17-05-2026, 10:31 AM
Con todo bien atado y el permiso concedido, la soldado lo tiene claro, piensas en disfrutar de tu día libre paseando por la exótica jungla de Kyodaina, única en el mundo. Tal vez otras personas hubieran preferido descansar todo el día en el camarote o haber disfrutado del Sol y la tranquilidad de la playa. Pero la esencia Buccaneer que corre por tus venas te empuja a la aventura y el descubrimiento. Stormhogg en mano, tomas el camino de la izquierda tras la bifurcación y te adentras en las entrañas de la selva.
El bioma presenta una dualidad interesante e inquietante al mismo tiempo, lanzando señales contradictorias a cada rato. Por un lado, el camino cada vez es más estrecho y difuso, difícil de seguir. La vegetación es más densa a cada paso que das y los árboles y palmeras son tan altos que apenas filtran la luz natural con sutiles destellos que deslumbran en la superficie de las plantas. Sin embargo, la belleza es inexplicable. Territorio virgen, sin el maltrato de ninguna especie invasora. Flores y hierbas que jamás se han visto ni soñado, ni siquiera en los libros de medicina que estudiáis en la división. Cada rugido en la oscuridad o los ecos del cantar de las aves podría ser de una especie nueva jamás vista. Un mundo selvático que aterra con lo desconocido pero que te atrae con la curiosidad y el descubrimiento.
Avanzas sin miedo al éxito. El entorno no te acongoja y los posibles peligros que te acechan, lejos de asustarte, te divierten y entretienen. Vas preparada para la acción, con el Den Den Mushi activado y la alabarda dispuesta a enfrentar cualquier amenaza. Otro Marine habría huido nada más escuchar algún sonido extraño, pero mamá no crió a una vikinga cobarde, al contrario. Eres una guerrera, amante de los combates, y enfrentarías cualquier desafío con una sonrisa y una voluntad inquebrantable.
Pasan los minutos y las horas casi sin que uno se dé cuenta. Cada hallazgo te adentra más y más en las profundidades de este laberinto natural sin que te percates. No eres consciente de dónde estás cuando de un momento a otro, el pequeño Caracol que hace de teléfono empieza a emitir un ruido blanco molesto, una señal de interferencia que le impide conectar con el exterior. Parece que da igual por donde te muevas, has perdido la cobertura. Pero no hay problema. Tan solo has de volver por el camino y... Un momento... ¿Y el camino? Observas el terreno con detenimiento y descubres que ya no hay camino que seguir, lo dejaste atrás hace rato. Miras a un lado y a otro y todo te parece igual. Para tu desgracia, ha ocurrido... Te has confiado de más y te has perdido. No pasa nada. La isla tampoco es muy grande y si tomas un camino recto, tarde o temprano alcanzarás la costa y al recuperar la señal, podrán pasar a recogerte. La cosa no puede ir a peor... ¿Verdad?
El cantar de los pájaros se enmudece en ese preciso instante. Desde la distancia, el viento trae un susurro vibrante, desde más allá de las altas copas de los árboles. Pero lejos de alejarse, el sonido se intensifica. Se acerca cada vez más a tu posición, envolvente, desde todas las direcciones. Lo oyes, lo sientes. Gracias a ti gran sentido de la audición puedes detectar la amenaza que se cierne sobre tí. El zumbido estridente se aproxima de frente y arrasa con lo que se encuentra.
Lo ves claramente, una nube informe de infinitas avispas en formación. Avanzan con ansia voraz y devastando aquello que tocan. Devoran vegetal y animal a su paso, no siquiera la madera se libra de ser mordida por el enjambre. Van despacio, pero no hay vida tras ese ejercicio alado.
Cuando te van a alcanzar, la horda se expande y se divide, buscando abarcar más espacio y abrazarte desde diferentes ángulos para que no puedas defenderte de su ataque. Esto las vuelve más lentas y vulnerables, pero más letales.
Puedes enfrentar a la muerte con decisión y coraje, derrotar a los insectos con un poderoso ataque devastador o escapar de un final trágico huyendo hacia lo desconocido. Solo tú controlas tu propio destino.
El bioma presenta una dualidad interesante e inquietante al mismo tiempo, lanzando señales contradictorias a cada rato. Por un lado, el camino cada vez es más estrecho y difuso, difícil de seguir. La vegetación es más densa a cada paso que das y los árboles y palmeras son tan altos que apenas filtran la luz natural con sutiles destellos que deslumbran en la superficie de las plantas. Sin embargo, la belleza es inexplicable. Territorio virgen, sin el maltrato de ninguna especie invasora. Flores y hierbas que jamás se han visto ni soñado, ni siquiera en los libros de medicina que estudiáis en la división. Cada rugido en la oscuridad o los ecos del cantar de las aves podría ser de una especie nueva jamás vista. Un mundo selvático que aterra con lo desconocido pero que te atrae con la curiosidad y el descubrimiento.
Avanzas sin miedo al éxito. El entorno no te acongoja y los posibles peligros que te acechan, lejos de asustarte, te divierten y entretienen. Vas preparada para la acción, con el Den Den Mushi activado y la alabarda dispuesta a enfrentar cualquier amenaza. Otro Marine habría huido nada más escuchar algún sonido extraño, pero mamá no crió a una vikinga cobarde, al contrario. Eres una guerrera, amante de los combates, y enfrentarías cualquier desafío con una sonrisa y una voluntad inquebrantable.
Pasan los minutos y las horas casi sin que uno se dé cuenta. Cada hallazgo te adentra más y más en las profundidades de este laberinto natural sin que te percates. No eres consciente de dónde estás cuando de un momento a otro, el pequeño Caracol que hace de teléfono empieza a emitir un ruido blanco molesto, una señal de interferencia que le impide conectar con el exterior. Parece que da igual por donde te muevas, has perdido la cobertura. Pero no hay problema. Tan solo has de volver por el camino y... Un momento... ¿Y el camino? Observas el terreno con detenimiento y descubres que ya no hay camino que seguir, lo dejaste atrás hace rato. Miras a un lado y a otro y todo te parece igual. Para tu desgracia, ha ocurrido... Te has confiado de más y te has perdido. No pasa nada. La isla tampoco es muy grande y si tomas un camino recto, tarde o temprano alcanzarás la costa y al recuperar la señal, podrán pasar a recogerte. La cosa no puede ir a peor... ¿Verdad?
El cantar de los pájaros se enmudece en ese preciso instante. Desde la distancia, el viento trae un susurro vibrante, desde más allá de las altas copas de los árboles. Pero lejos de alejarse, el sonido se intensifica. Se acerca cada vez más a tu posición, envolvente, desde todas las direcciones. Lo oyes, lo sientes. Gracias a ti gran sentido de la audición puedes detectar la amenaza que se cierne sobre tí. El zumbido estridente se aproxima de frente y arrasa con lo que se encuentra.
Lo ves claramente, una nube informe de infinitas avispas en formación. Avanzan con ansia voraz y devastando aquello que tocan. Devoran vegetal y animal a su paso, no siquiera la madera se libra de ser mordida por el enjambre. Van despacio, pero no hay vida tras ese ejercicio alado.
Enjambre de avispas asesinas
Cuando te van a alcanzar, la horda se expande y se divide, buscando abarcar más espacio y abrazarte desde diferentes ángulos para que no puedas defenderte de su ataque. Esto las vuelve más lentas y vulnerables, pero más letales.
Puedes enfrentar a la muerte con decisión y coraje, derrotar a los insectos con un poderoso ataque devastador o escapar de un final trágico huyendo hacia lo desconocido. Solo tú controlas tu propio destino.
Cajita feliz

![[Imagen: VV3GZGR.jpeg]](https://i.imgur.com/VV3GZGR.jpeg)