20-05-2026, 02:44 AM
(Última modificación: 20-05-2026, 02:48 AM por Runin D. Kitay.)
¿Alguna vez han escuchado esa frase “El que mucho aclara es porque algo esconde”? La fémina de mirada chocolate entrecierra los ojos con la típica expresión de aquellos que rebuscan el más mínimo indicio a mentira o verdades a medias. Entiende la confianza que Ryota deposita en ella durante el diario vivir más aquellos es diferente: una apuesta no es algo que puedan dejar al aire. ¡Si hay algo que motiva a los piratas, en especial a personas como los Hanu Mahana, es la imperiosa necedad y necesidad de competir incluso por las cosas más ínfimas!
Quizá por ello Runin levanta una mano negando hacia la nada, como si las intenciones del castaño fueran lo mínimo a soportar durante esa nueva aventura a la que acaban de embarcarse. —Ni a mi, ni a ningún bro, ni a nadie; fufufufu. —La risa aflora conociendo a la perfección al ajeno. Una apuesta es una apuesta incluso en la última isla del mundo. ¿No? Las condiciones son aclaradas y ambos aceptan lo que está a punto de llegar.
El corazón de la fémina late descontrolado cuando la figura de su capitán se aleja del claro para acercarse hacia la zona más boscosa. Respira profundamente antes de dar el primer paso. No puede evitar sonreír al sentir la extraña emoción que alberga su mente porque es la primera vez que entrenan juntos, al menos propiamente dicho. Lo ha visto combatir a su lado, ha notado sus heridas y ha ayudado a atenderlas; sin embargo es la primera vez que ve algo de sus nuevas habilidades adquirirlas en solitario. ¿Cuántas cosas más habrá aprendido? ¿Qué tan fuerte se ha hecho? El recuerdo de la recompensa del castaño le saca otro silbido bajo mientras lo sigue, si, debe dejar de hacer ese sonido.
Pensándolo mejor, incluso cree que debería hacer algo al respecto con ello. Una sonrisa aparece en el rostro de la amazona, una mezcla entre diversión e intenciones ocultas que, en realidad, no tendría por qué temer decirlas en voz alta. ¡Quiere obtener tanta recompensa como su capitán! Si la tiene es porque se ha vuelto fuerte. Ella desea probar un poco de eso, quiere aprender… por primera vez le interesa conocer y hacer crecer sus habilidades por algo más egoísta que solo sobrevivir en ese vasto mundo, por algo más que cuidar de los suyos, algo tan mezquino y mundano que roza lo ilógico. En el fondo disfruta eso, le hace sentir menos atada a la realidad y más enfocada en ser libre y hacer lo que quiera, cuando así lo desee.

—¿Toda mi fuerza?
La mirada de la amazona se centra en el árbol de considerable grosor. Evalúa un momento el significado de dichas palabras, piensa si sacar los guantes que mantiene ocultos o no hacerlo. Si usa una técnica con toda su fuerza el pobre árbol terminaría destrozado, así que decide no utilizar ni “the sun”, ni su akuma, al menos de momento. —Bien, suena sencillo. ¿Este es el mortal entrenamiento al que te viste sometido? —Se burla sin poder evitarlo, aunque su voz no se muestra grosera o sarcástica, tampoco mal intencionada; sólo divertida.
Al menos hasta que respira profundo, avanza hasta quedar junto a Ryota, extender su puño y a una velocidad considerable golpear la corteza del árbol. El mismo se mueve con rudeza, como si las pobres raíces buscaran estabilidad, las hojas caen y las ramas crujen. —Eso se sintió bien, cariño. —La jocosidad desaparece cuando separa el puño notando el daño hacia la corteza del árbol. ¡Ah! Esa no ha sido la indicación. ¿No? Dubitativa observa de reojo a Ryota, más no pide ayuda.
—Otra vez. —Se mueve un poco para no golpear en el mismo lugar, piensa un poco, incluso golpea el puño sin ejercer fuerza alguna contra el árbol, como si buscase algún ángulo o truco místico. Al final niega al notar que esos suaves toques no harán mover ni la hoja más endeble, y eso que están en otoño, es demasiado decir.
Exhala aire volviendo a golpear el árbol, nuevamente falla, puede sentir la presión ejercida por sus nudillos, por la piel, por cada músculo. Tanto su carne como la madera vibran, incluso parece que el árbol teme bajo sus intentos salvajes de obtener el golpe perfecto.
Los intentos crecen, algunas veces el daño es mayor o menor. Cuando es muy suave, nada cae; cuando es muy ruda, todo vibra y cruje. Las marcas de sus golpes se extienden tanto que empieza a ver factible usar otro árbol para continuar entrenando. ¿Cuánto tiempo pasa? El rostro de la fémina se frunce y algunas gotas de sudor caen por su rostro, no solo por el constante movimiento sino por la frustración de no entender su error. En algún punto se aleja un metro del árbol, mirándolo de arriba hacia abajo, pensativa.
De repente lanza un golpe hacia el frente, hacia la nada, como si quisiera entender cuál es la diferencia entre golpear un objeto a no golpear nada.

—¿De dónde nace esa onda extraña que lánzate antes, cariño? Empiezo a creer que no de la fuerza bruta ¿O si?
Arquea una ceja hacia Ryota, en especial al notar que Tocho Morocho y Candan han regresado, ambos están acostados bajo las sombras de los árboles, aburridos mirando a Runin entrenar, incluso se han extraído su almuerzo para empezar a comérselo ellos.
—Le puse veneno a las zanahorias. —Susurra impresionando al caballo más este continúa comiendo, sabiendo que es mentira. De cualquier manera se ha llevado comida extra, incluso para Ryota. —Me refiero. Dices que es una técnica para incrementar la fuerza de la persona, ¿No? Intenté reducir mis golpes para no romper la corteza pero, además de difícil, es contradictorio. Así que no se debe tratar de hacer eso. También hice lo que dijiste, golpear con todas mis fuerzas, pero tampoco surte efecto. —Comenta, volviendo la mirada hacia el frente, golpeando el aire con sus puños, la sensación es más fresca. Le gusta.
Podría ahogarse en la confianza de lograrlo por sus medios pero también es consciente de que se aprende no solo haciendo sino también escuchando. Es por ello que no teme cuestionar, llegado el momento dejará de hacerlo y comenzará a actuar, como siempre lo ha hecho en la vida, hasta que las cosas suenen a constancia y le parezcan más mecánicas que otra cosa. Hasta que su mente y cuerpo logren acostumbrarse a ello.
BOLSA DE ESTRELLITAS
