17-05-2026, 08:39 AM
(Última modificación: 17-05-2026, 07:07 PM por Ryota Miyamoto.)
“Ujum, Ujum, Ujum” El rostro del varón asintió conforme las palabras de la fémina reflejaban un interés inusual. Ella no tardó en deslizar su suave tacto sobre la figura ajena hasta situarse en su espalda, en donde un cálido abraso elevó la temperatura entre ambos.

“¿Una apuesta?”
Las palabras a su oído, junto con la sensación suave y reconfortante que empujó contra su espalda, robo por completo la atención del pirata. Runin poseía una forma de hacerse escuchar a la que ningún hombre por experimentado que fuera, podía siquiera resistirse.
Ante la ausencia de tan agradable tacto, el castaño se giró en dirección hacia ella, buscando entender el motivo de aquella interrogante.
La propuesta lo recibió de golpe, la mirada chocolate irradiaba picardía, vivacidad y el ímpetu necesario para conseguir lo que deseara. “¿En un día?” Repitió, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
Estaba claro que Runin no era consciente de la verdadera dificultad para dominar ese golpe y por eso, la primera reacción de Ryota fue sonreír para luego estar a punto de comenzar a reír como un demente. Sin embargo, el derecho a un deseo, el que quisiera… consiguió captar por completo su interés.

“Creo plenamente en ti, sé que eres capaz de hacerlo Runin. Acepto tu apuesta, pero no porque dude de que seas capaz de hacerlo, simplemente porque fue tu idea y ya sabes que no me gusta decirte que no, ni a ti, ni a ningún bro.”
Eso era lo que decía, pero lo que pensaba…

“A webo kekeke, ya se me hizo el milagrito kekeke por fin me va a dar el %$#&%.”
Canturreaba para sus adentros, completamente convencido de que ganaría aquella apuesta sin lugar a dudas. Quizás se veía mal estafar a la persona por la que sería capaz de darlo todo, pero, siendo ella quien había propuesto el trato, habría sido aún más triste no aceptarlo.
Después de todo, sabía perfectamente lo que hacía. Runin era un prodigio del combate, sí, pero incluso para alguien como ella, dominar ese golpe no era algo sencillo.

“Bien, comencemos.”
Ryota se giró dando su espalda a Runin para comenzar a caminar en dirección al final del claro, hasta donde los grandes árboles se alzaban. Esperaba que Runin lo siguiera y cuando estuvo frente a un gran árbol de unos dos metros de grosor, llevó su diestra al bolsillo de su pantalón. “Dale un golpe a este árbol, con toda tu fuerza.” Indicó, sacando de su bolsillo un chicle para llevarlo a su boca. “Tu objetivo será no dañar la corteza en lo más mínimo con tu impacto, tan solo hacer que sus hojas caigan.” ¿Siquiera era posible? ¿Acaso Ryota estaba haciendo trampa? Claro que no.
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