[Aventura T1][PR] El juicio de Javert
#2
El día había amanecido absurdamente frío. No ese frío normal que te obliga a cerrar un poco más la chaqueta o a frotarte las manos al caminar. No. Este era un frío distinto. Uno pesado, incómodo, de esos que parecen meterse debajo de la piel y quedarse ahí aunque sigas moviéndote y honestamente, mientras avanzaba por las calles de Briss, comenzaba a sospechar que el clima tenía poco que ver con ello, porque las personas también estaban frías. Las veía caminar hacia la plaza como si asistieran a un festival, como si aquello fuera entretenimiento, como si ejecutar personas frente al pueblo fuese una actividad razonable para una mañana cualquiera, eso era lo verdaderamente helado. — Increíble — murmuré mientras observaba a la multitud reunirse poco a poco. — Uno pensaría que después de cierto punto la gente aprende a reconocer cuándo algo está mal, pero parece que mientras más grande sea la tarima y más fuerte toque un tambor, más fácil resulta convencerlos de aplaudir barbaridades. — Mis largas orejas se movieron lentamente mientras escuchaba conversaciones a mi alrededor. ¨Es necesario.¨ ¨Así se mantiene el orden.¨ ¨Algo habrán hecho.¨ Siempre lo mismo, siempre la misma basura elegante usada para justificar crueldades simples, solté un largo suspiro mientras llevaba una zanahoria a la boca y le daba una mordida fuerte, casi molesto.

— ¿Saben qué es lo peor? — hablé en voz alta aunque nadie realmente me lo hubiera preguntado. — Que probablemente ni siquiera son malas personas. Solo están acostumbrados y una persona acostumbrada al horror termina viéndolo como parte del paisaje. — Seguí avanzando entre la multitud con mi enorme figura destacando entre todos, sin intentar ocultarme en lo más mínimo. Porque jamas he sabido quedarme callado frente a algo así. — Ejecutar inocentes no convierte a un reino en fuerte. Lo convierte en cobarde. — continué mientras observaba la enorme estructura preparada para la ejecución. — Un gobierno seguro de sí mismo no necesita matar gente frente al público para recordarle al pueblo quién manda. Eso lo hacen los gobiernos aterrados. Los que saben que tarde o temprano la gente comenzará a hacer preguntas. — La gente apenas me prestaba atención ya a esas alturas y por primera vez en todo el maldito día me quedé callado. Mis orejas descendieron apenas mientras el pequeño guardia comenzaba a hablar con aquella voz exageradamente orgullosa, como si estuviera inaugurando una feria y no presentando una ejecución pública. Las mismas palabras vacías de siempre.


Escuché cada una con los brazos cruzados y la mandíbula tensa mientras la multitud permanecía inmóvil, obediente, mirando el escenario como si aquello fuera algo normal, entonces anunciaron al primero, un gyojin sentenciado a la horca por robar media barra de pan. Media. Ni siquiera pude evitar soltar una risa seca, incrédula. — Ah claro, ahí está el gran enemigo del reino. — murmuré con amargura. — Un hambriento intentando alimentar a sus hermanos. Menos mal actuaron rápido, quién sabe qué habría robado después ¿una sopa? ¿una manta? — Mis dedos comenzaron a tensarse lentamente, porque aquello no era justicia, era pobreza convertida en espectáculo, pero entonces llegó el segundo nombre y el ruido del lugar desapareció por completo para mí. Louis Valjean. Parpadeé una vez, luego otra y luego otra como tratando de que lo que escuché haya sido un error.  Sentí literalmente cómo el pelaje de mis brazos se erizaba. — No. —

Lo reconocería en cualquier parte, marchas, discursos, manifestaciones, reuniones clandestinas improvisadas en tabernas horribles, horas hablando sobre corrupción, desigualdad y cambios reales. Louis no era un terrorista, era probablemente una de las pocas personas en Briss que todavía creía genuinamente que el pueblo podía organizarse sin violencia y ahora estaba ahí arriba, encadenado, condenado a morir por ¨altercados¨, ¨manifestaciones¨ y ¨tentativa de terrorismo¨ Como si repartir panfletos y gritar verdades en una plaza fuera comparable a destruir un reino, sentí rabia, no tristeza, solo una rabia impotente porque entendía perfectamente lo que estaban haciendo, no querían castigar criminales, querían castigar ideas, querían que el pueblo aprendiera a asociar protesta con muerte y eso me revolvía el estómago más que el frío.

— Mírenlos — murmuré observando a los guardias. — Ni siquiera intentan esconderlo ya. — segui murmurando mientras quien estaba a mi lado simplemente me hacia señas de que me callase. —Roger, callate, te van escuchar y seras el siguiente. —  Entonces anunciaron a la tercera condenada, una pirata, ni siquiera reconocí el nombre y honestamente eso fue lo que más raro me pareció, porque los piratas difíciles de capturar suelen venir acompañados de historias, rumores, desastres, conversaciones, pero de ella no había escuchado absolutamente nada, eso no cuadraba. Mis orejas se movieron lentamente otra vez mientras observaba la plataforma, los guardias, las cadenas y la multitud y entre todo el ruido de la plaza, una idea comenzó a crecer lentamente dentro de mi cabeza, esto no era una ejecución, era un mensaje político disfrazado de justicia.

Algo terminó encendiéndose dentro de mí, tal vez rabia, tal vez impotencia o tal vez simplemente estaba cansado de ver cómo la gente agachaba la cabeza cada vez que alguien con uniforme levantaba la voz, comencé a avanzar entre la multitud sin pedir permiso, apartando personas con mi enorme cuerpo mientras escuchaba quejas, murmullos y protestas incómodas a mi alrededor, no me importó, porque no soy de los que se quedan de brazos cruzados en contra de la corrupción y el miedo infundado.  Llegué hasta la parte frontal prácticamente a empujones y entonces levanté la voz antes de que el guardia pudiera continuar con su espectáculo. — ¿DE VERDAD CREEN QUE ESTO ESTÁ BIEN? — rugí mirando directamente hacia la multitud y no hacia los condenados. — ¡Quiero que alguien me lo explique seriamente! ¡Porque yo debo estar completamente loco entonces! — Varias personas giraron hacia mí inmediatamente, era exactamente lo que quería, por mi perfecto. — Capturan personas, las llaman criminales, las traen aquí encadenadas ¡Y esperan que todos simplemente acepten su palabra como si fuera verdad absoluta! — extendí ambos brazos hacia la plataforma. — ¿Dónde están las pruebas? ¿Dónde está el juicio? ¿Dónde están los testimonios? ¡Porque hasta ahora lo único que he visto es un escenario bonito y soldados con cara importante! — Entonces señalé directamente al pequeño guardia encargado de dirigir todo aquello sin miedo, sin cuidado y como siempre, sin medir demasiado las consecuencias a futuro.

— ¡Y tú! Tu verdadero trabajo no es proteger al pueblo. ¡Tu trabajo es asustarlo! — di un paso hacia adelante. — Todo esto existe para que la gente tenga miedo de hablar. Miedo de protestar, miedo de organizarse, miedo de terminar ahí arriba por atreverse a decir que el reino está podrido. — Mis orejas permanecían completamente erguidas mientras la voz seguía resonando por toda la plaza. — ¡Porque eso es Louis! ¡Un hombre que hablaba! ¡Un hombre que organizaba marchas! ¡Y ahora intentan convertirlo en terrorista para que el resto del pueblo aprenda a cerrar la boca! — Señalé entonces al gyojin. — ¡Y él robó pan! ¡PAN! ¡¿De verdad creen que el problema más urgente de este reino es un hambriento intentando alimentar a sus hermanos?! — La indignación ya me estaba consumiendo por completo, no estaba actuando, no estaba exagerando, genuinamente no entendía cómo el resto podía permanecer callado.— ¡Escuchen bien algo! ¡Un gobierno que necesita ejecuciones públicas para mantener el orden ya perdió toda legitimidad hace muchísimo tiempo! ¡Porque cuando la justicia necesita teatro, deja de ser justicia y se convierte en amenaza! —

— ¡Anciano Kal! — levanté la voz señalando directamente entre la multitud mientras seguía avanzando hacia el podio sin detenerme ni un segundo. — ¿Cuántas veces has tenido que venir a esta plaza a pedir monedas para poder llevar una barra de pan a tu casa? ¡Dímelo! ¡Porque yo te he visto aquí! ¡Todos te han visto aquí! — La multitud comenzó a moverse incómoda y se perfectamente que la incomodidad hacía pensar a la gente. — ¡Y usted, Doña Gertrudis! — giré ahora hacia una mujer entre la gente. — ¡Más de una vez Louis fue quien le consiguió medicamentos cuando no tenía ni un berri encima! ¡Más de una vez! ¡No el reino! ¡No los guardias! ¡No el palacio! ¡Louis! — Seguí caminando, paso tras paso, cada vez más cerca del podio, cada vez más fuerte. — ¡Porque esa es la parte que les molesta! — rugí señalando a los guardias. — Que personas comunes hagan más por el pueblo que quienes se hacen llamar gobernantes. — Entonces metí una mano al bolsillo y saqué un pequeño montón de berries, levantándolos frente a todos.

— ¡LES APUESTO MIL BERRIES! — exclamé casi sonriendo por puro impulso. — ¡Mil! ¡Ahora mismo! ¡Que todos los presentes en esta plaza han necesitado ayuda de Louis en algún momento o han estado exactamente igual de desesperados que ese gyojin! — Agité las monedas en el aire. — ¡Porque esa es la verdad que nadie quiere admitir! ¡La pobreza dejó de ser una tragedia aquí hace tiempo y se convirtió en costumbre! ¡Y cuando la miseria se vuelve normal, la gente empieza a mirar inocentes en una horca y convencerse de que lo merecen! — Subí finalmente uno de los escalones del podio improvisado de ejecución sin el más mínimo permiso. — ¡No sean hipócritas! ¡Miren bien lo que tienen delante! — extendí ambos brazos hacia los condenados. — Esto no es justicia. ¡Esto es un gobierno aterrorizado intentando matar símbolos antes de que el pueblo recuerde que todavía puede levantar la voz! — Mi respiración era pesada ya a esas alturas, pero la voz seguía firme.

— ¡Hoy ejecutan a un hombre por organizar manifestaciones! ¡Mañana ejecutarán a cualquiera que haga preguntas! ¡Y el día después ni siquiera necesitarán razones porque ustedes mismos habrán aprendido a callarse solos! — Desde ese escalón me lancé hacia adelante sin pensarlo dos veces porque honestamente jamás había sido el tipo de persona que se quedaba únicamente en el discurso cuando las cosas llegaban demasiado lejos. Mi enorme cuerpo cruzó el espacio entre el podio y el verdugo de golpe, rápido pese al tamaño, y mi puño se estrelló directamente contra su rostro con un impacto seco que lo hizo tambalearse hacia un costado. — ¡DEJA DE ACTUAR COMO SI ESTO FUERA JUSTICIA! — rugí prácticamente encima de él, pero no me quedé ahí. Golpear y quedarse quieto era una forma excelente de terminar muerto. Aproveché el impulso para apartarme inmediatamente mientras sacaba la daga en pleno movimiento. El metal brilló apenas bajo el frío de la mañana antes de cortar de un tajo la cuerda del prisionero más cercano que  era el gyojin, la soga cayó suelta y durante un instante toda la plaza quedó congelada, guardias, pueblo, condenados, todos, porque acababa de romper el espectáculo. Caí nuevamente al suelo tras un salto largo hacia atrás y levanté la voz antes de que el caos terminara de explotar alrededor. — ¡¡¡QUE VIVA LA REVOLUCIÓN!!! — Mi grito atravesó toda la plaza mientras el ruido finalmente estallaba, la multitud comenzó a dispersarse, los guardias desenfundaron armas. Yo estaba con el corazón golpeándome el pecho como un tambor de guerra y las orejas completamente erguidas mientras observaba todo desmoronarse frente a mis ojos.

Un saltito a la revolución (Off)


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RE: [Aventura T1][PR] El juicio de Javert - por Roger Rabbit - 23-05-2026, 06:50 PM
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