25-05-2026, 01:54 PM
(Última modificación: 25-05-2026, 01:56 PM por Jolyne Jones.
Razón: Edito para restarme los daños y gastos
)
Después de mucho reptar, y cuando ya empezaba a temer no encontrar nunca una salida, mi recorrido llegó por fin a lo que parecía otra boca de ventilación. Asomándome por la rendija con cuidado, descubrí que había llegado a una sala llena de máquinas, pitidos y cables. – ¡Por fin libre! – pensé precipitadamente mientras escuché una explosión. El estruendo hizo vibrar el conducto, y pude girar mi cabeza justo a tiempo para ver a Triana con sus dos katanas desenvainadas y una pared completamente destrozada detrás de ella. Justo después de la explosión, se dejaron de escuchar muchos de aquellos pitidos molestos, pero lo más importante es que ella no estaba sola en la habitación.
A unos metros de su posición y justo debajo de mí, había otro tipo al lado de una máquina que se dirigió hacia ella. Curiosamente, al lado de la máquina en la que estaba había un recipiente con algo tan raro como antinatural que hacía que se me pusieran las escamas de punta. – ¿¡Eso es un cerebro!? Flotando en un tarro con cables y lleno de un líquido transparente, había, si mi vista no me fallaba, unos sesos en conserva. – ¿¡Dónde diablos se ha metido esta chica!?
No hacía falta conocer mucho a Triana para saber que estaba ante una situación peliaguda. Y yo, que había protegido innumerables veces a mis cabras de lobos y coyotes, sabía que tenía que hacer algo para intentar ayudarla. Miré desesperadamente a mi alrededor buscando una salida, me daba igual si era una tuerca mal puesta o una raja de la que poder tirar de la trampilla, pero la suerte se puso de nuevo de mi parte al ver que había un pequeño botón colocado a la derecha. Lo pulsé instintivamente nada más verlo, y este abrió la trampilla soltando un chorro de vapor.
No estaba tan loca como para lanzarme al vacío en una sala tan peligrosa, así que con mis patas me agarré a los bordes de la trampilla y quedé colgada en el techo de la habitación. Agarré mi rifle con las dos manos y visualicé por completo la estancia usando mi vista de camaleón. Pese a que solo parecían estar ellos dos, escuché una tercera voz completamente difierente dándole órdenes al tipo que ahora estaba más cerca de Triana, pero, ¿de dónde venía? Por muy loco que fuera, solo me quedaba pensar que ese cerebro tenía algo que ver con todo esto. Y tal y como decía el dicho, si quieres matar a una culebra no hay que pisarle la cola, hay que aplastarle la cabeza.
Estando a unos 40 metros de alto – o estando a unas veinte vacas de distancia – apunté con mi rifle hacia el cerebro que tenía debajo y recubrí de haki tanto mi arma como la bala que estaba a punto de disparar. No dudé ni un segundo más, y apreté el gatillo al mismo tiempo escuché extrañada un “Six Shots” propio de Tobías. No sabía si conseguiría algo con esto, pero si al menos podía servir de distracción para que Triana tomara algo ventaja, podía darme con un canto en los dientes.
A unos metros de su posición y justo debajo de mí, había otro tipo al lado de una máquina que se dirigió hacia ella. Curiosamente, al lado de la máquina en la que estaba había un recipiente con algo tan raro como antinatural que hacía que se me pusieran las escamas de punta. – ¿¡Eso es un cerebro!? Flotando en un tarro con cables y lleno de un líquido transparente, había, si mi vista no me fallaba, unos sesos en conserva. – ¿¡Dónde diablos se ha metido esta chica!?
No hacía falta conocer mucho a Triana para saber que estaba ante una situación peliaguda. Y yo, que había protegido innumerables veces a mis cabras de lobos y coyotes, sabía que tenía que hacer algo para intentar ayudarla. Miré desesperadamente a mi alrededor buscando una salida, me daba igual si era una tuerca mal puesta o una raja de la que poder tirar de la trampilla, pero la suerte se puso de nuevo de mi parte al ver que había un pequeño botón colocado a la derecha. Lo pulsé instintivamente nada más verlo, y este abrió la trampilla soltando un chorro de vapor.
No estaba tan loca como para lanzarme al vacío en una sala tan peligrosa, así que con mis patas me agarré a los bordes de la trampilla y quedé colgada en el techo de la habitación. Agarré mi rifle con las dos manos y visualicé por completo la estancia usando mi vista de camaleón. Pese a que solo parecían estar ellos dos, escuché una tercera voz completamente difierente dándole órdenes al tipo que ahora estaba más cerca de Triana, pero, ¿de dónde venía? Por muy loco que fuera, solo me quedaba pensar que ese cerebro tenía algo que ver con todo esto. Y tal y como decía el dicho, si quieres matar a una culebra no hay que pisarle la cola, hay que aplastarle la cabeza.
Estando a unos 40 metros de alto – o estando a unas veinte vacas de distancia – apunté con mi rifle hacia el cerebro que tenía debajo y recubrí de haki tanto mi arma como la bala que estaba a punto de disparar. No dudé ni un segundo más, y apreté el gatillo al mismo tiempo escuché extrañada un “Six Shots” propio de Tobías. No sabía si conseguiría algo con esto, pero si al menos podía servir de distracción para que Triana tomara algo ventaja, podía darme con un canto en los dientes.
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