25-05-2026, 01:33 PM
El sol hacía rato que se había ido, como si no aguantase más en esta isla. No era de extrañar, pues no se me ocurría alguien que quisiera estar más tiempo del necesario por aquí. Ceñí mi sombrero dejando mis ojos en penumbra. No por mantener mi rostro oculto, como era de costumbre, sino por mantener otras cosas ocultas de mi mirada. El viento sopló con fuerza por un instante, en un recordatorio de que debía subir un poco la cremallera de mi cazadora. Amartillé mi rifle para asegurarme que estaba cargado y lo sujeté con firmeza. Golpeé que la puntera de mi bota una pequeña piedra y alisé el terreno bajo mis pies frotando de un lado a otro con las suelas. No quería un inoportuno tropezón en el ring de combate.
Nunca hubiera imaginado, que en esta isla llena de brutos y salvajes, en la que cada rincón parecía esperarnos un nuevo enemigo y en la que no podíamos esperar encontrar nuevas amistades, mi primer enfrentamiento sería contra él. El capitán había despertado de su extraña enfermedad hacía tan solo unos días, pero ya estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido. No era ninguna disputa interna, ni mucho menos. Se trataba tan solo de un entrenamiento, pero los guantes con afiladas garras que portaba en sus manos dejaban claro una cosa; esto iba en serio.
Tras su propuesta, pensé que yo no era el más adecuado para ponerse a prueba. Kiyoshi era un gran tirador, y la destreza de Uker con la espada le había valido para convertirse en el hombre más buscado del South Blue. Ambos eran mucho más poderosos que yo. Los dos habían demostrado ser de mucha más utilidad en los combates que habíamos tenido hasta el momento. Más tarde, caí en la cuenta de que tal vez ese fuera el motivo de que me eligiese a mi como rival. Cada nuevo paso en nuestro viaje nos llevaba a un lugar mucho más peligroso que el anterior. Nuestra nueva enemistad con los piratas que gobernaban en esta isla hacía necesario estar preparados. Supuse que Eros había pensado según la frase aquella que decía «una manada es tan débil como el más débil de sus integrantes». Debía asegurarse de que todos nosotros estábamos preparados para el combate.
Levanté la mirada del suelo para fijarla en mi capitán, el cuál miraba al cielo. Quizá tuviese la misma preocupación que yo. No tuve mucho tiempo para reflexionar, pues el capitán pronto activó los poderes de su fruta y activó su forma híbrida. Aquella que le dotaba de un tamaño impresionante. Una que hizo temblar mis piernas un instante, justo antes de tensarse. Me repugnaba la idea de hacer daño a Eros, tanto que me hacía sentir enfermo. Sin embargo, sabía que él iba a darlo todo de sí. Debía estar listo. No, ya estaba preparado para que comenzase nuestro entrenamiento.
—¡Estoy listo, capitán! —dije una vez tuve mis piernas levemente flexionadas—. Solo tengo una última sugerencia. ¿Qué tal una apuesta? El que pierda, invita al próximo vino.
Los recuerdos de Little Garden llegaron a mi cabeza. De aquel agujero en la tierra. Del vino que habíamos compartido. De la promesa que había hecho a mi capitán; no iba a fallar a su confianza.
Nunca hubiera imaginado, que en esta isla llena de brutos y salvajes, en la que cada rincón parecía esperarnos un nuevo enemigo y en la que no podíamos esperar encontrar nuevas amistades, mi primer enfrentamiento sería contra él. El capitán había despertado de su extraña enfermedad hacía tan solo unos días, pero ya estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido. No era ninguna disputa interna, ni mucho menos. Se trataba tan solo de un entrenamiento, pero los guantes con afiladas garras que portaba en sus manos dejaban claro una cosa; esto iba en serio.
Tras su propuesta, pensé que yo no era el más adecuado para ponerse a prueba. Kiyoshi era un gran tirador, y la destreza de Uker con la espada le había valido para convertirse en el hombre más buscado del South Blue. Ambos eran mucho más poderosos que yo. Los dos habían demostrado ser de mucha más utilidad en los combates que habíamos tenido hasta el momento. Más tarde, caí en la cuenta de que tal vez ese fuera el motivo de que me eligiese a mi como rival. Cada nuevo paso en nuestro viaje nos llevaba a un lugar mucho más peligroso que el anterior. Nuestra nueva enemistad con los piratas que gobernaban en esta isla hacía necesario estar preparados. Supuse que Eros había pensado según la frase aquella que decía «una manada es tan débil como el más débil de sus integrantes». Debía asegurarse de que todos nosotros estábamos preparados para el combate.
Levanté la mirada del suelo para fijarla en mi capitán, el cuál miraba al cielo. Quizá tuviese la misma preocupación que yo. No tuve mucho tiempo para reflexionar, pues el capitán pronto activó los poderes de su fruta y activó su forma híbrida. Aquella que le dotaba de un tamaño impresionante. Una que hizo temblar mis piernas un instante, justo antes de tensarse. Me repugnaba la idea de hacer daño a Eros, tanto que me hacía sentir enfermo. Sin embargo, sabía que él iba a darlo todo de sí. Debía estar listo. No, ya estaba preparado para que comenzase nuestro entrenamiento.
Contenido Oculto
—¡Estoy listo, capitán! —dije una vez tuve mis piernas levemente flexionadas—. Solo tengo una última sugerencia. ¿Qué tal una apuesta? El que pierda, invita al próximo vino.
Los recuerdos de Little Garden llegaron a mi cabeza. De aquel agujero en la tierra. Del vino que habíamos compartido. De la promesa que había hecho a mi capitán; no iba a fallar a su confianza.
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