23-05-2026, 05:51 PM
El joven arquero seguía por la isla de los karatekas, una isla donde desde que llegó no paró de lidiar con todo tipo de criminales y situaciones, entre los idiotas que le asaltaron junto a otro marine, algunos ladrones de poca monta y una noche en la que se encontró con una especie de organización de tráfico de personas, o más bien de tráfico de órganos. Lamentablemente aún no podía regresar a Roshawn, isla donde se estableció y donde se inició su división, por lo que pasó la noche en el barco, cuidando de su compañero peludo antes de marcharse de regreso a la fría isla y poder terminar el papeleo, además de entregar a los criminales que fue arrestando en el cuartel pues en la isla en la que se encontraban no había un cuartel presente. El pelirrojo se acostó en cubierta, o con más precisión en la cofia del mástil principal siendo que estaba acostumbrado a descansar en zonas elevadas de cuando debía hacerlo par evitar que las presas percibieran su posición y para evitar que depredadores lo localizaran, todo parte de su entrenamiento como cazador.
Debido a que no podía marcharse aún el joven decidió dar una nueva vuelta por la isla, asegurarse que estaba todo en orden y nadie necesitara ayuda ni intentara hacer algo que no debiera, pues a pesar de que los guerreros de la isla eran bastante capaces y hábiles, como marine no podía quedarse quieto ante un delito y actuaría sin pensarlo. De la misma manera, ayudaría a cualquiera que lo necesitara, pidiese o no ayuda por principio. El joven durmió cómodamente y tranquilo, teniendo bien inmovilizados además de que no son criminales demasiado peligrosos ni tampoco tienen la capacidad de liberarse de las ataduras, mucho menos enfrentar a Bertram o escapar de él.
Al día siguiente del encuentro con esa extraña pareja de sujetos que tenían entre manos una operación de lo más sospechosa y que tuvo que dejar ir por el hecho de que no podía asegurarse de arrestarlos y salvar a sus víctimas él solo, y dudaba que los refuerzos llegaran a tiempo. El pelirrojo se lamentaba no haber podido detener a los criminales, pero priorizó el bienestar de las víctimas y un final sin sangre a arriesgarse a pelear con ambos sujetos y acabar herido y que los inocentes acabaran heridos o muertos. Para despejar su mente y aprovechar el tiempo, al día siguiente el joven arquero decidió salir a reabastecer el barco, por lo que se colocó bien su uniforme, ajustó su arco y sus flechas a su espalda y salió a la isla, quedándose por la zona portuaria para evitar adentrarse demasiado y perder la hora de partida. El joven nada más bajarse del barco se estiró desperezándose y comenzó a caminar bajo los calurosos rayos de sol que aún brillaba con fuerza a pesar de estar ya a medio ponerse.
Su pelo corto y desordenado se agitaba con la suave brisa que recorría las calles y refrescaba mínimamente el calor del ambiente, aunque no era ni de lejos suficiente para que no se sintiera el clima algo agobiante. El joven caminaba con calma, atento a los detalles a su alrededor y como el entorno estaba lleno de vida, ruido y caos, algo muy común en ese tipo de mercados donde los anuncios de los vendedores se superponían y entremezclaban haciendo complicado distinguir qué era lo que vendían además de que el sonido de la gente que pasaba charlando no hacía más fácil el distinguir sus palabras.
Entre eso, el calor y el fuerte olor del pescado el lugar ciertamente no era un sitio al que uno fuera a disfrutar de una tarde tranquila, más bien era un lugar al que ir sino más bien era donde ibas a comprar y poco más. El joven arquero no sufría demasiado pues estaba acostumbrado al calor y a olores fuertes de cuando le tocaba despiezar a los animales para venderlos. El joven estaba caminando, atento al entorno, evitando chocar con los demás cuando de pronto vio a uno de los sujetos de la noche anterior, pero antes de poder decir nada no pudo evitar el choque, pues era o chocar con él o chocar con un niño detrás suya, por lo que aguantó el golpe y vio como el sujeto tenía una expresión extraña, como si hubiera visto alguien familiar pero fuera incapaz de reconocerlo, por lo que dedujo que no lo reconocía del todo. Bertram suspiró y se rascó tras la cabeza mientras escuchaba las disculpas y palabras del sujeto, siendo consciente de que podía ser un criminal, o bien la noche anterior actuaba de aquella manera por protegerse a sí mismo a alguien importante por lo que con calma dijo
-Parece que no eres precisamente bueno recordando rostros, y eso que fue anoche que nos cruzamos sir. Aún no sé porque ayudabas a ese rubio con lo que fuera que hiciera con esos jóvenes, pero por tu bien lo mejor que puedes hacer es alejarte de él y buscar un trabajo honesto.-
Debido a que no podía marcharse aún el joven decidió dar una nueva vuelta por la isla, asegurarse que estaba todo en orden y nadie necesitara ayuda ni intentara hacer algo que no debiera, pues a pesar de que los guerreros de la isla eran bastante capaces y hábiles, como marine no podía quedarse quieto ante un delito y actuaría sin pensarlo. De la misma manera, ayudaría a cualquiera que lo necesitara, pidiese o no ayuda por principio. El joven durmió cómodamente y tranquilo, teniendo bien inmovilizados además de que no son criminales demasiado peligrosos ni tampoco tienen la capacidad de liberarse de las ataduras, mucho menos enfrentar a Bertram o escapar de él.
Al día siguiente del encuentro con esa extraña pareja de sujetos que tenían entre manos una operación de lo más sospechosa y que tuvo que dejar ir por el hecho de que no podía asegurarse de arrestarlos y salvar a sus víctimas él solo, y dudaba que los refuerzos llegaran a tiempo. El pelirrojo se lamentaba no haber podido detener a los criminales, pero priorizó el bienestar de las víctimas y un final sin sangre a arriesgarse a pelear con ambos sujetos y acabar herido y que los inocentes acabaran heridos o muertos. Para despejar su mente y aprovechar el tiempo, al día siguiente el joven arquero decidió salir a reabastecer el barco, por lo que se colocó bien su uniforme, ajustó su arco y sus flechas a su espalda y salió a la isla, quedándose por la zona portuaria para evitar adentrarse demasiado y perder la hora de partida. El joven nada más bajarse del barco se estiró desperezándose y comenzó a caminar bajo los calurosos rayos de sol que aún brillaba con fuerza a pesar de estar ya a medio ponerse.
Su pelo corto y desordenado se agitaba con la suave brisa que recorría las calles y refrescaba mínimamente el calor del ambiente, aunque no era ni de lejos suficiente para que no se sintiera el clima algo agobiante. El joven caminaba con calma, atento a los detalles a su alrededor y como el entorno estaba lleno de vida, ruido y caos, algo muy común en ese tipo de mercados donde los anuncios de los vendedores se superponían y entremezclaban haciendo complicado distinguir qué era lo que vendían además de que el sonido de la gente que pasaba charlando no hacía más fácil el distinguir sus palabras.
Entre eso, el calor y el fuerte olor del pescado el lugar ciertamente no era un sitio al que uno fuera a disfrutar de una tarde tranquila, más bien era un lugar al que ir sino más bien era donde ibas a comprar y poco más. El joven arquero no sufría demasiado pues estaba acostumbrado al calor y a olores fuertes de cuando le tocaba despiezar a los animales para venderlos. El joven estaba caminando, atento al entorno, evitando chocar con los demás cuando de pronto vio a uno de los sujetos de la noche anterior, pero antes de poder decir nada no pudo evitar el choque, pues era o chocar con él o chocar con un niño detrás suya, por lo que aguantó el golpe y vio como el sujeto tenía una expresión extraña, como si hubiera visto alguien familiar pero fuera incapaz de reconocerlo, por lo que dedujo que no lo reconocía del todo. Bertram suspiró y se rascó tras la cabeza mientras escuchaba las disculpas y palabras del sujeto, siendo consciente de que podía ser un criminal, o bien la noche anterior actuaba de aquella manera por protegerse a sí mismo a alguien importante por lo que con calma dijo
-Parece que no eres precisamente bueno recordando rostros, y eso que fue anoche que nos cruzamos sir. Aún no sé porque ayudabas a ese rubio con lo que fuera que hiciera con esos jóvenes, pero por tu bien lo mejor que puedes hacer es alejarte de él y buscar un trabajo honesto.-

