19-05-2026, 02:56 AM
El arquero no quería regañar a la joven recluta, al contrario, solo le estaba dando consejos como un superior preocupado que buscaba su mejoría y que no le pasara nada por cometer un error tan simple como el de ese día, pues estaba bien entrenar y comprobar los límites de su cuerpo, y de hecho era necesario hacerlo de vez en cuando para conocer tus capacidades y poder identificar los indicios de que estás alcanzando tu límite a tiempo en situaciones donde perder por completo la energía no era una opción. La joven parecía haberlo entendido, además de mantener una atención poco habitual en el joven arquero, que estaba más acostumbrado a ser una sombra, alguien que pasa desapercibido entre los demás, algo idóneo para un tirador con alma de cazador, pues mientras la atención estuviera en otro foco no irían a por alguien cuya defensa era precisamente la distancia y no ser percibido. Una vez terminado de aconsejarla pudo notar ligeramente como la joven se desanimó un momento frente a sus palabras, pero no podía estar consolándola continuamente, y ella debía buscar una manera de enfocar mejor los consejos, pues si bien era entendible que uno se sintiera recriminado, lo mejor era verlo como alguien preocupándose por su bienestar.
El joven sargento escuchaba la respuesta de Kagura mientras terminaba de prepararlo todo y adoptaba su postura de tiro, manteniendo sus orbes rojos y avizores fijos en los objetivos. Con la sutileza de un costurero y la presencia de un cazador el joven tomó una flecha y tensó el arco con la flecha sujeta, apoyada en el lado derecho del arco, el mismo que el de la mano que sostenía la flecha. Tomó aire y soltó la flecha con calma, casi como si fuera algo natural y sencillo como el respirar observando como la flecha volaba veloz por el aire rumbo al primer objetivo, impactando de lleno en el centro. El joven volvió a tomar aire mientras colocaba otra flecha en el arco y tensaba la cuerda, manteniendo la respiración y sus ojos fijos en el mismo objetivo. El joven estudió el viento y ajustó ligeramente la dirección el arco antes de disparar para que la flecha impactara en el mismo punto, al lado de la primera.
Tras terminar esos dos disparos y escuchar la pregunta de la joven, el pelirrojo sonrió con amabilidad y tranquilidad y dijo
-Siéntete libre de hacerlo, le encanta que le acaricien, aunque hiciste bien en preguntar, suele ser más receptivo en esos casos. Por cierto, no te machaques demasiado con lo que te dije, se nota que has visto a lo que me refería, sir. Yo mismo a veces entreno hasta el agotamiento, pero siempre llevo a mi compañero peludo conmigo y con un compañero marine, así si alguien intenta atacarme cuando estoy agotado tengo quien me defienda y pueda pedir ayuda. Bajo mi punto de vista, entrenar hasta el agotamiento es necesario cada cierto tiempo, es la mejor manera de entender tu cuerpo y aprender a reconocer las señales de que estás llegando al límite a tiempo en situaciones delicadas, sir.-
El joven sargento escuchaba la respuesta de Kagura mientras terminaba de prepararlo todo y adoptaba su postura de tiro, manteniendo sus orbes rojos y avizores fijos en los objetivos. Con la sutileza de un costurero y la presencia de un cazador el joven tomó una flecha y tensó el arco con la flecha sujeta, apoyada en el lado derecho del arco, el mismo que el de la mano que sostenía la flecha. Tomó aire y soltó la flecha con calma, casi como si fuera algo natural y sencillo como el respirar observando como la flecha volaba veloz por el aire rumbo al primer objetivo, impactando de lleno en el centro. El joven volvió a tomar aire mientras colocaba otra flecha en el arco y tensaba la cuerda, manteniendo la respiración y sus ojos fijos en el mismo objetivo. El joven estudió el viento y ajustó ligeramente la dirección el arco antes de disparar para que la flecha impactara en el mismo punto, al lado de la primera.
Tras terminar esos dos disparos y escuchar la pregunta de la joven, el pelirrojo sonrió con amabilidad y tranquilidad y dijo
-Siéntete libre de hacerlo, le encanta que le acaricien, aunque hiciste bien en preguntar, suele ser más receptivo en esos casos. Por cierto, no te machaques demasiado con lo que te dije, se nota que has visto a lo que me refería, sir. Yo mismo a veces entreno hasta el agotamiento, pero siempre llevo a mi compañero peludo conmigo y con un compañero marine, así si alguien intenta atacarme cuando estoy agotado tengo quien me defienda y pueda pedir ayuda. Bajo mi punto de vista, entrenar hasta el agotamiento es necesario cada cierto tiempo, es la mejor manera de entender tu cuerpo y aprender a reconocer las señales de que estás llegando al límite a tiempo en situaciones delicadas, sir.-

