25-05-2026, 01:03 PM
Una secuencia simple de sonidos, compuesta por dos pitidos, determinó al carpintero que la contraseña que había probado no era la correcta. La puerta seguía cerrada, la mayor confirmación de que se había equivocado. Estaba perdiendo un tiempo muy valioso, por mucho que confiara en sus compañeros de tripulación, cuanto antes tomaran el control de la situación, mejor. Había una infinidad de posibilidades, pero el vaquero creía que era viable dar con la clave. Tenía que ponerse en la mente del doctor, pensar como él y aunar la información que tenía sobre el experimento y por tanto todo lo relacionado con aquella sala en aquel espacio de tiempo delimitado. - Los números… - Que el teclado dispusiera de número aumentaba las posibilidades. Para Tobías estaba siendo una partida mental contra el Shichibukai y él mismo, pues no dejaba de barajar las opciones en base a lo que estaba oculto dentro el cerebro del científico. La característica impaciencia del pirata comenzaba a aflorar en forma de diminutas gotas de sudor, que iban sumándose en gotas mayores, y un movimiento rítmico en su pie derecho, subiendo y bajando el talón un centímetro a gran velocidad.
Tras unos segundos añadiendo y descartando opciones, Tobías redujo las probabilidades a dos contraseñas, teniendo en cuenta que creía que aparecerían números en ésta. Si fuera él quien hubiera configurado aquel sistema, lo habría hecho así. Ahora bien, eso no estaba preparado para que el pirata pudiera salir, y si el doctor Utakata hubiera planteado aquella posibilidad, habría puesto una combinación imposible. El carpintero ya le había dado demasiadas vueltas a todo, el peor de los casos sería que se bloqueara el dispositivo tras varios intentos y tuviera que abrir a la fuerza aquella pesada puerta de acero. - Seguro que pensabas que no iba a vencer a tu robot. - Sus opciones eran: MDU04 y T31. El nombre de los dos sujetos de aquel experimento y ambos con números. Tobías tiró una moneda mental al aire, saliendo cara, la cara del Shichibukai mostrando su ego. El carpintero rezaba para que el orgullo del doctor desequilibrara la balanza para alabar su propia obra. Rezaba también para tener al menos otra oportunidad más y poder probar la otra en caso de errar con la que iba a introducir.
Estaba nervioso, podía ocurrir cualquier cosa en caso de fallar, como que apareciera el gas morado como en la entrada, o apareciera un misil teledirigido en busca del carpintero, o vete tú a saber. Con lo loco que estaba el científico, cualquier treta era viable, tenía la infraestructura y la inteligencia suficientes como para hacer realidad cualquier deseo, por macabro que fuera. El valor se hizo paso hasta gobernar la psique del vaquero. Cuanto antes lo probara, antes saldría de dudas, esas que le estaban haciendo picadillo el cerebro. Acercó su índice izquierdo al teclado y pulsó la siguiente combinación de letras y números. “MDU04”. La suerte estaba echada.
Tras unos segundos añadiendo y descartando opciones, Tobías redujo las probabilidades a dos contraseñas, teniendo en cuenta que creía que aparecerían números en ésta. Si fuera él quien hubiera configurado aquel sistema, lo habría hecho así. Ahora bien, eso no estaba preparado para que el pirata pudiera salir, y si el doctor Utakata hubiera planteado aquella posibilidad, habría puesto una combinación imposible. El carpintero ya le había dado demasiadas vueltas a todo, el peor de los casos sería que se bloqueara el dispositivo tras varios intentos y tuviera que abrir a la fuerza aquella pesada puerta de acero. - Seguro que pensabas que no iba a vencer a tu robot. - Sus opciones eran: MDU04 y T31. El nombre de los dos sujetos de aquel experimento y ambos con números. Tobías tiró una moneda mental al aire, saliendo cara, la cara del Shichibukai mostrando su ego. El carpintero rezaba para que el orgullo del doctor desequilibrara la balanza para alabar su propia obra. Rezaba también para tener al menos otra oportunidad más y poder probar la otra en caso de errar con la que iba a introducir.
Estaba nervioso, podía ocurrir cualquier cosa en caso de fallar, como que apareciera el gas morado como en la entrada, o apareciera un misil teledirigido en busca del carpintero, o vete tú a saber. Con lo loco que estaba el científico, cualquier treta era viable, tenía la infraestructura y la inteligencia suficientes como para hacer realidad cualquier deseo, por macabro que fuera. El valor se hizo paso hasta gobernar la psique del vaquero. Cuanto antes lo probara, antes saldría de dudas, esas que le estaban haciendo picadillo el cerebro. Acercó su índice izquierdo al teclado y pulsó la siguiente combinación de letras y números. “MDU04”. La suerte estaba echada.
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![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
