien.
No quise ser grosero con ella, no me iba eso, la verdad siempre quería proveer un trato a los demás como me hubiese gustado que me tratasen a mi, pero esta vez buscaba desplazarme sin hacer daño y hacer la mínima coyuntura. Recogí mis manos y las lleve una a mis espalda similar a la pose de ella y le mostré un pulgar arriba antes de que mis pasos la rodearan y siguieran caminando por aquellos caminos adoquinados. Le hice un gesto de quitarse el sombrero y seguí caminando, pero abriendo mi camino, buscando seguir y encontrar un lugar donde me permitieran quedarme, alguna mujer viuda o casada o chica rebelde me daría asilo seguramente. Me cobraría en dinero o en cuerpo, ya sería algo a lo que estaba más acostumbrado.
Me detuve mostré mi palma, de la misma manera le dí unas palmadas al joven Miyori. Sin fuerza, más allá del peso mínimo del contacto. Por la diferencia de alturas no presentó esfuerzo alguno. Una chica que admira mucho el lugar donde vive, pero nuestro camino con las demás personas en el suyo, como una partícula de arena en la playa. Me detuve y observé como ella disfrutaba de su momento de introspección en una completa ataraxia. No quise ser rudo con ella en ningún momento.
— Heras, como cuando dejas de ser o como cuando se acaba una monarquía. —
Aclaré, sin apellidos que me acompañen una palabra más, de uso común. Esa era mi nombre, sin mas que agregar, ya que tener un nombre largo implica saber quien es tu familia, saber de donde provienes, algo que llevas con orgullo y lo presentas a los demas o un peso que te puede tocar cargar. — Gracias, pero no gracias, me presentaré con tu padre en el puerto en la mañana entonces, le diré que llegué allí recomendado de tu parte. Pero no más.Igual, gracias por contarme un poco de lo que debo conocer.—
Extender ese momento podría crear un apego, un apego que necesitaba evitar. ¿La situación cambiaría si Miyori fuera una adulta independiente? Si, seguramente si. ¿Lo mal interpretaría? Bueno, un poco, también, que una mujer soltera te ponga su casa a disposición es un poco sugerente si te parece atractiva. Debilidades de mentes que se sugestionan fácil. ¿Es la principal razón por la que negaba su hospitalidad? No. La verdad, no me encantaba apegarme con la gente y ella en el momento comenzó a mostrar una ayuda que traspasaba lo permisible. Incluso hacer una actividad juntos era previsible, pero aceptar presentaría un apego a ella de mi parte y me negaba. La casa de su familia, conocer a sus hermanos, llevarme bien con ellos. Nada de eso pinta bien.
No quise ser grosero con ella, no me iba eso, la verdad siempre quería proveer un trato a los demás como me hubiese gustado que me tratasen a mi, pero esta vez buscaba desplazarme sin hacer daño y hacer la mínima coyuntura. Recogí mis manos y las lleve una a mis espalda similar a la pose de ella y le mostré un pulgar arriba antes de que mis pasos la rodearan y siguieran caminando por aquellos caminos adoquinados. Le hice un gesto de quitarse el sombrero y seguí caminando, pero abriendo mi camino, buscando seguir y encontrar un lugar donde me permitieran quedarme, alguna mujer viuda o casada o chica rebelde me daría asilo seguramente. Me cobraría en dinero o en cuerpo, ya sería algo a lo que estaba más acostumbrado.
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