18-05-2026, 05:15 AM
Tan pronto como conseguí la caracola, me encontré con la mirada del Gyojin cangrejo cuyos ojos reflejaban una sorpresa cargada de emoción y unos semi-gritos de felicidad, definitivamente, era maravilloso poder compartir la dicha de otros. De pronto Juan se acercó en medio de aquel ambiente de euforia y con gran facilidad me cargó para después alzarme por los aires y lanzarme hacia arriba. Mi primera reacción fue cerrar los ojos, ahogando un pequeño chillido de sorpresa, sin embargo, al notar que el gesto se repetía una y otra vez, comprendí que no era más que una efusiva celebración por el hallazgo, y poco a poco, el miedo inicial se transformó en una risa llena de alegría dejándome llevar por el momento, y disfrutando de aquella espontánea celebración—- ¡Jajajaja, me alegra que te haga feliz!
Mis pies tocaron nuevamente el suelo, y apenas recuperé el equilibrio cuando Juan comentó entre risas que yo pesaba muy poco y que debía comer más, incluso sugirió, con toda naturalidad, que podría alimentarme de algas, no pude evitar soltar pequeña carcajada ante aquella recomendación tan peculiar —-- Nunca he comido algas, jaja, ¿Saben bien? —- pregunté con genuina curiosidad, la sola idea me hizo imaginar que debían ser algo parecido a comer lechuga, pero mojada y salada. El pensamiento me resultó tan curioso que una sonrisa divertida estaba dibujada en mi rostro.
Entregué la caracola a Juan, no sin antes prestar atención a su ocurrencia de utilizar aquel caparazón como si se tratara de un casco, tan solo imaginarlo con la caracola sobre su cabeza o la mía, me resultaba bastante gracioso. Observé aún divertida del cómo se colocaba la caracola junto a su propia cabeza para demostrarme que no podría ni siquiera intentar usarlo de esa forma, alegando que era demasiado cabezón, ante aquella demostración, simplemente negué suavemente con la cabeza. —- Es porque no están hechas para eso.
Tras unos minutos en los que él examinó con detenimiento aquella caracola naranja, me pidió que estuviera muy atenta a lo que estaba a punto de hacer, mi curiosidad se despertó inmediato y toda mi atención se concentró en cada uno de sus movimientos, siendo una caracola como una trompeta, llevó uno de sus picos hasta la boca, e imaginé que de aquel caparazón emergería algún sonido hueco y profundo, como un eco marino resonando como olas, pero… lo que ocurrió fue algo que jamás habría podido anticipar. En lugar de un sonido, una ráfaga de burbujas brotó de la caracola y comenzó a ascender hacia la superficie, elevándose hasta perderse en el horizonte donde ya empezaba a imponerse un cielo casi nocturno, mis ojos se iluminaron al instante, llenándose de una emoción pura y sincera, como la de una niña pequeña contemplando una de las cosas más disfrutaba observar en el muelle o en la plaza, o hacer yo misma. —-¡¡Burbujas!!, ¡¿Cómo hiciste eso?! —- pregunté atropelladamente, tan rápido que apenas podía ordenar todas las dudas que surgían en mi mente. La emoción era evidente en mi voz y en mi mirada.
—-¡¡¡No sabía que se podía hacer eso con las caracolas!! — Mis ojos siguieron el ascenso de las burbujas, sin duda, en algún momento… intentaré hacerlo.
—- Sin duda… las frutas son algo realmente curioso…. —- dije en lo que la conversación tomaba el curso de las akumas, pensé en la increíble cantidad de cualidades que podía otorgar una simple fruta, y en lo extraño que resultaba que una de ellas pudiera llegar a tus manos casi por azar y terminar siendo devorada, ya fuera por decisión propia o por pura sorpresa, tal como fue en mi caso. Incliné la cabeza ligeramente, observandole con algo de preocupación… — ¿Extrañas… poder nadar?
Ante la posibilidad de que me acompañara a casa, sentí un leve rubor de vergüenza al pensar en la distancia que eso implicaba, no quería incomodar —- Pues… vivo en la cima de la isla, precisamente… —- admití con cierta timidez —- en la zona más alta, creo que sí vamos a paso de tortuga nos tomaría toda la noche, ¿no?
—-- Estaría feliz sí solo me escoltas hasta el negocio de mi familia, tenemos una pescadería en el puerto… —- y fue precisamente en ese instante cuando no me dí cuenta de la imprudencia de mis propias palabras, solo después caería en cuenta de lo peculiar que podía sonar invitar a un hombre-cangrejo hasta una pescadería.
Mis pies tocaron nuevamente el suelo, y apenas recuperé el equilibrio cuando Juan comentó entre risas que yo pesaba muy poco y que debía comer más, incluso sugirió, con toda naturalidad, que podría alimentarme de algas, no pude evitar soltar pequeña carcajada ante aquella recomendación tan peculiar —-- Nunca he comido algas, jaja, ¿Saben bien? —- pregunté con genuina curiosidad, la sola idea me hizo imaginar que debían ser algo parecido a comer lechuga, pero mojada y salada. El pensamiento me resultó tan curioso que una sonrisa divertida estaba dibujada en mi rostro.
Entregué la caracola a Juan, no sin antes prestar atención a su ocurrencia de utilizar aquel caparazón como si se tratara de un casco, tan solo imaginarlo con la caracola sobre su cabeza o la mía, me resultaba bastante gracioso. Observé aún divertida del cómo se colocaba la caracola junto a su propia cabeza para demostrarme que no podría ni siquiera intentar usarlo de esa forma, alegando que era demasiado cabezón, ante aquella demostración, simplemente negué suavemente con la cabeza. —- Es porque no están hechas para eso.
Tras unos minutos en los que él examinó con detenimiento aquella caracola naranja, me pidió que estuviera muy atenta a lo que estaba a punto de hacer, mi curiosidad se despertó inmediato y toda mi atención se concentró en cada uno de sus movimientos, siendo una caracola como una trompeta, llevó uno de sus picos hasta la boca, e imaginé que de aquel caparazón emergería algún sonido hueco y profundo, como un eco marino resonando como olas, pero… lo que ocurrió fue algo que jamás habría podido anticipar. En lugar de un sonido, una ráfaga de burbujas brotó de la caracola y comenzó a ascender hacia la superficie, elevándose hasta perderse en el horizonte donde ya empezaba a imponerse un cielo casi nocturno, mis ojos se iluminaron al instante, llenándose de una emoción pura y sincera, como la de una niña pequeña contemplando una de las cosas más disfrutaba observar en el muelle o en la plaza, o hacer yo misma. —-¡¡Burbujas!!, ¡¿Cómo hiciste eso?! —- pregunté atropelladamente, tan rápido que apenas podía ordenar todas las dudas que surgían en mi mente. La emoción era evidente en mi voz y en mi mirada.
—-¡¡¡No sabía que se podía hacer eso con las caracolas!! — Mis ojos siguieron el ascenso de las burbujas, sin duda, en algún momento… intentaré hacerlo.
—- Sin duda… las frutas son algo realmente curioso…. —- dije en lo que la conversación tomaba el curso de las akumas, pensé en la increíble cantidad de cualidades que podía otorgar una simple fruta, y en lo extraño que resultaba que una de ellas pudiera llegar a tus manos casi por azar y terminar siendo devorada, ya fuera por decisión propia o por pura sorpresa, tal como fue en mi caso. Incliné la cabeza ligeramente, observandole con algo de preocupación… — ¿Extrañas… poder nadar?
Ante la posibilidad de que me acompañara a casa, sentí un leve rubor de vergüenza al pensar en la distancia que eso implicaba, no quería incomodar —- Pues… vivo en la cima de la isla, precisamente… —- admití con cierta timidez —- en la zona más alta, creo que sí vamos a paso de tortuga nos tomaría toda la noche, ¿no?
—-- Estaría feliz sí solo me escoltas hasta el negocio de mi familia, tenemos una pescadería en el puerto… —- y fue precisamente en ese instante cuando no me dí cuenta de la imprudencia de mis propias palabras, solo después caería en cuenta de lo peculiar que podía sonar invitar a un hombre-cangrejo hasta una pescadería.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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