25-05-2026, 07:08 AM
Bertram era sin lugar a dudas una persona fascinante. Permanecí sentada observando con atención cómo manejaba el arco con una precisión impecable, casi hipnótica. Sus dedos tensaban aquella cuerda que parecía irrompible y con la fuerza que enmarca en sus brazos y la estabilidad elegante de su espalda, era imposible no admirarle. Todo en él transmitía agilidad, disciplina y experiencia, algo a lo que aspiraba llegar a ser algun dia. Sin embargo, más allá de su destreza, lo que verdaderamente capturaba mi atención eran sus facciones serenas y afiladas, aquella calma casi inquebrantable que mantenía incluso al disparar las flechas. Me pregunté en silencio ¿Cuánto tiempo le habría tomado alcanzar una habilidad tan impresionante como esa?
Al desviar mi atención hacia el pequeño animal peludo, hice una suave seña con los dedos para invitarlo a acercarse un poco más, esperaba que no se me lanzara o me mordiera, pero según las palabras de Bertram...le encantaba ser acariciado. Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca, no dudé en tomarlo con delicadeza entre mis manos, comenzando asi a acariciarle de manera más insistente y cariñosa. Mis dedos recorrieron lentamente sus orejas, descendieron por su cabeza y terminaron moviéndose sobre su cola en un ritmo tranquilo y repetitivo, no queria abrumarlo asi que lo hacia con total cuatela. La suavidad de su pelaje resultaba extrañamente relajante entre mis dedos, logrando que mi expresión se suavizara por completo con una sonrisa leve. Mientras continuaba mimándolo, elevé nuevamente la mirada para prestar atención a las palabras de mi superior —Tiene razón, debido a que siempre paso entrenando, mi cuerpo termina sufriendo las consecuencias al final pero…creo que vale la pena el resultado jaja— comenté con naturalidad sin arrepentirme por ello.
Cada movimiento suyo parecía preciso, elegante y natural; la cuerda del arco vibraba apenas antes de liberar la flecha con impecable firmeza y rapidez. Observé la escena durante unos segundos, completamente atrapada por la facilidad con la que parecía hacerlo. Guiada por la curiosidad finalmente dejé al animal en libertad, permitiéndole alejarse a su propio ritmo o que se mantuviera cerca si así lo prefería, mientras acomodaba un mechón de cabello tras mi oreja y volvía la vista hacia él con evidente interés por aprender —¿Qué tan difícil es disparar un arco…? —pregunté con suavidad tras levantarme del suelo, acercándome apenas unos pasos esbozar una pequeña sonrisa — ¿Puedo intentarlo?
Con aquellas condiciones tan poco apropiadas de una marine. Aun así, la curiosidad pudo más que la incomodidad y me acerqué al pelirrojo con pasos lentos, Siguiendo su línea de visión, fijé la mirada en los blancos a los que apuntaba, entrecerrando los ojos con cierta concentración —Parece fácil… —murmuré en voz baja, ladeando apenas la cabeza, entrando a su eje — Pero… ¿no lo es, verdad?
Al desviar mi atención hacia el pequeño animal peludo, hice una suave seña con los dedos para invitarlo a acercarse un poco más, esperaba que no se me lanzara o me mordiera, pero según las palabras de Bertram...le encantaba ser acariciado. Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca, no dudé en tomarlo con delicadeza entre mis manos, comenzando asi a acariciarle de manera más insistente y cariñosa. Mis dedos recorrieron lentamente sus orejas, descendieron por su cabeza y terminaron moviéndose sobre su cola en un ritmo tranquilo y repetitivo, no queria abrumarlo asi que lo hacia con total cuatela. La suavidad de su pelaje resultaba extrañamente relajante entre mis dedos, logrando que mi expresión se suavizara por completo con una sonrisa leve. Mientras continuaba mimándolo, elevé nuevamente la mirada para prestar atención a las palabras de mi superior —Tiene razón, debido a que siempre paso entrenando, mi cuerpo termina sufriendo las consecuencias al final pero…creo que vale la pena el resultado jaja— comenté con naturalidad sin arrepentirme por ello.
Cada movimiento suyo parecía preciso, elegante y natural; la cuerda del arco vibraba apenas antes de liberar la flecha con impecable firmeza y rapidez. Observé la escena durante unos segundos, completamente atrapada por la facilidad con la que parecía hacerlo. Guiada por la curiosidad finalmente dejé al animal en libertad, permitiéndole alejarse a su propio ritmo o que se mantuviera cerca si así lo prefería, mientras acomodaba un mechón de cabello tras mi oreja y volvía la vista hacia él con evidente interés por aprender —¿Qué tan difícil es disparar un arco…? —pregunté con suavidad tras levantarme del suelo, acercándome apenas unos pasos esbozar una pequeña sonrisa — ¿Puedo intentarlo?
Con aquellas condiciones tan poco apropiadas de una marine. Aun así, la curiosidad pudo más que la incomodidad y me acerqué al pelirrojo con pasos lentos, Siguiendo su línea de visión, fijé la mirada en los blancos a los que apuntaba, entrecerrando los ojos con cierta concentración —Parece fácil… —murmuré en voz baja, ladeando apenas la cabeza, entrando a su eje — Pero… ¿no lo es, verdad?

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