18-05-2026, 02:19 PM
outfit ---- Sigurd de Jaya
El hacha se desprende de la cabeza segmentada como un cuchillo caliente que separa la mantequilla fundida. Gloriosa ejecución para la valiente criatura insensata que ha osado interrumpir mi combate con el okama que ha robado mi tiempo y me ha faltado al respeto. Que sirva de advertencia para el mundo, que cruzarse en mi camino y llamar mi atención siempre trae consecuencias fatales.
Volteo pletórico, con una euforia sangrienta que me mantiene en éxtasis. Alzo la voz con un grito de guerra aterrador, animando a la gente a envalentonarse y pelear a muerte contra mí, mientras me mofo en una sonora carcajada siniestra.
La gente huye aterrada. Por fin, al ver caer a su campeón de forma tan grotesca, entienden el peligro de la situación. El caos se generaliza de un segundo a otro, con todo el mundo corriendo de un lado a otro sin control. Estoy a escasos metros de la entrada, por lo que la gente opta por esconderse y escabullirse entre rincónes y mesas. Los más atrevidos se acercan a las ventanas y saltan por las mismas antes que perecer de un hachazo devastador. Pocos tienen el valor de infiltrarse tras de mi a hurtadillas y fugarse con vida de aquel establecimiento que se ha convertido en el mismísimo infierno.
Ignorante de los que salen, y sobre todo de los valientes que se deciden a entrar, me quedo observando con atención la reacción de la okama que me ha traído hasta aquí. Está congelada en el tiempo, viendo el cuerpo mutilado de aquella que le salvó la vida, siendo testigo de lo que han provocado sus actos. Es delicioso, imaginar el huracán de sentimientos que debe de estar sintiendo ahora mismo. La ira, la pena, la frustración... Una mezcla explosiva nacida de la violencia más explicita. Incluso más dolorosa que cualquier herida sobre la piel.
Con todo eso dentro, la rival embiste de nuevo, envuelta en el resentimiento de la perdida. Veo como llega, como carga su puño hacia atrás para darle más cinética al movimiento. Un impacto desesperado y vengativo, que no proyecta técnica, sino emociones. El ataque es lento. Podría tan solo desviarlo o cercenarle los nudillos con Yggdrasil. Pero no, no esta vez. Los golpes así vale la pena experimentarlos en carne propia.
Salgo despedido varios metros de mi posición, arrollando con todo a mi paso y atravesando la puerta de acceso como una bola de demolición. Los pies, sin embargo, se mantienen firmes en el suelo, sin flaquear, dejando un rastro de arrastre mientras me ayudan a frenar y mantener la compostura frente al empuje. -¡¡Jarul!! No ha estado nada mal.- Me digo a mi mismo, con una risa tímida pero felicitando al rival. Luego agarro con más fuerza que nunca el mango de Yggdrasil con ambas manos -Ahora me toca a mí- exclamo con una determinación absoluta.
Volteo el arma por detrás de mi cabeza en un movimiento diagonal, sosteniendo con ambas manos la parte más baja del mango del hacha, como si fuera a batear una pelota. La descargo entonces con un movimiento diagonal descendente en picado, impactando el suelo de la calle en un ángulo obtuso con la hoja ensangrentada. Como si fuera una granada de metralla, decenas de fragmentos de roca salen despedidos en todas direcciones delante mía. La mayoría de ellos impactan contra la fachada del edificio, que se tambalea y a duras penas se mantiene en pié. Varios peñascos consiguen atravesar ventanas y paredes, agrietando más la estructura. Por otro lado, el daño humano se realiza a todos aquellos que tratan de salir, ya sea para escapar o para seguir buscando pelea. Los fragmentos de piedra se cuelan por el agujero de la puerta que he dejado tras el puñetazo, clavándose en aquellos que huyen como balas de perdigón e impidiendo que nadie salga del establecimiento.
Pero la cosa no acaba aquí, en absoluto. Tras la lluvia de balas, cargo al frente como una mala bestia, arrastrando el filo de Yggdrasil por el suelo y generando chispas a su paso. Cuanto tengo a tiro las paredes del edificio, a unos 3 metros de separación, lanzo un corte brutal en una diagonal ascendente contra los cimientos del local, y con la inercia del primer tajo, lanzo un segundo en la otra diagonal, formando un par de cortes en X. Durante el ataque, el hacha atraviesa la pared y con lo que pilla a su paso, desgarrando y cercenando madera, yeso y toda la estructura que se opone a la destrucción del acero y el metal.
Hachazos al Drag Show
El Drag Show no soporta la presión y colapsa sobre si mismo, sepultando en grandes peñascos y escombros a todos los que están en el interior. La demolición genera un estruendo ensordecedor que se escucha a decenas y decenas de metros de donde estamos. Se genera una nube de polvo inmensa que abraza varias manzanas adyacentes. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- se escucha una risa malévola, oculta entre la destrucción. Con un movimiento diestro del hacha, como si fuera un abanico gigante con sus dos hojas, arremolino parte de la polvareda para emerger de las sombras, victorioso sobre las ruinas de lo que alguna vez fue un garito de entretenimiento. -Abajo el telón, muchachos. ¡Fin del espectáculo!- apoyo a Yggdrasil sobre mi hombro, como si nada hubiera sucedido. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
En efecto, cajita feliz

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