Sentí una prenda caer suavemente sobre mis hombros como una especie de manta. Al alzar la mirada descubrí que Jesse se había quitado la camisa, dejando ver su torso definido y bien marcado, pero debido al agotamiento solamente suspire levemente. Durante unos segundos dudé en aceptar su prenda, pero el frío y el cansancio terminaron por convencerme. Con movimientos lentos, levanté los brazos y me coloqué la camisa prestada, la tela colgaba sobre mi figura, era algo grande para mí pero me cubría de la vergüenza, envolviéndome en una inesperada sensación de calidez y refugio como siempre me solia sentir a su lado —Gracias... —murmuré con una tenue sonrisa, acomodando las mangas mientras observaba a mis compañeros. Sin embargo, el alivio fue momentáneo. Un nuevo mareo nubló mi visión y me obligó a bajar la cabeza, ¿Acaso iba a vomitar de nuevo?. Cada músculo de mi cuerpo parecía suplicar descanso absoluto. Deseaba volver a dormir, pero el grupo continuaba avanzando hacia un destino aún desconocido.
A partir de ese momento todo comenzó a tornarse un poco más confuso para mi. Cuando escuché aquella voz femenina apenas tuve tiempo de reaccionar antes de sentir unos delicados dedos posarse sobre mi muñeca, obligándome a alzar la mirada para observarle. Mis ojos se encontraron con unos iris azulados de una belleza cautivadora, enmarcados por una intensa cabellera carmesí que parecía incendiarse bajo la luz del sol. Sobre su rostro descansaban pequeñas pecas, polvoreadas como diminutos granos de azúcar. Sonreí ampliamente incapaz de ocultar mi admiración por su belleza —Qué bonitos ojos tienes...—murmuré con sinceridad, desvié entonces la vista hacia el cielo, escuchando atentamente las voces que me rodeaban. El mareo seguía afectando lograndome sacar de mis pensamientos, sacudiendo ligeramente la cabeza para mantenerme enfocada en el presente. Cuando ella mencionó ser médica, volví a observarla con más atención aferrándome a la esperanza de que pudiera ayudarme.
Tomé medicamentos antes de venir aquí... pero creo que necesito... reposar un poco mas... —admití en voz baja, llevando una mano a mi frente mientras una nueva oleada de agotamiento recorría mi cuerpo, era como tener una lucha interna en la que estaba perdiendo. Sin embargo, mis pensamientos se vieron interrumpidos una vez más al escuchar la voz de Jesse elevarse por encima de las demás. Giré apenas el rostro en su dirección, observándolo gritar con evidente frustración, lanzando amenazas hacia Arceo, quien continuaba avanzando sin detenerse ni mostrar la más mínima intención de responder —Espera Jesse... —intenté detenerlo pero mi voz apenas fue un susurro ahogado por el cansancio. No tenía las fuerzas suficientes para intervenir en aquella situación en donde todos peligramos por una caída brutal. Observé cómo varios de mis compañeros se apresuraban a impedir que Jesse actuará por impulso. Incluso el albino cuya apariencia me parecía curiosamente familiar, se atrevió a ir más allá de lo esperado con tal de frenarlo. Sin embargo la tensión crecía a cada paso que dábamos, volviendo el ambiente cada vez más pesado e incómodo de soportar. Al notar que la joven rubia llevaba agua consigo, reuní las pocas energías que me quedaban para pedirle un poco de agua. Sentía la garganta seca y áspera, como si hubiera pasado horas bajo el sol. Cuando el líquido finalmente alivió aquella sensación, exhalé con suavidad antes de volver la mirada hacia la joven médica. De todos los presentes, parecía ser quien conservaba la mente más clara y ordenada.
No creo que se detenga... El gigante no entiende nuestro idioma y... —murmuré.Mis palabras se apagaron al observar con más atención el sendero que Arceo estaba siguiendo. Poco a poco comprendí hacia dónde nos dirigíamos y aquella certeza me hizo fruncir ligeramente el ceño—Nos llevará a un lugar tranquilo... aunque tengo mis sospechas sobre sus intenciones... —añadí en voz baja. El recuerdo de mi último encuentro con Arceo regresó a mi mente como una sombra persistente. Había algo en su comportamiento, en la forma tan decidida con la que avanzaba que me impedía confiar por completo. Aun así, no parecía tener intención de hacernos daño…Por ahora, solo nos quedaba seguirlo y esperar que mis sospechas estuvieran equivocadas.
De pronto una fuerte sacudida nos agitó a todos. Por pura inercia mis manos se aferraron a los hombros de la joven de ojos azules mientras intentaba recuperar el equilibrio —Perdón... —murmuré apenas apartándome con torpeza una vez estuve estable. Alcé la mirada hacia Arceo justo cuando comenzó a hablar, Esa extraña lengua que no paraba de decir un sin fin de palabras extrañas para mis oídos. No entendí absolutamente nada, únicamente reconocí mi nombre…pronunciado de una manera tan incorrecta que me hizo suspirar con resignación —Será mejor... seguirle la corriente...—comenté encogiéndome de hombros, estaba demasiado agotada para intentar comprender la lógica de aquel gigante.
Continuamos avanzando hasta que el paisaje comenzó a abrirse paso ante nosotros. Un extenso claro rodeado de árboles frondosos apareció frente a nuestros ojos, bañado por la luz del día y adornado por una vegetación exuberante,algunas aves abandonaron la copa de los arboles al sentir las vibraciones del andar de Arceo. Era un lugar hermoso, casi sacado de un sueño y precisamente por eso lo reconocí de inmediato. Era el mismo sitio de aquel entonces, el lugar donde Arceo me había lanzado sin previo aviso hacia el agua, ese lugar donde estuve a punto de ahogarme por su culpa. Sentí cómo el color abandonaba lentamente mi rostro al ver el panorama de nuevo y al recordar todo lo sucedido,Con una calma absoluta se sento sobre la orilla como si nada hubiera pasado.Cuando su enorme mano descendió hacia el suelo,no dude en aferrarme con fuerza mi sombrilla y con enorme dificultad, conseguí bajar de ella. Mis piernas temblaron al tocar el suelo, pero aun así me mantuve de pie pues estaba segura que volveria a retomar aquella conversación. Levanté la sombrilla y la apunté directamente hacia él mientras fruncía el ceño—¡No!—exclamé con todas las fuerzas que me quedaban.
Mi mente comenzó a llenarse de escenarios poco alentadores ¿Y si un simple movimiento suyo terminaba aplastandome? Tan absorta estaba en mis pensamientos que ni siquiera noté cuándo mis piernas dejaron de sostenerme. La debilidad acumulada terminó imponiéndose. Mis rodillas golpearon suavemente el suelo y una oleada de mareo nubló mi visión. La sombrilla se clavó en la tierra como único apoyo mientras intentaba recuperar el aliento, consciente de que mi cuerpo había llegado finalmente a su límite –Quizás…debería recostarme mejor…– termine por sentarme sobre el suelo tras dejar salir un suspiro totalmente pesado.
A partir de ese momento todo comenzó a tornarse un poco más confuso para mi. Cuando escuché aquella voz femenina apenas tuve tiempo de reaccionar antes de sentir unos delicados dedos posarse sobre mi muñeca, obligándome a alzar la mirada para observarle. Mis ojos se encontraron con unos iris azulados de una belleza cautivadora, enmarcados por una intensa cabellera carmesí que parecía incendiarse bajo la luz del sol. Sobre su rostro descansaban pequeñas pecas, polvoreadas como diminutos granos de azúcar. Sonreí ampliamente incapaz de ocultar mi admiración por su belleza —Qué bonitos ojos tienes...—murmuré con sinceridad, desvié entonces la vista hacia el cielo, escuchando atentamente las voces que me rodeaban. El mareo seguía afectando lograndome sacar de mis pensamientos, sacudiendo ligeramente la cabeza para mantenerme enfocada en el presente. Cuando ella mencionó ser médica, volví a observarla con más atención aferrándome a la esperanza de que pudiera ayudarme.
Tomé medicamentos antes de venir aquí... pero creo que necesito... reposar un poco mas... —admití en voz baja, llevando una mano a mi frente mientras una nueva oleada de agotamiento recorría mi cuerpo, era como tener una lucha interna en la que estaba perdiendo. Sin embargo, mis pensamientos se vieron interrumpidos una vez más al escuchar la voz de Jesse elevarse por encima de las demás. Giré apenas el rostro en su dirección, observándolo gritar con evidente frustración, lanzando amenazas hacia Arceo, quien continuaba avanzando sin detenerse ni mostrar la más mínima intención de responder —Espera Jesse... —intenté detenerlo pero mi voz apenas fue un susurro ahogado por el cansancio. No tenía las fuerzas suficientes para intervenir en aquella situación en donde todos peligramos por una caída brutal. Observé cómo varios de mis compañeros se apresuraban a impedir que Jesse actuará por impulso. Incluso el albino cuya apariencia me parecía curiosamente familiar, se atrevió a ir más allá de lo esperado con tal de frenarlo. Sin embargo la tensión crecía a cada paso que dábamos, volviendo el ambiente cada vez más pesado e incómodo de soportar. Al notar que la joven rubia llevaba agua consigo, reuní las pocas energías que me quedaban para pedirle un poco de agua. Sentía la garganta seca y áspera, como si hubiera pasado horas bajo el sol. Cuando el líquido finalmente alivió aquella sensación, exhalé con suavidad antes de volver la mirada hacia la joven médica. De todos los presentes, parecía ser quien conservaba la mente más clara y ordenada.
No creo que se detenga... El gigante no entiende nuestro idioma y... —murmuré.Mis palabras se apagaron al observar con más atención el sendero que Arceo estaba siguiendo. Poco a poco comprendí hacia dónde nos dirigíamos y aquella certeza me hizo fruncir ligeramente el ceño—Nos llevará a un lugar tranquilo... aunque tengo mis sospechas sobre sus intenciones... —añadí en voz baja. El recuerdo de mi último encuentro con Arceo regresó a mi mente como una sombra persistente. Había algo en su comportamiento, en la forma tan decidida con la que avanzaba que me impedía confiar por completo. Aun así, no parecía tener intención de hacernos daño…Por ahora, solo nos quedaba seguirlo y esperar que mis sospechas estuvieran equivocadas.
De pronto una fuerte sacudida nos agitó a todos. Por pura inercia mis manos se aferraron a los hombros de la joven de ojos azules mientras intentaba recuperar el equilibrio —Perdón... —murmuré apenas apartándome con torpeza una vez estuve estable. Alcé la mirada hacia Arceo justo cuando comenzó a hablar, Esa extraña lengua que no paraba de decir un sin fin de palabras extrañas para mis oídos. No entendí absolutamente nada, únicamente reconocí mi nombre…pronunciado de una manera tan incorrecta que me hizo suspirar con resignación —Será mejor... seguirle la corriente...—comenté encogiéndome de hombros, estaba demasiado agotada para intentar comprender la lógica de aquel gigante.
Continuamos avanzando hasta que el paisaje comenzó a abrirse paso ante nosotros. Un extenso claro rodeado de árboles frondosos apareció frente a nuestros ojos, bañado por la luz del día y adornado por una vegetación exuberante,algunas aves abandonaron la copa de los arboles al sentir las vibraciones del andar de Arceo. Era un lugar hermoso, casi sacado de un sueño y precisamente por eso lo reconocí de inmediato. Era el mismo sitio de aquel entonces, el lugar donde Arceo me había lanzado sin previo aviso hacia el agua, ese lugar donde estuve a punto de ahogarme por su culpa. Sentí cómo el color abandonaba lentamente mi rostro al ver el panorama de nuevo y al recordar todo lo sucedido,Con una calma absoluta se sento sobre la orilla como si nada hubiera pasado.Cuando su enorme mano descendió hacia el suelo,no dude en aferrarme con fuerza mi sombrilla y con enorme dificultad, conseguí bajar de ella. Mis piernas temblaron al tocar el suelo, pero aun así me mantuve de pie pues estaba segura que volveria a retomar aquella conversación. Levanté la sombrilla y la apunté directamente hacia él mientras fruncía el ceño—¡No!—exclamé con todas las fuerzas que me quedaban.
Mi mente comenzó a llenarse de escenarios poco alentadores ¿Y si un simple movimiento suyo terminaba aplastandome? Tan absorta estaba en mis pensamientos que ni siquiera noté cuándo mis piernas dejaron de sostenerme. La debilidad acumulada terminó imponiéndose. Mis rodillas golpearon suavemente el suelo y una oleada de mareo nubló mi visión. La sombrilla se clavó en la tierra como único apoyo mientras intentaba recuperar el aliento, consciente de que mi cuerpo había llegado finalmente a su límite –Quizás…debería recostarme mejor…– termine por sentarme sobre el suelo tras dejar salir un suspiro totalmente pesado.
Resumen

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