19-05-2026, 04:39 PM
Kyoshiro no estaba completamente seguro de en qué momento exacto su vida había dejado de ser una caminata tranquila hacia un punto de reunión y se había convertido en un viaje no autorizado sobre la palma de un gigante...Aunque, siendo honestos, quizá había tenido varias señales de advertencia...La primera fue la silueta enorme avanzando hacia el bosque...
La segunda fue escuchar a alguien gritar que Kagura estaba enferma y necesitaba un médico...La tercera fue que, al preguntar si aquella era la División 81, una mujer de porte impecable y mirada firme se detuvo frente a él con una calma que contrastaba demasiado con el desastre que ocurría a la distancia. Kyoshiro la miró desde abajo, parpadeando con esa expresión suya de curiosidad desorientada. Alta, recta, elegante, como si incluso el caos tuviera que pedirle permiso antes de acercársele. Ella le había confirmado que sí, que aquella era su división....Nuestra división.
Aquello le había provocado una sensación extraña. Por un lado, alivio. Al menos no se había equivocado de lugar. Por otro, una pregunta bastante razonable: si esa era su división, ¿por qué parte de ella estaba siendo transportada hacia un bosque por un gigante?
—Kyoshiro, ¿verdad?
Él había asentido apenas, algo sorprendido de que ya supiera su nombre.
—Sí. Mucho gusto Aunque… creo que llegué un poco tarde.
No había sonado demasiado preocupado. Más bien como alguien que acababa de llegar tarde a una ceremonia de té y no a un secuestro en proceso.
Cuando ella se presentó como Nyssa Vale y extendió la mano, Kyoshiro tardó un segundo de más en entender el gesto. Luego sonrió amplio, con esa confianza inmediata de quien todavía creía que la mayoría de las personas eran buenas por naturaleza, y correspondió el saludo con ambas manos, quizá con más entusiasmo del necesario.
—Mucho gusto, Nyssa Vale.
Luego ella dijo que debían avanzar, porque si Alex seguía caminando a ese ritmo, alcanzarlos no sería sencillo. El skypeano miró hacia el gigante, luego hacia sus propias sandalias, luego otra vez hacia el gigante.
—Ah… sí. Eso parece verdad.
Había empezado a caminar junto a ella, o al menos intentarlo, cuando la pregunta llegó con cortesía funcional.
—¿Llevas mucho tiempo en Baterilla?
Kyoshiro abrió la boca para responder.
—Una semana. Bueno, casi una semana. Antes estaba en un monasterio. Es una historia un poco larga, pero—
No terminó la frase porque entonces otra voz apareció en medio del caos.
Una mujer rubia corría hacia ellos con una bolsa en la mano, gritando hacia el gigante con una valentía que Kyoshiro no supo si admirar o clasificar como una decisión muy poco segura.
...Traigo comida y sé cómo usarla.
Kyoshiro giró la cabeza hacia ella con genuino interés....Un segundo después, el mundo entero se movió.
La mano de Alex descendió con una velocidad que su mente no terminó de procesar. Kyoshiro apenas tuvo tiempo de mirar hacia arriba, ver sombra, piel, dedos enormes y pensar que tal vez debió haber dejado la mochila en el suelo...Luego el piso desapareció bajo sus sandalias.
—¿Ah?.
Eso fue todo lo que logró decir al principio...No gritó. No porque fuese valiente, sino porque su mente tardó varios segundos en comprender que acababan de levantarlo del suelo como si no pesara absolutamente nada. Sus antenas capilares se agitaron violentamente por el movimiento y sus pequeñas alas blancas se abrieron por reflejo, aunque naturalmente no sirvieron para nada más que verse algo dramáticas durante la elevación...
Fue depositado sobre una superficie cálida, enorme y ligeramente inestable....Una mano....¡Estaba sobre una mano! Otra vez, la realidad decidió darle una respuesta antes de que pudiera formular la pregunta.
Kyoshiro bajó lentamente la mirada hacia la piel bajo sus pies, luego hacia el borde de aquella palma, luego hacia el vacío más allá de los dedos del gigante. El suelo estaba lejos. Muy lejos. Lo bastante lejos como para que cualquier pensamiento sensato en su cabeza le dijera que debía entrar en pánico. En cambio, se quedó mirando.
Durante un instante, olvidó por completo que aquello probablemente contaba como secuestro. La vista era impresionante. El camino se extendía bajo ellos como una cinta de tierra, los árboles parecían más pequeños, el viento olía a hojas, sal y humedad, y cada paso de Alex hacía que todo se balanceara con un ritmo pesado y profundo. Era como estar sobre un barco, pensó, aunque un barco demasiado vivo, demasiado grande y con muy poca preocupación por sus pasajeros...Entonces recordó que no estaba solo...Había demasiada gente allí arriba...Demasiada gente para una mano ¡Una mano! ¿Qué tan loco era aquello?
Kyoshiro giró el rostro lentamente, tratando de ordenar la escena. Nyssa también había terminado allí, conservando incluso en aquella situación un aire demasiado compuesto para alguien que acababa de ser recolectada por un gigante. La mujer de la bolsa de comida también estaba en la palma, con sus compras aún presentes de alguna manera milagrosa. Cerca de ellos estaba Jesse, el hombre que gritaba con energía suficiente para despertar a todo Baterilla, ahora sin camisa, cubriendo a una muchacha pelirroja claramente enferma. Y aquella muchacha, Kagura, parecía llevar bastante menos ropa de la que Kyoshiro esperaba encontrar en una reunión oficial de la Marina.
Kyoshiro observó a Kagura...
Luego observó a Jesse sin camisa...
Luego a Kagura otra vez...
Después a Nyssa...
Después a Viatrix...
Después a sí mismo, que ni siquiera llevaba el uniforme Marine todavía porque seguía perfectamente guardado dentro de su mochila, doblado en su plástico original...
Sus ojos claros se entrecerraron lentamente...
¿Qué rayos estaba pasando? ¿Y porqué había tanta nudez?
Jesse, por su parte, intentaba mantener una dignidad casi imposible. Se presentó ante todos con el torso descubierto, espada en mano y expresión de líder arrastrado por una situación que claramente no había pedido.
—Soy Jesse Spencer. Soy el líder de la División 81… Y… ¿el responsable de esta situación?
Kyoshiro parpadeó...Una vez...Dos veces...Luego levantó la mirada hacia él.
—¿Y exactamente qué es esta situación? - La pregunta quedó flotando entre ellos con una sinceridad casi dolorosa. Porque “situación” parecía una palabra demasiado pequeña para describir aquello. Situación era olvidar una carta. Llegar tarde. Derramar sopa en un comedor del monasterio. Aquello, en cambio, era un grupo entero de marines atrapados en la mano de un gigante que caminaba hacia el bosque mientras una compañera enferma despertaba en ropa interior, el líder amenazaba con clavar una espada en el suelo vivo que los sostenía, una mujer elegante parecía resignada a convertirse en adulto funcional del grupo, y otra había intentado negociar con comida.
Kyoshiro se rascó la mejilla...miró hacia Alex...Luego hacia el brazo gigantesco que se extendía desde aquella mano hasta un hombro lejano, enorme y elevado como una colina viviente. Sus ojos se iluminaron con una mezcla peligrosa de curiosidad e impulsividad.
—Ah.
Ese “ah” no era de comprensión...Era de idea terrible.
Sin avisar demasiado, Kyoshiro se ajustó la correa de su mochila cruzada al pecho, flexionó un poco las piernas y comenzó a caminar hacia la base del pulgar de Alex. El balanceo del paso casi lo hizo perder el equilibrio de inmediato, pero logró sostenerse inclinándose hacia adelante y apoyando ambas manos sobre la piel del gigante.
—Voy a subir un momento —anunció, como si estuviera diciendo que iría a revisar una ventana. No explicó mucho más.
Quizás, en su cabeza, llegar al hombro de Alex tenía sentido. Desde allí podría ver mejor el camino. Tal vez encontraría una forma de entender hacia dónde iban. Tal vez desde arriba todo tendría más lógica. O tal vez, simplemente, acababa de descubrir que una persona de veinticinco metros podía escalarse como si fuera una montaña y su mente ya no tenía espacio para ninguna otra prioridad.
—No creo que sea muy diferente a subir un árbol —murmuró para sí mismo.
El siguiente movimiento del gigante hizo que casi resbalara. Kyoshiro se aferró de golpe, con las alas tensas y las antenas disparadas hacia arriba. Con la concentración absoluta de quien había olvidado por completo lo peligroso que era lo que estaba haciendo, siguió avanzando poco a poco por el brazo gigantesco, usando pliegues, músculos y cualquier borde de tela como punto de apoyo. Cada paso de Alex transformaba la escalada en una prueba absurda de equilibrio. Cada balanceo lo obligaba a pegarse más al brazo, respirar hondo y esperar el siguiente momento estable.
Desde abajo, la palma comenzaba a verse como una plataforma llena de problemas...Desde arriba, el hombro parecía una meta imposible...Y aun así, por alguna razón, Kyoshiro siguió subiendo...No porque tuviera un plan claro. No porque hubiese calculado la distancia, el riesgo o la forma correcta de detener a una persona de veinticinco metros. En realidad, su pensamiento era mucho más simple, mucho más absurdo y probablemente mucho más peligroso....Si Alex no escuchaba a los de abajo…Tal vez escucharía a alguien más cerca...O al menos sentiría algo ¿No?
Cuando finalmente alcanzó el hombro del gigante, Kyoshiro se quedó unos segundos allí, arrodillado, respirando con fuerza mientras el viento le agitaba la sudadera azul y las antenas capilares se sacudían sobre su cabeza. La vista desde ese punto era todavía más impresionante. El bosque se extendía frente a ellos, el camino quedaba atrás, y la palma donde estaban los demás parecía ahora una especie de cubierta improvisada llena de marines confundidos...
Entonces sus ojos claros subieron lentamente hacia la cabeza de Alex...El cabello del gigante se movía con cada paso, bundante, cercano, completamente accesible...Kyoshiro lo observó. Parpadeó. Una idea terrible volvió a iluminarle el rostro.
—Bueno… si tiene cabeza, debe tener forma de dirigirlo.
Aquello no tenía ningún sentido...Pero para Kyoshiro, en ese momento, sonó razonable....Se levantó con cuidado, dio unos pasos torpes sobre el hombro de Alex y terminó trepando hasta acercarse a la parte superior de su cabeza. El viento golpeaba con más fuerza allí arriba y cada movimiento del gigante lo obligaba a agacharse para no perder el equilibrio. Aun así, siguió avanzando con una determinación absurda, como si estuviera escalando el mástil de un barco demasiado grande.
Cuando por fin logró posicionarse cerca de la cabeza de Alex, Kyoshiro extendió ambas manos y tomó dos mechones de cabello gigantesco, uno con cada mano con firmeza.
Respiró hondo y jaló hacia atrás.
—¡Frena! —exclamó, aunque su voz sonó más desesperada que autoritaria—. ¡Frena, frena, frena!
Tiró de los mechones como si fueran riendas...Primero hacia atrás...Luego un poco hacia un lado...Después hacia el otro.
El gesto era tan ridículo como inútil, pero Kyoshiro parecía completamente convencido de que estaba haciendo algo. Sus sandalias resbalaban ligeramente sobre el movimiento del gigante, sus alas pequeñas se tensaban a su espalda y su sudadera azul ondeaba violentamente mientras él seguía jalando los mechones con la expresión concentrada de alguien intentando pilotear una criatura colosal...Y, mientras intentaba conducir a un gigante desde la cabeza usando dos mechones de pelo como riendas, Kyoshiro empezó a sospechar que quizá la Marina necesitaba manuales de bienvenida mucho más específicos.
La segunda fue escuchar a alguien gritar que Kagura estaba enferma y necesitaba un médico...La tercera fue que, al preguntar si aquella era la División 81, una mujer de porte impecable y mirada firme se detuvo frente a él con una calma que contrastaba demasiado con el desastre que ocurría a la distancia. Kyoshiro la miró desde abajo, parpadeando con esa expresión suya de curiosidad desorientada. Alta, recta, elegante, como si incluso el caos tuviera que pedirle permiso antes de acercársele. Ella le había confirmado que sí, que aquella era su división....Nuestra división.
Aquello le había provocado una sensación extraña. Por un lado, alivio. Al menos no se había equivocado de lugar. Por otro, una pregunta bastante razonable: si esa era su división, ¿por qué parte de ella estaba siendo transportada hacia un bosque por un gigante?
—Kyoshiro, ¿verdad?
Él había asentido apenas, algo sorprendido de que ya supiera su nombre.
—Sí. Mucho gusto Aunque… creo que llegué un poco tarde.
No había sonado demasiado preocupado. Más bien como alguien que acababa de llegar tarde a una ceremonia de té y no a un secuestro en proceso.
Cuando ella se presentó como Nyssa Vale y extendió la mano, Kyoshiro tardó un segundo de más en entender el gesto. Luego sonrió amplio, con esa confianza inmediata de quien todavía creía que la mayoría de las personas eran buenas por naturaleza, y correspondió el saludo con ambas manos, quizá con más entusiasmo del necesario.
—Mucho gusto, Nyssa Vale.
Luego ella dijo que debían avanzar, porque si Alex seguía caminando a ese ritmo, alcanzarlos no sería sencillo. El skypeano miró hacia el gigante, luego hacia sus propias sandalias, luego otra vez hacia el gigante.
—Ah… sí. Eso parece verdad.
Había empezado a caminar junto a ella, o al menos intentarlo, cuando la pregunta llegó con cortesía funcional.
—¿Llevas mucho tiempo en Baterilla?
Kyoshiro abrió la boca para responder.
—Una semana. Bueno, casi una semana. Antes estaba en un monasterio. Es una historia un poco larga, pero—
No terminó la frase porque entonces otra voz apareció en medio del caos.
Una mujer rubia corría hacia ellos con una bolsa en la mano, gritando hacia el gigante con una valentía que Kyoshiro no supo si admirar o clasificar como una decisión muy poco segura.
...Traigo comida y sé cómo usarla.
Kyoshiro giró la cabeza hacia ella con genuino interés....Un segundo después, el mundo entero se movió.
La mano de Alex descendió con una velocidad que su mente no terminó de procesar. Kyoshiro apenas tuvo tiempo de mirar hacia arriba, ver sombra, piel, dedos enormes y pensar que tal vez debió haber dejado la mochila en el suelo...Luego el piso desapareció bajo sus sandalias.
—¿Ah?.
Eso fue todo lo que logró decir al principio...No gritó. No porque fuese valiente, sino porque su mente tardó varios segundos en comprender que acababan de levantarlo del suelo como si no pesara absolutamente nada. Sus antenas capilares se agitaron violentamente por el movimiento y sus pequeñas alas blancas se abrieron por reflejo, aunque naturalmente no sirvieron para nada más que verse algo dramáticas durante la elevación...
Fue depositado sobre una superficie cálida, enorme y ligeramente inestable....Una mano....¡Estaba sobre una mano! Otra vez, la realidad decidió darle una respuesta antes de que pudiera formular la pregunta.
Kyoshiro bajó lentamente la mirada hacia la piel bajo sus pies, luego hacia el borde de aquella palma, luego hacia el vacío más allá de los dedos del gigante. El suelo estaba lejos. Muy lejos. Lo bastante lejos como para que cualquier pensamiento sensato en su cabeza le dijera que debía entrar en pánico. En cambio, se quedó mirando.
Durante un instante, olvidó por completo que aquello probablemente contaba como secuestro. La vista era impresionante. El camino se extendía bajo ellos como una cinta de tierra, los árboles parecían más pequeños, el viento olía a hojas, sal y humedad, y cada paso de Alex hacía que todo se balanceara con un ritmo pesado y profundo. Era como estar sobre un barco, pensó, aunque un barco demasiado vivo, demasiado grande y con muy poca preocupación por sus pasajeros...Entonces recordó que no estaba solo...Había demasiada gente allí arriba...Demasiada gente para una mano ¡Una mano! ¿Qué tan loco era aquello?
Kyoshiro giró el rostro lentamente, tratando de ordenar la escena. Nyssa también había terminado allí, conservando incluso en aquella situación un aire demasiado compuesto para alguien que acababa de ser recolectada por un gigante. La mujer de la bolsa de comida también estaba en la palma, con sus compras aún presentes de alguna manera milagrosa. Cerca de ellos estaba Jesse, el hombre que gritaba con energía suficiente para despertar a todo Baterilla, ahora sin camisa, cubriendo a una muchacha pelirroja claramente enferma. Y aquella muchacha, Kagura, parecía llevar bastante menos ropa de la que Kyoshiro esperaba encontrar en una reunión oficial de la Marina.
Kyoshiro observó a Kagura...
Luego observó a Jesse sin camisa...
Luego a Kagura otra vez...
Después a Nyssa...
Después a Viatrix...
Después a sí mismo, que ni siquiera llevaba el uniforme Marine todavía porque seguía perfectamente guardado dentro de su mochila, doblado en su plástico original...
Sus ojos claros se entrecerraron lentamente...
¿Qué rayos estaba pasando? ¿Y porqué había tanta nudez?
Jesse, por su parte, intentaba mantener una dignidad casi imposible. Se presentó ante todos con el torso descubierto, espada en mano y expresión de líder arrastrado por una situación que claramente no había pedido.
—Soy Jesse Spencer. Soy el líder de la División 81… Y… ¿el responsable de esta situación?
Kyoshiro parpadeó...Una vez...Dos veces...Luego levantó la mirada hacia él.
—¿Y exactamente qué es esta situación? - La pregunta quedó flotando entre ellos con una sinceridad casi dolorosa. Porque “situación” parecía una palabra demasiado pequeña para describir aquello. Situación era olvidar una carta. Llegar tarde. Derramar sopa en un comedor del monasterio. Aquello, en cambio, era un grupo entero de marines atrapados en la mano de un gigante que caminaba hacia el bosque mientras una compañera enferma despertaba en ropa interior, el líder amenazaba con clavar una espada en el suelo vivo que los sostenía, una mujer elegante parecía resignada a convertirse en adulto funcional del grupo, y otra había intentado negociar con comida.
Kyoshiro se rascó la mejilla...miró hacia Alex...Luego hacia el brazo gigantesco que se extendía desde aquella mano hasta un hombro lejano, enorme y elevado como una colina viviente. Sus ojos se iluminaron con una mezcla peligrosa de curiosidad e impulsividad.
—Ah.
Ese “ah” no era de comprensión...Era de idea terrible.
Sin avisar demasiado, Kyoshiro se ajustó la correa de su mochila cruzada al pecho, flexionó un poco las piernas y comenzó a caminar hacia la base del pulgar de Alex. El balanceo del paso casi lo hizo perder el equilibrio de inmediato, pero logró sostenerse inclinándose hacia adelante y apoyando ambas manos sobre la piel del gigante.
—Voy a subir un momento —anunció, como si estuviera diciendo que iría a revisar una ventana. No explicó mucho más.
Quizás, en su cabeza, llegar al hombro de Alex tenía sentido. Desde allí podría ver mejor el camino. Tal vez encontraría una forma de entender hacia dónde iban. Tal vez desde arriba todo tendría más lógica. O tal vez, simplemente, acababa de descubrir que una persona de veinticinco metros podía escalarse como si fuera una montaña y su mente ya no tenía espacio para ninguna otra prioridad.
—No creo que sea muy diferente a subir un árbol —murmuró para sí mismo.
El siguiente movimiento del gigante hizo que casi resbalara. Kyoshiro se aferró de golpe, con las alas tensas y las antenas disparadas hacia arriba. Con la concentración absoluta de quien había olvidado por completo lo peligroso que era lo que estaba haciendo, siguió avanzando poco a poco por el brazo gigantesco, usando pliegues, músculos y cualquier borde de tela como punto de apoyo. Cada paso de Alex transformaba la escalada en una prueba absurda de equilibrio. Cada balanceo lo obligaba a pegarse más al brazo, respirar hondo y esperar el siguiente momento estable.
Desde abajo, la palma comenzaba a verse como una plataforma llena de problemas...Desde arriba, el hombro parecía una meta imposible...Y aun así, por alguna razón, Kyoshiro siguió subiendo...No porque tuviera un plan claro. No porque hubiese calculado la distancia, el riesgo o la forma correcta de detener a una persona de veinticinco metros. En realidad, su pensamiento era mucho más simple, mucho más absurdo y probablemente mucho más peligroso....Si Alex no escuchaba a los de abajo…Tal vez escucharía a alguien más cerca...O al menos sentiría algo ¿No?
Cuando finalmente alcanzó el hombro del gigante, Kyoshiro se quedó unos segundos allí, arrodillado, respirando con fuerza mientras el viento le agitaba la sudadera azul y las antenas capilares se sacudían sobre su cabeza. La vista desde ese punto era todavía más impresionante. El bosque se extendía frente a ellos, el camino quedaba atrás, y la palma donde estaban los demás parecía ahora una especie de cubierta improvisada llena de marines confundidos...
Entonces sus ojos claros subieron lentamente hacia la cabeza de Alex...El cabello del gigante se movía con cada paso, bundante, cercano, completamente accesible...Kyoshiro lo observó. Parpadeó. Una idea terrible volvió a iluminarle el rostro.
—Bueno… si tiene cabeza, debe tener forma de dirigirlo.
Aquello no tenía ningún sentido...Pero para Kyoshiro, en ese momento, sonó razonable....Se levantó con cuidado, dio unos pasos torpes sobre el hombro de Alex y terminó trepando hasta acercarse a la parte superior de su cabeza. El viento golpeaba con más fuerza allí arriba y cada movimiento del gigante lo obligaba a agacharse para no perder el equilibrio. Aun así, siguió avanzando con una determinación absurda, como si estuviera escalando el mástil de un barco demasiado grande.
Cuando por fin logró posicionarse cerca de la cabeza de Alex, Kyoshiro extendió ambas manos y tomó dos mechones de cabello gigantesco, uno con cada mano con firmeza.
Respiró hondo y jaló hacia atrás.
—¡Frena! —exclamó, aunque su voz sonó más desesperada que autoritaria—. ¡Frena, frena, frena!
Tiró de los mechones como si fueran riendas...Primero hacia atrás...Luego un poco hacia un lado...Después hacia el otro.
El gesto era tan ridículo como inútil, pero Kyoshiro parecía completamente convencido de que estaba haciendo algo. Sus sandalias resbalaban ligeramente sobre el movimiento del gigante, sus alas pequeñas se tensaban a su espalda y su sudadera azul ondeaba violentamente mientras él seguía jalando los mechones con la expresión concentrada de alguien intentando pilotear una criatura colosal...Y, mientras intentaba conducir a un gigante desde la cabeza usando dos mechones de pelo como riendas, Kyoshiro empezó a sospechar que quizá la Marina necesitaba manuales de bienvenida mucho más específicos.

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