21-05-2026, 10:46 PM
Tobías pudo sentir como la presencia de Leftie se alejaba de él hasta detenerse a varios metros, acompañado de un estruendo metálico. Aquella llama se fue apagando hasta quedar reducida a una leve chispa. Se preguntó si aquel experimento había terminado o aquel androide adelantado a su tiempo volvería a levantarse. La voz del MDU-04 alertó al vaquero, pero por suerte para éste, la tercera palabra, y más alarmante, se desvaneció sin llegar a completarse. Un último chute de adrenalina que motivó al pirata a retirarse, parcialmente, el pañuelo que cubría sus ojos para descubrir tímidamente solo el izquierdo, tensando la tela hacia abajo con su único dedo índice. Pudo ver la mole de acero tumbada frente a él, como se apagaban las luces en sus ojos y cuerpo y como la luz tomaba la intensidad anterior al combate, así como la proyección de aquel desorden desaparecía para dejar la habitación como al principio. Tobías respiró profundamente, aliviado, mientras bajaba el pañuelo hasta el cuello de nuevo.
Un calor dulce brotaba desde las entrañas del joven barba naranja, acariciando todas sus células a su paso, expandiéndose lentamente hasta llegar a cubrir toda su piel. Todas las penurias que había vivido hasta el momento, todas esas caprichosas cicatrices que se negaban a sanar, las lágrimas que mantenían húmeda su ropa eternamente, comenzaban a revelar su cometido. No se arrepentía de ningún paso dado, por torpe que hubiera sido, pues le había llevado hasta allí. El pasado era el anciano maestro, el futuro era el incansable niño y el presente era él. Tobías al fin se sentía un ser independiente y autosuficiente dentro de la mejor familia que podía imaginar. - ¿Has visto capitán? - El vaquero sonrió. La mejor ayuda que podía darle a su tripulación era no ser una carga e iba por buen camino. Este había sido un gran paso para el carpintero de los Alas Negras en el camino hacia encontrar su sitio en el mundo. Además había cerrado un capítulo que le perseguía desde casi el inicio de su aventura. Esta victoria era su pequeño homenaje para aquel pequeño hermano que yacía ahora bajo las raíces del limonero. La sensación de satisfacción y alivio eran abrumadoras, había jugado una partida de cartas con la muerte, mirándola a los ojos, con los suyos vendados, y había ganado. No le importaba ni cuándo ni cómo sería la siguiente partida, ese era el problema de un Tobías que todavía no existía, aunque quedara poco para que apareciera. Tras ese momento de catarsis, Tobías alzó su puño izquierdo al cielo inclinando hacia abajo su cabeza en señal de respeto al rival y a sus hermanos y hermanas. Se mantuvo estoico en esa posición unos segundos, saboreando aquel salto madurativo que acababa de dar. Acto seguido se dejó caer controladamente hasta sentarse de piernas cruzadas, estaba agotado, pero no tenía mucho tiempo para recobrar fuerzas, tenía que reencontrarse con sus compañeros.
El rugido de su estómago le trajo a la mente la cena que les había preparado Garnet a cada uno de los piratas. - Bendito seas hermano. - Buscó el bento que le había dado el músico para descubrir una paella de marisco en su interior. Olía que alimentaba. No tardó nada en probarla. - ¡Umai! - Al carpintero le caían lágrimas de felicidad mientras devoraba el manjar en cuestión de un minuto, sin dejar un grano de arroz en el recipiente. Se tomó otro minuto para remendar alguna herida del combate y terminar de prepararse para ir al encuentro con el resto de la tripulación. Sabía que estarían todo bien, pero cuanto antes estuvieran juntos de nuevo mejor. Al fin y al cabo estaban en la guarida de un Shichibukai, del más veterano de todos. Se levantó orientándose hacia la única puerta que daba acceso a la sala, y antes de ir hacia ella, se detuvo un segundo para observar a Leftie. - Buen combate Utakata. Ahora voy a conocerte en persona. - El vaquero le hizo una tímida reverencia a la máquina, quitándose el sombrero y volviendo a colocárselo perfectamente alineado. La puerta estaba cerrada, tenía que acercarse a ver si había algo que estuviera en su mano para abrirla y poder proseguir.
Al llegar vio el panel que compartían todas las puertas por las que habían pasado. Viéndolo de cerca pudo advertir un teclado alfanumérico. Preguntándose si tenía que escribir algún tipo de clave para desbloquear aquella puerta, le dio vueltas a las infinitas posibilidades. - ¿Qué contraseña pondría yo? - Tenía que pensar rápido, más bien actuar. No perdía nada por probar la primera que se le viniera a la mente, bueno, quien sabe, pero no tenía otra opción. No se veía con energía como para derribar aquella lámina de acero reforzada en esos momentos, y aunque hubiera estado recién levantado y desayunado, tampoco. - Probemos con esto. - Lo mejor era probar y comenzar a entender cómo funcionaba aquella interfaz. Así pues escribió el nombre de su adversario mecánico. Leftie.
Un calor dulce brotaba desde las entrañas del joven barba naranja, acariciando todas sus células a su paso, expandiéndose lentamente hasta llegar a cubrir toda su piel. Todas las penurias que había vivido hasta el momento, todas esas caprichosas cicatrices que se negaban a sanar, las lágrimas que mantenían húmeda su ropa eternamente, comenzaban a revelar su cometido. No se arrepentía de ningún paso dado, por torpe que hubiera sido, pues le había llevado hasta allí. El pasado era el anciano maestro, el futuro era el incansable niño y el presente era él. Tobías al fin se sentía un ser independiente y autosuficiente dentro de la mejor familia que podía imaginar. - ¿Has visto capitán? - El vaquero sonrió. La mejor ayuda que podía darle a su tripulación era no ser una carga e iba por buen camino. Este había sido un gran paso para el carpintero de los Alas Negras en el camino hacia encontrar su sitio en el mundo. Además había cerrado un capítulo que le perseguía desde casi el inicio de su aventura. Esta victoria era su pequeño homenaje para aquel pequeño hermano que yacía ahora bajo las raíces del limonero. La sensación de satisfacción y alivio eran abrumadoras, había jugado una partida de cartas con la muerte, mirándola a los ojos, con los suyos vendados, y había ganado. No le importaba ni cuándo ni cómo sería la siguiente partida, ese era el problema de un Tobías que todavía no existía, aunque quedara poco para que apareciera. Tras ese momento de catarsis, Tobías alzó su puño izquierdo al cielo inclinando hacia abajo su cabeza en señal de respeto al rival y a sus hermanos y hermanas. Se mantuvo estoico en esa posición unos segundos, saboreando aquel salto madurativo que acababa de dar. Acto seguido se dejó caer controladamente hasta sentarse de piernas cruzadas, estaba agotado, pero no tenía mucho tiempo para recobrar fuerzas, tenía que reencontrarse con sus compañeros.
El rugido de su estómago le trajo a la mente la cena que les había preparado Garnet a cada uno de los piratas. - Bendito seas hermano. - Buscó el bento que le había dado el músico para descubrir una paella de marisco en su interior. Olía que alimentaba. No tardó nada en probarla. - ¡Umai! - Al carpintero le caían lágrimas de felicidad mientras devoraba el manjar en cuestión de un minuto, sin dejar un grano de arroz en el recipiente. Se tomó otro minuto para remendar alguna herida del combate y terminar de prepararse para ir al encuentro con el resto de la tripulación. Sabía que estarían todo bien, pero cuanto antes estuvieran juntos de nuevo mejor. Al fin y al cabo estaban en la guarida de un Shichibukai, del más veterano de todos. Se levantó orientándose hacia la única puerta que daba acceso a la sala, y antes de ir hacia ella, se detuvo un segundo para observar a Leftie. - Buen combate Utakata. Ahora voy a conocerte en persona. - El vaquero le hizo una tímida reverencia a la máquina, quitándose el sombrero y volviendo a colocárselo perfectamente alineado. La puerta estaba cerrada, tenía que acercarse a ver si había algo que estuviera en su mano para abrirla y poder proseguir.
Al llegar vio el panel que compartían todas las puertas por las que habían pasado. Viéndolo de cerca pudo advertir un teclado alfanumérico. Preguntándose si tenía que escribir algún tipo de clave para desbloquear aquella puerta, le dio vueltas a las infinitas posibilidades. - ¿Qué contraseña pondría yo? - Tenía que pensar rápido, más bien actuar. No perdía nada por probar la primera que se le viniera a la mente, bueno, quien sabe, pero no tenía otra opción. No se veía con energía como para derribar aquella lámina de acero reforzada en esos momentos, y aunque hubiera estado recién levantado y desayunado, tampoco. - Probemos con esto. - Lo mejor era probar y comenzar a entender cómo funcionaba aquella interfaz. Así pues escribió el nombre de su adversario mecánico. Leftie.
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![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
